Emprender siempre fue el sueño de muchísimas personas, pero solo unos pocos pudieron llevar a cabo este plan porque contratar empleados era una barrera demasiado alta. El avance tecnológico da revancha, y hoy la inteligencia artificial (IA) empezó a romper esa lógica. Un nuevo informe de Stripe Economics sostiene que estamos entrando en "la era del solopreneur". Se trata de emprendedores que crean, operan y escalan empresas sin empleados gracias al uso intensivo de herramientas de IA.
El estudio, elaborado a partir de estadísticas de la Oficina del Censo de Estados Unidos, registros de creación de empresas de distintos países y datos de la propia plataforma Stripe, concluye que los negocios unipersonales están creciendo más rápido que las empresas tradicionales con empleados. Según Stripe, la cantidad de solopreneurs que superaron el millón de dólares de ingresos se duplicó entre 2023 y 2025, mientras que aquellos que facturaron más de US$ 5 millones y US$ 10 millones prácticamente se triplicaron en el mismo período.
¿Estamos frente a una nueva forma de crear compañías o ante una moda impulsada por la explosión de la IA? Trabajar solo reduce costos y acelera los tiempos, pero abre interrogantes sobre la capacidad de escalar, atraer inversores y sostener el crecimiento a largo plazo.
Cuando un fundador reemplaza al equipo con IA
Juan Pablo Belmont tiene 29 años, estudió Administración de Empresas y hoy lidera Nerdmask AI, una plataforma que convierte el estudio en un juego: genera exámenes simulados, preguntas de multiple-choice y hasta un tutor de IA que interroga oralmente al usuario antes de un examen. Según cuenta, ya ha tenido otros emprendimientos, pero el primero basado enteramente sobre IA.
Como todo emprendimiento, surgió para resolver un problema: su novia grababa audios en clase pero tenía que volver a tomar notas en su casa, así que Belmont armó un conversor de audio a texto. Empezó a recibir pedidos de mejoras y la plataforma creció por acumulación de feedback. Hoy supera los 430.000 usuarios y proyecta una facturación de US$10 millones para 2027 sin tener un solo empleado. Incluso entrenó a la IA para que cree contenidos para TikTok desde cero de forma automatizada y los publique. Como resultado, una de sus cuentas en esa red social ya tiene casi 70.000 seguidores.
"Gracias a la IA me ahorré de contratar a unos diez ingenieros en sistemas. También me hace el trabajo de marketing: sube videos automáticos a cinco cuentas, en cinco países, todos los días, y obtengo millones de vistas semanales", describe. El 100% de las tareas de un equipo de creatividad y distribución quedó reemplazado.
La inversión inicial fue cero, ya que apeló a herramientas gratuitas hasta escalar a planes de pago mensuales a medida que crecía el negocio. "No salí a buscar inversiones porque por ahora estoy bastante rentable, y tampoco tengo un techo de facturación definido a partir del cual piense contratar empleados", cuenta.
Guillermo Arias, de 57 años, también está debutando como solopreneur. Este licenciado en Administración de Empresas lanzó hace poco más de un mes GenPixel, un hub de microservicios de IA que arrancó vendiendo tarjetas personalizadas y edición de logos, y prevé sumar más servicios próximamente.
Previamente, Arias había tenido un marketplace de útiles escolares llamado AClases, que cerró tras agotar el capital semilla. Con GenPixel, la IA le permitió construir con vibe coding, que es una forma de desarrollar software donde, en lugar de escribir el código manualmente, se le describe la situación a una IA y el algoritmo lo desarrolla. "Esto me ahorró dos o tres empleados", calcula. Además, la diseñó desde el inicio para vender en 150 países y operar en múltiples idiomas.
“La IA es un copiloto al que le puedo preguntar absolutamente todo sobre marketing, negocio, producto, costos y programación. Sin esta tecnología no habría podido llegar a este nivel de complejidad", admite. Respecto a las inversiones, señala que usa plataformas sin costo y que solo invirtió 10 dólares en el dominio web.
Más allá de que la IA realice el trabajo de muchas personas, ninguno de los dos entrevistados está tirado en un sillón mientras la tecnología hace lo suyo. De hecho, Arias y Belmont reafirman el valor del concepto human in the loop, es decir, que los sistemas no actúan de forma totalmente autónoma, sino que requieren validación, supervisión o intervención humana en puntos clave. Por ejemplo, el titular de Nerdmask AI trabaja entre 12 y 14 horas diarias porque hay que supervisar el trabajo de las herramientas, diseñar los flujos y la arquitectura, y descubrir qué hacen bien y qué hacen mal. Su próximo paso es mudarse a San Francisco, Estados Unidos, para hacer crecer al negocio.
El límite que pone quien invierte
Tal como se evidencia en los ejemplos, al no contar con empleados, el capital que se necesita para llevar adelante la empresa no es tan oneroso, aunque el consumo de tokens de IA puede incrementar el gasto a medida que el negocio escala.
Pero, más allá de lo anecdótico, al momento de querer escalar cualquier negocio pesa la mirada del ecosistema de venture capital. Bernardo Milesy, Founder y Managing Partner de GLOCAL, una aceleradora e inversora VC especializada en startups agri-foodtech y climate tech en Latinoamérica, es tajante: “A priori no invertiría en una empresa de un solo founder. Puede haber excepciones, pero nunca será la norma”.
Su argumento no tiene que ver con qué tareas hace un socio y cuáles hace la IA, sino con lo emocional y estructural: "La complementariedad, principalmente desde lo emocional: cuando un emprendedor está mal, el otro lo ayuda. Hay muchas subidas y bajadas en el recorrido de una startup, y ser al menos dos permite un balance que no es menor".
Además, siempre hay que tener en cuenta los accidentes de la vida: ¿Qué pasa si el único fundador queda incapacitado o muere? Según las estimaciones de Milesy, nueve de cada diez fondos comparten su criterio, aunque no descarta que la irrupción de la IA empiece a correr ese estándar: "Puede que suba del 1% al 5% el peso de los solopreneurs dentro del mundo del emprendedurismo, pero no van a ser el 90%".
Por su parte, Julia Bearzi, directora ejecutiva de Endeavor Argentina, que es una organización global de apoyo a emprendedores de alto impacto, donde trabaja desde hace 23 años, matiza la discusión desde otro ángulo. No ve al solopreneurship como una etapa previa obligatoria hacia el crecimiento tradicional, sino como un modelo de negocio legítimo en sí mismo. "La pregunta ya no es cuántas personas tiene una empresa, sino qué problema quiere resolver y hasta dónde quiere llegar", plantea.
Pero señala que, cuando la ambición es transformar una industria o escalar globalmente, el equipo es un diferencial que la IA no reemplaza. "El punto de inflexión aparece cuando el fundador deja de acelerar el crecimiento y empieza, sin darse cuenta, a convertirse en el cuello de botella", advierte. En consecuencia, ella sostiene que IA no eliminó la necesidad de invertir ni de contratar, aunque corrió el momento en que esas decisiones generan valor.
Respecto a esto, en algún punto los solopreneurs entrevistados coinciden con Bearzi ya que reconocen que el modelo unipersonal tiene una fecha de vencimiento. Por ejemplo, Belmont no tiene definido un número de facturación a partir del cual contrataría, aunque sí es algo que tiene en agenda para cuando esté instalado en Estados Unidos. En tanto, Arias puso un umbral concreto: "Si llegamos a facturar US$ 50.000, US$ 60.0000, US$ 70.000 por mes, vamos a necesitar a alguien, justamente para fortalecer nuestra perspectiva de human in the loop”.
Definitivamente, más allá de las bondades de la IA, la promesa del piloto automático no es tan así, ya que el modelo exige más horas de trabajo humano, no menos. La diferencia no está en la carga horaria, sino en qué tipo de tareas absorbe esa carga, que, en este caso esta dada por el control, diseño de flujos, supervisión de agentes, mientras que se deja de tercerizar todo aquello relacionado con equipos de programación, marketing y atención al cliente.
Respecto a quienes todavía sueñan con emprender, Bearzi cierra: "Emprender hoy es más fácil de empezar, pero no significa necesariamente construir una empresa que perdure. Nunca fue tan accesible desarrollar un producto, automatizar procesos o validar una idea. La IA hizo más eficiente al fundador, pero también elevó la vara. Nunca fue tan fácil construir un producto; nunca fue tan difícil construir una ventaja competitiva. La tecnología democratizó la ejecución; el diferencial sigue estando en el criterio, la capacidad de tomar decisiones y de construir algo que realmente genere valor".
La IA ya demostró que es posible crear empresas sin empleados. Lo que todavía está por verse es si esos negocios podrán sostener, en el largo plazo, el mismo nivel de resiliencia, innovación y crecimiento que las compañías construidas alrededor de un equipo humano.