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Forbes Argentina
Wall Street, acciones, S&P 500
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Oro en récord, petróleo volando y acciones cayendo: la tormenta perfecta que desconcierta a Wall Street

Carrie McCabe

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La escalada bélica y el rebrote inflacionario alteran el mapa global: los bonos pierden atractivo, el dólar deja dudas y hasta los refugios clásicos fallan ante un escenario mucho más incierto.

17 Marzo de 2026 15.52

A comienzos de año, Estados Unidos impulsó importantes acciones militares en dos regiones: primero en Venezuela y, más tarde, en Irán. Crisis geopolíticas como estas suelen empujar a los inversores a buscar refugio. La pregunta que surge de inmediato es simple: ¿dónde están los activos seguros?

Sin embargo, los primeros movimientos del mercado en 2026 sugieren que la definición de "seguridad" quizás no resulte tan clara como parecía. Históricamente, la tensión geopolítica empujó a los inversores hacia los bonos del Tesoro y el dólar estadounidense. Pero hoy eso no parece ocurrir.

Desde comienzos de 2026 hasta el 13 de marzo, el precio de los bonos del Tesoro a 10 años cayó, mientras que los rendimientos subieron de cerca del 4,10% a alrededor del 4,28%. En ese mismo período, el S&P 500 bajó cerca de 3,2%.

Al mismo tiempo, el oro trepó 16,55% y el petróleo crudo West Texas Intermediate registró un salto extraordinario de 71%.

Esa combinación, con mayores rendimientos, acciones más débiles y materias primas en alza, recuerda al breve episodio de venta de acciones estadounidenses que atravesaron los inversores la primavera pasada, cuando Estados Unidos anunció aranceles generalizados. Los efectos inmediatos resultaron sorprendentemente parecidos a los de hoy: los precios de los activos cayeron con fuerza, el oro se disparó y las proyecciones de crecimiento retrocedieron.

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 Lo más parecido a la seguridad es el activo menos glamoroso de todos: plata en efectivo.

Sin embargo, el año pasado los mercados mejoraron. Hacia fines de 2025, los mercados globales mostraron una recuperación notable. En vez de la recesión que muchos temían, la economía estadounidense se expandió con fuerza. Los mercados de acciones repuntaron y las proyecciones de crecimiento mejoraron. Además, un aumento en la inversión vinculada con la IA y la infraestructura digital elevó las expectativas de productividad y ganancias corporativas.

Eso, claro, abre otra pregunta: si 2026 puede transformarse en otro 2025. ¿El mercado vuelve a subestimar la capacidad de recuperación de la economía estadounidense y de la economía global?

Lamentablemente, la respuesta probablemente sea no. El cuadro macroeconómico actual es, sencillamente, más complejo que hace un año.

La principal diferencia es la inflación.

En 2025, las presiones inflacionarias ya se atenuaban. Eso les permitió a los bancos centrales de todo el mundo recortar las tasas de interés y amortiguar el impacto económico de los aranceles sobre la demanda global. Hoy el cuadro es muy distinto. Con la suba vertiginosa de los precios de la energía, los riesgos inflacionarios vuelven a crecer. Eso complica mucho una respuesta de los bancos centrales con una flexibilización monetaria agresiva.

Los mercados financieros ya reflejan esas preocupaciones. Los futuros de tasas de interés marcan la posibilidad de una política monetaria más dura en algunas partes de Europa, mientras que las expectativas de recortes de tasas en el corto plazo por parte de la Reserva Federal se diluyeron con rapidez. Cada vez más, el mercado teme que las presiones inflacionarias persistan incluso después de que el conflicto inmediato pierda intensidad.

¿Dónde están, entonces, los refugios seguros?

Los inversores vuelven a buscar protección. Sin embargo, las opciones tradicionales no resultan especialmente atractivas.

Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos
Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos.

El oro ya registró una fuerte suba este año, lo que implica que muchos inversores podrían llegar tarde. Los bonos, por su parte, sufren la presión del temor a la inflación, en vez de beneficiarse de la aversión al riesgo. En otras palabras, los refugios clásicos de las carteras de inversión no se comportan como los inversores esperaban en términos históricos.

Nada de esto sugiere que intentar acertar el momento para invertir sea la solución. Ya escribí antes que a los inversores les cuesta mucho identificar los puntos de entrada y salida, y décadas de investigación confirman lo difícil que resulta esa estrategia. Acertar el momento para invertir parece mucho más simple en la teoría que en la práctica.

En los mercados financieros también gana terreno una pregunta cada vez más frecuente: ¿el mundo empezó a desprenderse de los activos estadounidenses? Hasta ahora, la evidencia no muestra una salida generalizada. El dólar todavía domina el comercio y las finanzas globales, y los mercados de capitales de Estados Unidos siguen siendo más profundos y líquidos que cualquier alternativa.

Aunque los inversores quisieran reducir su exposición a los activos estadounidenses, las alternativas prácticas siguen siendo limitadas. Los mercados financieros europeos todavía están fragmentados, los mercados de capitales chinos siguen parcialmente cerrados y los mercados emergentes no tienen la escala necesaria para absorber flujos de capital globales en un nivel comparable.

Eso deja a los inversores frente a una realidad incómoda: la lista de activos verdaderamente seguros puede ser hoy más corta que antes.

Y, muchas veces, lo más parecido a la seguridad es el activo menos glamoroso de todos.

Plata en efectivo.

*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com

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