Las tensiones en torno al salto del precio del petróleo, que pegó un salto en el mes superior al 30% en la medida que el estratégico estrecho de Ormuz continúa cerrado de hecho a pesar de los esfuerzos de los Estados Unidos por desbloquearlo, ya producen el previsible efecto dominó en la economía global. El impacto en la inflación de la suba del crudo más los efectos de segunda vuelta, es decir, sobre los costos logísticos y de producción ya encienden todas las alarmas sobre el advenimiento de una desaceleración de la economía e, incluso, una recesión global.
Un reporte de estrategia global de Goldman Sachs advierte que el fuerte aumento del petróleo dada la interrupción potencial de flujos energéticos podría deteriorar la relación entre crecimiento e inflación, una mezcla especialmente incómoda para los bancos centrales. En ese contexto, el informe advierte que “un shock energético significativo podría deteriorar simultáneamente el crecimiento y las perspectivas de inflación”.
El escenario base del banco contempla precios del Brent cercanos a los US$98 en el corto plazo, cerca de un 40% por encima del promedio de 2025, con riesgos de episodios extremos que podrían llevarlo hasta los US$150 si las tensiones escalan. En palabras del propio informe, “un escenario extremo podría impulsar el Brent hasta la zona de US$150 por barril si se producen disrupciones más severas en el suministro”.
Ese shock energético ya tiene impacto en las proyecciones macroeconómicas. Los economistas de la entidad estiman que el aumento del petróleo podría recortar el crecimiento de Estados Unidos en torno a 0,3 puntos porcentuales y elevar la probabilidad de recesión hasta el 25%, desde el 20% anterior. El documento sintetiza el riesgo de manera directa: “el aumento del precio del petróleo podría reducir el crecimiento y elevar el riesgo de recesión en Estados Unidos”.
En Europa, donde la economía es más sensible a los shocks energéticos, el impacto podría ser mayor si las disrupciones se prolongan. En ese sentido, los estrategas señalan que “las economías más dependientes de la energía importada enfrentarían un impacto más pronunciado sobre el crecimiento”.
Al mismo tiempo, el informe subraya que los mercados financieros aún no reflejan completamente ese deterioro potencial del panorama económico. Según Goldman Sachs, “las valuaciones de los activos de riesgo continúan elevadas en relación con los promedios históricos”, lo que podría dejar a las bolsas expuestas a una corrección si el escenario macroeconómico empeora.
A ese cuadro se suma un endurecimiento progresivo de las condiciones financieras. La inflación persistente y el repunte de los precios de la energía han llevado a los mercados a retrasar las expectativas de recortes de tasas en Estados Unidos, reduciendo el margen de estímulo monetario en caso de que la actividad se debilite. El informe advierte que “la política monetaria podría mantenerse restrictiva por más tiempo del previsto”.
Un informe reciente de Barclays refuerza esa lectura. La entidad ahora prevé que la Reserva Federal no comenzará a recortar tasas antes de septiembre, postergando las expectativas previas que apuntaban a junio. Según el banco, “el primer recorte de tasas ahora se espera para septiembre, ante la persistente incertidumbre inflacionaria”.

En este escenario, Barclays estima que el banco central estadounidense aplicará apenas un recorte de 25 puntos básicos este año, siempre que observe señales claras de moderación en la inflación subyacente. Sin embargo, los analistas advierten que los riesgos alrededor de este escenario son significativos: “los riesgos permanecen en ambas direcciones dependiendo de la evolución de la inflación y del crecimiento”.
Las implicancias de este contexto también alcanzan a los mercados emergentes. En América Latina, Goldman Sachs revisó levemente a la baja las perspectivas de crecimiento regional para 2026, en parte por el impacto de la desaceleración global y el aumento de la incertidumbre financiera. El banco proyecta que “el crecimiento agregado de América Latina se ubicaría cerca del 2,1%” tras un leve ajuste a la baja en sus estimaciones.
El informe subraya además que las economías latinoamericanas suelen ser especialmente sensibles a los shocks globales. Como resume el documento, “las economías de la región tienden a reaccionar rápidamente a cambios en el crecimiento global y en las condiciones financieras internacionales”.
En síntesis, aunque el escenario base de las grandes casas de inversión no contempla una recesión global inmediata, el equilibrio económico se ha vuelto más delicado. El aumento del petróleo, la inflación persistente y el menor margen de acción de los bancos centrales forman una combinación que, de agravarse, podría poner fin al ciclo expansivo que domina la economía global desde la salida de la pandemia.