Cómo "Tonga" Reyno y Aníbal Zeballos lograron la licencia para toda Sudamérica de un negocio valuado en más de US$ 400 millones
Con una inversión de US$ 250.000 y un acuerdo conveniente, Gastón Reyno y su cuñado Aníbal Zeballos armaron el primer evento de bare knuckle en la región y ya piensan en Argentina, Chile y Perú.

El 25 de julio el Antel Arena recibe el primer evento de Bare Knuckle Fighting Championship (BKFC) que se hace en Sudamérica. Pelea principal, Gastón "Tonga" Reyno, invicto 3-0 en la disciplina, contra el estadounidense Paris Boyd. Diez combates más en la cartelera, con peleadores de varios países de la región. 

Pero la pelea es apenas la punta del ovillo. Detrás hay un negocio que se cocinó en poco más de un año y que dejó a Reyno y a su cuñado, Aníbal Zeballos, con la representación de la marca para todo el continente.

El bare knuckle tiene una diferencia central con el resto de los deportes de combate: se pelea sin guantes, y eso hace que los golpes lastimen mucho más, tanto al que los da como al que los recibe. Los rounds duran dos minutos, la mitad que en la UFC, y arrancan con los peleadores parados en el medio del ring en vez de salir desde las esquinas. 

Todo eso suma a que la acción no pare nunca. Reyno lo explica así a Forbes Uruguay: "En el boxeo tradicional los peleadores se estudian mucho y eso, para algunos espectadores, puede resultar aburrido. En el boxeo a puño limpio eso no pasa. Son rounds de dos minutos y hay acción constante. Hay más caídas, más cortes y más sangre".

Lo llamativo es que Reyno llegó al BKFC como comentarista, no como peleador. En 2023 le tocó cubrir para ESPN la primera cartelera de la organización en el Hard Rock de Miami, después de años de comentar solo UFC y boxeo tradicional. 

"Fui con un poco de intriga, decía ‘estos tipos están locos, ¿cómo van a pelear sin guantes? Esto va para atrás, es como volver al Coliseo´", cuenta. Le pasó algo parecido a lo que sintió la primera vez que vio pelear en una jaula de MMA, un formato que en su momento le sonó under y que después explotó.

El clic se lo hizo la cancha llena. "La guitarra de Hard Rock estaba llena, algo que normalmente no pasaba en eventos de boxeo. Yo había ido a ver a Fito Páez y shows musicales donde sí, pero para eventos de boxeo no se llenaba", dice Reyno. Esa noche había visto a Daddy Yankee y a Pitbull en primera fila. A la tercera o cuarta pelea le saltó sangre en el traje, subió un video que se hizo viral, y ahí terminó de caer la ficha de que el fenómeno era grande.

Esa misma semana los productores del evento lo tantearon. "'¿Vos te animarías a pelear esto?'. Y yo dije ¿cuándo?", recuerda Reyno. Debutó en 2023 en Albuquerque, Nuevo México, y ganó por knockout. Hoy tiene tres peleas y tres knockout, las dos últimas en el mismo Hard Rock donde empezó comentando, con mucho público uruguayo y latino en la tribuna.

Cómo se armó la representación para Sudamérica

La intención de traer un evento a Uruguay la empezó a instalar Reyno desde su segunda pelea, con Conor McGregor presente entre los dueños de la organización. "Desde la primera pelea bajé y le dije al presidente que teníamos que ir a Uruguay. En la segunda estaba Conor McGregor. También le dije ‘tenemos que ir a Uruguay’. Hablé de la carne, de los vinos, de la gente, de las playas. Fui el mayor promotor de Uruguay", cuenta. 

Después de una de sus victorias, la cúpula de BKFC viajó a conocer Montevideo y Punta del Este. Hubo asado en el Mercado del Puerto y una recorrida por el Antel Arena que terminó de cerrar el trato.

Reyno se quedó con una escena de esa visita, la reacción del ejecutivo frente a cómo lo trata la gente en la calle. "Íbamos caminando, venía la gente y me saludaba, me preguntaba por mi hijo. Él me decía, ¿lo conocés? Yo decía, no. Me dijo que acá es diferente, ‘es como que fueran amigos tuyos. Acá no existen fanáticos, te tratan como si fueras un familiar’ ", cuenta.

La parte de números y contrato la llevó Zeballos. El acuerdo con BKFC quedó armado como un contrato por varios años, con un porcentaje sobre el negocio y las utilidades que se generen en la región. A cambio, el compromiso es sostener el ritmo, la dupla se comprometió a organizar al menos tres eventos por año en Sudamérica para no perder la representación.

La inversión para organizar el evento del 25 de julio ronda los US$ 250.000, confirmó Zeballos a Forbes Uruguay. Es una cifra grande para el tamaño del mercado local, que se sustenta con venta de entradas y sponsors, en un país donde no es fácil conseguir marcas para este tipo de espectáculos. 

Ahí juega otra vez la figura de Reyno, ya que buena parte de los empresarios que apoyaron el evento lo hicieron por él y no tanto por el evento en sí mismo, algo que la propia organización tiene claro.

La respuesta del público ya se sintió antes de la fecha. Se vendieron más de 3.000 entradas sin que se conociera todavía el rival de Reyno ni el resto de la cartelera, solo con su nombre confirmado. 

A dos semanas del evento la venta ya supera las 6.000 entradas, con expectativa de pasar las 8.000. El desafío ahora para el equipo de producción es correr el eje de la campaña, que había sido casi toda sobre Reyno, hacia el evento completo, para que la gente entienda que hay diez peleas más y otros 22 peleadores de distintos países de la región.

El próximo paso es Buenos Aires. Juega a favor la presencia de Diego "Ninja" Cannetti, con pasado en UFC, entre los peleadores de la fecha uruguaya y que la organización utilizará como entrada directa al mercado argentino.

El negocio, tal como lo piensan Reyno y Zeballos, solo empieza en Uruguay. El acuerdo con BKFC contempla que la parte de valor generada en Sudamérica se calcula y se reconoce aparte. Por eso la negociación se pensó para todo el continente y no para un solo país, justo en un momento en que la organización fundada por David Feldman en 2011, fue valuada en US$ 400 millones y sigue estirando su presencia fuera de Estados Unidos.

Empresario del deporte

Reyno todavía tiene carrera como peleador, pero cuando se lo consulta sobre el día de mañana dice: "Me encantaría ser un nexo, ser un puente entre los peleadores de Uruguay y de la región con la grande compañía del mundo. Me ha tocado participar en diferentes roles en la compañía más importante de artes marciales del mundo", dice.

Esa idea nace de su propia experiencia tratando de hacerse lugar en un circuito manejado desde Estados Unidos. Hace apenas un mes se hizo un casting en el país para buscar talento de Uruguay y de la región, con candidatos de Rivera, Salto, Paysandú y Montevideo. 

"Cuando tenía 20 años, ni me imaginaba estar en un casting de una organización importante en el mundo, mucho menos en mi propio país. Vos no tenés oportunidades allá, sin crítica a Uruguay, pero la verdad no nos dan oportunidades para hacer el salto", dice.

"Si a mí me hubiesen dado la oportunidad solamente de estar en un casting, de ser visto por una organización grande, me hubiese cambiado la vida. Porque hubiese tenido más motivación para entrenar y hacer la dieta", cuenta. 

Agrega que esa falta de chances suele cortar carreras a mitad de camino. "Es fácil decir ‘no voy a gastar más tiempo en esto que es un hobby, me voy a dedicar a elaborar de otra cosa que me genere un futuro para mi familia’. Muchos sueños se truncan por eso".

Esa vivencia es la que explica, en palabras del propio Reyno, por qué mira la representación de BKFC en Sudamérica más como plataforma que como negocio puro. "Me gustaría que otros no tuvieran que hacer los sacrificios que tuve que hacer yo", dice y los repasa: "Irme a estar lejos de mis padres, mis amigos, mi familia, perderme Navidades, fin de año, cumpleaños, velorios".

La idea, en sus propios términos, es que peleadores de Uruguay, Argentina, Chile o Perú puedan "tener la posibilidad de hacer una carrera profesional, de vivir de lo que les gusta", sin tener que instalarse en Estados Unidos para lograrlo. "Creo que esto es un paso enorme para eso", cierra.