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Foto de Mark Wilson/Getty Images

La trampa de confiar en la Fed: por qué la liquidez no siempre salva a los inversores

Jim Osman

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Desde el “Greenspan Put” hasta el colapso de LTCM, Wall Street aprendió a esperar auxilio oficial ante cada crisis. Esa señal calmó pánicos, pero también debilitó la disciplina sobre valuaciones, deuda y riesgo real.

23 Junio de 2026 20.55

Alan Greenspan guió la economía durante distintas crisis y, además, transformó la manera en que los inversores interpretan el riesgo. Su disposición constante a inyectar liquidez en momentos de tensión instaló una expectativa que todavía pesa sobre los mercados: cuando las condiciones se tornan demasiado peligrosas, la Reserva Federal interviene. Esa expectativa, más que cualquier decisión sobre las tasas de interés, pronóstico de inflación o período de crecimiento, podría ser su legado más perdurable y cambió la forma de invertir.

Greenspan asumió la presidencia de la Reserva Federal en 1987 y tuvo una prueba inmediata durante el desplome bursátil de octubre. La Fed respondió con un mensaje claro: estaba dispuesta a respaldar al sistema financiero y a aportar la liquidez necesaria para mantener en marcha los mercados. Por la magnitud y la velocidad de la caída, la intervención resultaba necesaria. El riesgo ya había superado el derrumbe en los precios de las acciones y se extendía a los mecanismos con los que se financiaban y liquidaban las operaciones.

En ese momento, la consecuencia de largo plazo no era tan evidente. Los inversores entendieron que, cuando la tensión en el mercado se agravara lo suficiente, el banco central no se quedaría de brazos cruzados ni permitiría el colapso del sistema financiero. Con el tiempo, esa expectativa se conoció como la "opción de venta de Greenspan", y distintas variantes de esa idea influyen en los inversores desde entonces.

Cómo la Greenspan Put cambió el comportamiento de los inversores

La expresión proviene del mercado de opciones. Una opción de venta sube de valor a medida que cae el activo subyacente, y eso limita las pérdidas de su titular. La Reserva Federal no garantiza de manera literal los precios de las acciones, pero los inversores creían cada vez con más fuerza que una caída del mercado lo bastante grande podía derivar en tasas de interés más bajas, mayor liquidez o algún otro tipo de intervención.

(SE PUEDE USAR) Reserva Federal Crédito: DestinationFearFan- Wikimedia Commons
La Reserva Federal no asegura de manera literal los precios de las acciones (Foto: DestinationFearFan- Wikimedia Commons)

Es importante distinguir entre proteger el sistema financiero y proteger a los inversores de las pérdidas. La Reserva Federal tiene la responsabilidad de cuidar la estabilidad monetaria y financiera, pero no de garantizar que todos los inversores obtengan ganancias. Sin embargo, en la práctica, ambos objetivos pueden mezclarse cuando una intervención sostiene al mismo tiempo la liquidez y los precios de los activos.

Cuando los inversores asumen que una baja severa disparará una respuesta oficial, su conducta cambia. Pueden tomar más apalancamiento, convalidar valuaciones más altas o dar por descontado que el financiamiento seguirá abierto porque el riesgo de caída parece acotado. La tesis de inversión pasa a depender, al menos en parte, de la capacidad de la Reserva Federal para actuar si el mercado se mueve en contra.

Las tesis de inversión atadas a una intervención oportuna de la Reserva Federal nunca me resultaron convincentes. A mi criterio, la compra de un activo debe apoyarse en el precio, el valor, la fortaleza del balance y la chance de que aparezca un catalizador. Dar por hecho que las autoridades saldrán al rescate no sustituye el análisis del valor real de una inversión.

Cómo las intervenciones repetidas crearon un manual de estrategias para el mercado

Greenspan no intentó diseñar una póliza de seguro para los inversores. Actuó frente a amenazas concretas contra el funcionamiento del mercado. El problema apareció después. Cada intervención reforzó una señal y los mercados suelen reaccionar ante señales repetidas, incluso cuando las autoridades no buscaron instalar ese mensaje.

Los inversores empezaron a observar a la Reserva Federal con otra lógica. Una baja fuerte del mercado ya no reflejaba únicamente un deterioro de los fundamentos económicos. También podía anticipar una reacción oficial. Cuanto más se agravaba el cuadro, más cerca parecía quedar una baja de tasas de interés o una nueva inyección de liquidez.

Ese cambio creó un incentivo delicado. La caída de los precios podía elevar el miedo y, a la vez, alimentar la expectativa de un rescate. Con el paso del tiempo, la frase “no te enfrentes a la Reserva Federal” dejó de funcionar como una simple lectura sobre las condiciones monetarias y pasó a ocupar un lugar decisivo en la psicología del mercado.

(SE PUEDE USAR) Alan Greenspan Crédito: White House photo by Shealah Craighead- Wikimedia Commons
Greenspan no intentó diseñar una póliza de seguro para los inversores. Actuó frente a amenazas concretas contra el funcionamiento del mercado (Foto: White House photo by Shealah Craighead- Wikimedia Commons)

La alerta surge cuando los inversores confunden liquidez con valor. La liquidez ayuda a que los mercados operen, reduce el riesgo de pánico y permite que las instituciones accedan a refinanciación. Pero no transforma una mala empresa en una buena, no salva un balance inviable ni justifica cualquier valuación sin límite.

La crisis de LTCM desde adentro: una lección directa sobre el riesgo de liquidez

Viví de cerca el colapso de Long-Term Capital Management y todavía recuerdo la velocidad con la que cambió el clima del mercado. Teníamos posiciones relevantes en opciones contra algunas de sus operaciones. Cuando la crisis ganó intensidad, los activos donde LTCM mantenía posiciones cortas subieron con fuerza y la presión apareció en tiempo real. Esa experiencia dejó una enseñanza contundente. Una inversión que parecía brillante podía tornarse inviable en cuestión de días.

Las estrategias de LTCM descansaban sobre relaciones entre activos que el fondo esperaba que convergieran con el paso del tiempo. El equipo tenía enorme prestigio, los modelos exhibían un alto nivel técnico y las posiciones parecían diversificadas. Pero muchas de esas apuestas compartían los mismos supuestos de base. La liquidez debía seguir disponible, las relaciones históricas debían recomponerse y el fondo necesitaba margen suficiente para esperar.

Cuando los activos donde tenía posiciones cortas avanzaron con rapidez y las pérdidas se aceleraron, el tiempo pasó a ser el recurso más escaso. Las contrapartes reclamaron más garantías, la liquidez se debilitó y el mercado advirtió que un inversor grande y muy apalancado podía quedar obligado a desarmar posiciones. En ese punto, la pregunta dejó de ser si los modelos de LTCM podían acertar en el largo plazo. El verdadero interrogante era si el fondo lograría sobrevivir el tiempo necesario para demostrarlo.

Ese es el costado del apalancamiento que muchos inversores subestiman. Es posible tener razón sobre el valor final de un activo y, de todos modos, perder dinero. Las llamadas de margen, la presión financiera y las ventas forzadas pueden modificar por completo los plazos de una inversión.

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Las llamadas de margen, la presión financiera y las ventas forzadas pueden modificar por completo los plazos de una inversión (Foto: Pexels)

Aquel episodio reforzó una lección que me acompaña durante toda mi carrera. En una crisis, la valuación importa, pero el financiamiento importa primero.

Cómo el plan de acción de Greenspan para la gestión de crisis sobrevivió a su mandato

El modelo de gestión de crisis asociado a Greenspan no se apagó cuando dejó la Reserva Federal. Sus sucesores enfrentaron episodios de mayor escala y recurrieron a herramientas cuya magnitud habría resultado difícil de imaginar al inicio de su mandato.

La crisis financiera abrió la puerta a líneas de crédito de emergencia, recortes agresivos de tasas de interés y una expansión drástica del balance de la Reserva Federal. La reacción ante la pandemia fue todavía más profunda. Las autoridades actuaron con rapidez en los mercados de bonos del Tesoro, hipotecas y crédito para evitar que una crisis sanitaria derivara en un colapso financiero.

Esas intervenciones tuvieron objetivos legítimos. Cuando los mercados dejan de funcionar y las instituciones solventes pierden acceso a liquidez, la pasividad puede generar daños mucho más severos que una respuesta contundente.

Pero el efecto sobre las inversiones resultó evidente. Toda una generación de inversores incorporó el reflejo de esperar una reacción oficial. Cuando los mercados caen, la atención se traslada con rapidez a cuándo la Reserva Federal bajará las tasas, detendrá la reducción de su balance o activará otro mecanismo de asistencia. La pregunta sobre si un activo ofrece una valuación atractiva puede quedar relegada frente a la especulación sobre el regreso de la liquidez.

Esa sustitución implica un riesgo serio. El respaldo de las autoridades no elimina el riesgo de inversión. Puede postergar su reconocimiento o moverlo hacia otro lugar, pero no hacerlo desaparecer.

El problema del riesgo moral que todavía enfrentan los inversores

El riesgo moral aparece cuando los participantes toman riesgos más altos porque se sienten protegidos frente a las consecuencias. Los mercados financieros conviven con una versión inevitable de ese problema, ya que los bancos centrales no pueden prometer, de manera creíble, que ignorarán un colapso sistémico real.

Inversores, inversiones (SE PUEDE USAR - CREADO CON IA)
La dificultad  cuando los inversores modifican su conducta porque descuentan una intervención futura (Foto: Imagen creada con IA)

Los inversores saben que resulta poco probable que las autoridades permitan el derrumbe completo del sistema financiero solo para dar una lección al mercado. El problema no reside en que la Reserva Federal actúe durante crisis verdaderas. La dificultad aparece antes, cuando los inversores modifican su conducta porque descuentan una intervención futura.

Si cada caída profunda pasa a leerse de forma automática como una oportunidad de compra porque la Reserva Federal terminará por responder, la disciplina sobre la valuación se debilita. El apalancamiento sube porque los inversores presuponen que el financiamiento seguirá abierto. Las compañías frágiles sobreviven más tiempo porque el capital permanece barato, y las malas decisiones de inversión pueden quedar ocultas detrás del aumento en los precios de los activos.

Por eso, la intervención de Greenspan dejó una marca que excedió la gestión puntual de la crisis. Ayudó a instalar una cultura en la que los inversores empezaron a ver al banco central como una pieza central de su estrategia. Esa lógica puede funcionar durante un período, pero deja al inversor expuesto al momento, la magnitud y la eficacia de una respuesta oficial que no controla.

Lo que reveló la reevaluación de Greenspan sobre el riesgo

La reputación de Greenspan cambió de manera significativa tras la crisis financiera. Durante buena parte de su mandato, recibió elogios por la estabilidad económica y por guiar a los mercados a través de crisis sucesivas. Después de 2008, la atención se desplazó hacia las bajas tasas de interés, la desregulación financiera y su convicción de que las instituciones podían administrar sus propios riesgos.

Su reconocimiento posterior de que hubo una falla en su confianza sobre la capacidad de las instituciones financieras para autorregularse resulta clave para entender el problema. Los incentivos no siempre llevan a la moderación. A veces, impulsan una toma de riesgos más agresiva, sobre todo cuando las ganancias son privadas y el costo potencial de una falla sistémica se reparte de manera más amplia.

Los ejecutivos, operadores e inversores no siempre actúan con cautela solo porque la prudencia beneficie al sistema. Responden a la remuneración, la competencia, la presión profesional y la experiencia reciente. Si esa experiencia indica que a cada crisis le siguen liquidez y recuperación, el riesgo empieza a parecer menos peligroso de lo que realmente es.

(SE PUEDE USAR) Alan Greenspan Crédito: International Monetary Fund, Public domain, via Wikimedia Commons
La intervención de Greenspan dejó una marca que excedió la gestión puntual de la crisis (Foto: International Monetary Fund, Public domain, via Wikimedia Commons)

Es posible que los mercados terminen por corregir esos errores, pero no siempre lo hacen en un plazo que les permita sobrevivir a los inversores apalancados.

La Reserva Federal puede rescatar a los mercados, pero no todas las inversiones

La versión moderna de la estrategia asociada a Greenspan sigue presente en la psicología de los inversores, aunque la Reserva Federal no prometa de manera formal proteger los precios de los activos. Si el sistema financiero enfrenta una amenaza real, es probable que las autoridades reaccionen. La cuestión central es qué alcance puede tener esa respuesta.

La Reserva Federal puede inyectar liquidez, reducir el pánico y evitar que las ventas forzadas desemboquen en un colapso sistémico. También puede darles tiempo a las instituciones solventes y preservar el funcionamiento del sistema financiero. Lo que no puede hacer es sostener indefinidamente una valuación irreal. Tampoco puede borrar una deuda excesiva, rescatar a una compañía que no genera suficiente caja ni asegurar que todos los inversores que calcularon mal el riesgo recuperen su dinero.

Esa diferencia es la que los inversores suelen perder de vista una y otra vez. Un rescate del sistema financiero no equivale, necesariamente, a un salvataje de cada acción o activo que lo compone.

El verdadero legado de la Greenspan Put

Greenspan les enseñó a los mercados a esperar una reacción cuando las condiciones alcanzaran un nivel de peligro suficiente. Esa señal ayudó a estabilizar el sistema financiero en episodios de tensión real, pero también modificó la manera en que los inversores interpretan el riesgo, el apalancamiento y las pérdidas posibles.

El banco central puede aportar la liquidez necesaria para que los mercados sigan operativos. El inversor, en cambio, conserva otra responsabilidad. Debe definir si el activo tiene solidez, si su valuación resulta razonable y si el balance puede resistir aun cuando las condiciones del mercado dejen de ser favorables.

SE PUEDE USAR/ Reserva Federal de los Estados Unidos
 La Reserva Federal nunca debería convertirse en el único criterio de inversión.

La enseñanza que dejaron Greenspan, LTCM y las crisis posteriores no indica que los inversores deban ignorar a la Reserva Federal. La política monetaria pesa, sin dudas. La clave es otra. La Reserva Federal nunca debería convertirse en el único criterio de inversión. La liquidez puede proteger el sistema y comprar tiempo, pero no reemplaza el análisis, la disciplina ni el valor.

Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.

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