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Forbes Argentina
Matías Ibañez, director de Clínica Pellets
Negocios

Clínica chilena desembarca en Uruguay con un modelo médico para tratar adicciones y proyecta una expansión regional

Mathías Buela

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El proyecto combina implantes farmacológicos de larga duración, tratamiento ambulatorio y seguimiento psicológico, con el objetivo de ampliar el acceso a terapias médicas en un mercado que consideran subatendido.

7 Febrero de 2026 08.25

Uruguay se convirtió en el primer destino de expansión internacional de Clínica Pellet, una institución médica con base en Chile que desarrolló un modelo propio para el tratamiento del alcoholismo y las adicciones a drogas mediante implantes subcutáneos de larga duración

La decisión, según explica a Forbes Uruguay su fundador y director médico, Matías Ibáñez, responde a que el país reúne una combinación particular de alta calidad de vida con una prevalencia significativa de consumo problemático, especialmente de alcohol y pasta base, que abre espacio para nuevas alternativas terapéuticas.

“Uruguay es un país chico, pero con problemas muy visibles. Eso permite tener impacto real", asegura.

Además, "hay pocas opciones dedicadas exclusivamente a adicciones complejas, lo que genera una demanda insatisfecha”, señala Ibáñez, quien lidera la operación tanto en Chile como en Uruguay.

La clínica se instalará en un centro médico ubicado en Buceo, en Montevideo, y se encuentra en la etapa final de aprobación por parte del Ministerio de Salud Pública. El inicio de operaciones está previsto para fines de febrero o principios de marzo, una vez completados los procesos regulatorios vinculados a la utilización de fármacos en una presentación farmacéutica distinta a la tradicional.

Un mercado amplio y poco explotado

Desde la perspectiva del negocio, Clínica Pellet observa en Uruguay un mercado potencial de 100.000 personas a largo plazo, considerando consumo problemático de alcohol y drogas. Si bien se trata de una estimación ambiciosa, la compañía la utiliza como horizonte estratégico más que como una meta inmediata.

“Si uno toma los datos de consumo de alcohol, donde cerca de 7 de cada 10 uruguayos consume, y los cruza con consumo problemático, hay una población enorme que en algún momento puede necesitar ayuda médica”, explica Ibáñez. A eso se suma el consumo de pasta base, históricamente concentrado en sectores vulnerables, pero con fuerte impacto sanitario y social.

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En Chile, la clínica acumula 15 años de trayectoria y estima haber tratado a unos 20.000 pacientes. Esa experiencia fue la base para desarrollar un modelo que ahora busca replicarse y adaptarse al contexto uruguayo.

Inversión, estructura y modelo operativo

La llegada a Uruguay implicó una inversión inicial estimada entre US$ 40.000 y US$ 50.000, destinada principalmente a infraestructura médica, adecuación a los requisitos regulatorios y capacitación del equipo local.

El modelo de atención es 100% ambulatorio. El proceso comienza con una evaluación médica y estudios de laboratorio básicos (función hepática y renal) que son revisados por el equipo médico. Luego, el paciente accede a la colocación del implante y entra en un esquema de seguimiento clínico y acompañamiento psicológico.

La herramienta central del tratamiento son implantes subcutáneos, conocidos como pellets, de Naltrexona o Disulfiram. Se trata de fármacos utilizados desde hace décadas, pero cuya innovación radica en la forma de administración mediante una pequeña incisión que permite colocar el implante en la zona abdominal, donde se disuelve de manera progresiva durante varios meses.

Según explicó Ibañez, en el caso del Disulfiram, el implante bloquea las enzimas que metabolizan el alcohol, generando un rechazo físico ante el consumo. La Naltrexona, en tanto, actúa bloqueando receptores opioides y dopaminérgicos, reduciendo el deseo de consumo de drogas como cocaína, pasta base o ketamina. La duración del efecto varía entre cuatro y ocho meses, según el fármaco.

Precios, acceso y ausencia de competencia

En esta primera etapa, el modelo de ingresos se basa en el pago directo del paciente. El ticket promedio ronda los US$ 270 para tratamientos de alcoholismo y entre US$ 290 y US$ 300 para drogas como cocaína o pasta base.

Ibáñez subraya que uno de los objetivos centrales es evitar la elitización del acceso. En Chile, la clínica trabaja con precios considerados bajos para este tipo de tratamientos, y busca replicar esa lógica en Uruguay. “La adicción atraviesa todas las clases sociales. En alcohol, por ejemplo, el consumo es muy transversal”, afirma.

Actualmente, la clínica no identifica competidores directos en Uruguay ni en la región que ofrezcan implantes de este tipo como parte de un tratamiento médico integral, lo que le otorga una ventaja de pionero, aunque también implica el desafío de construir confianza en un terreno sensible.

Evidencia clínica y enfoque integral

Uno de los pilares del proyecto es el respaldo científico. Un estudio retrospectivo realizado sobre más de 5.200 pacientes tratados entre 2022 y 2024 en Chile mostró tasas de recaída inferiores al 3% en alcoholismo durante los primeros seis meses, uno de los períodos más críticos del tratamiento. El trabajo fue publicado en una revista especializada en salud mental y presentado en foros internacionales.

Sin embargo, Ibáñez es enfático en marcar límites. “Esto no es una solución mágica. El implante ayuda, quita el deseo de consumo, pero la adicción es una enfermedad crónica. Sin terapia psicológica, los resultados se deterioran”, dice. De hecho, según datos de la propia clínica, el 80% de las recaídas se produce en pacientes que no realizaron acompañamiento terapéutico.

La metáfora que utiliza el director resume el enfoque: “Nosotros ponemos el bote para que el paciente no se ahogue, pero después hay que remar”.

Más allá del mercado local, la clínica ve a Uruguay como una plataforma para una expansión regional más amplia. Argentina aparece como el próximo destino natural, una vez consolidada la operación uruguaya. “Desde el punto de vista económico y regulatorio, Uruguay nos da mayor previsibilidad para planificar los siguientes pasos”, explica Ibáñez.

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