“No encuentro ninguna explicación razonable a la decisión del Gobierno, ningún efecto positivo. Sea que el nuevo índice diera más alto o más bajo que el anterior, nada es peor que decir no lo publicamos y forzar la salida del director”, opinó tajante Leopoldo Tornarolli, uno de los expertos en estadísticas más valorados en el mercado quien suele anticipar con precisión los datos, por ejemplos, de la pobreza.
En alusión a la nueva medición en ciernes del Índice de Precios al Consumidor (IPC), que quedó postergada según confirmó el ministro de Economía, Luis Caputo, el investigador del CEDLAS sintetizó también la percepción del mercado. Ante lo sorpresivo de la renuncia de Lavagna y las horas de incertidumbre respecto de los motivos y, sobre todo, el nombre de su sucesor, los inversores reaccionaron negativamente al movimiento. Aunque sin pánico, bonos y acciones reaccionaron a la baja, interrumpiendo la nueva luna de miel que se inciaba entre Javier Milei y los mercados tras un enero ideal. El costo inicial se hizo tangible de inmediato, quedará para más adelante a evaluación del costo reputacional. Particularmente cuando todo el mundo financiero conoce de memoria lo que el Gobierno busca disimular: la inflación, medida bajo el nuevo IPC que otorga mayor ponderación a los servicios, da más alta que la medición actual. ¿Cuánto más alta? Los cálculos privados coinciden en que la diferencia no es de gran magnitud, en línea con lo que afirmó Caputo. Más incomprensible aún, tal como señala Tornarolli, la salida forzada de Lavagna. Un ruido innecesario. @@FIGURE@@
“La principal diferencia del IPC actual y el que debería actualizarse con nuevos ponderadores se dio principalmente en 2024. En 2025, la diferencia fue de menos de 1 punto”, apuntó el economista de la consultora Invecq, Santiago Bulat. Pero existe un detalle: en virtud de las elecciones de octubre, el Gobierno dispuso durante todo el año pasado una suba de servicios públicos por debajo del nivel de inflación. Mientras los precios subían entre 2 y 3 por ciento mensual, las tarifas nunca aumentaron más de 1,5%, al menos hasta noviembre.
Esa dinámica cambió en los últimos tres meses y, particularmente en febrero, el gas tendrá un salto más que relevante: casi 17% de incremento en las boletas. Con una medición en la que los servicios inciden mucho más, el traslado al índice de inflación acerca el IPC al 3% en vez de alejarlo del 2% por abajo. Eso no ocurrirá.
“Renunció porque se ha estado trabajando en la nueva metodología del Indec y Marcos tenía como fecha implementarlo ahora, y con el presidente siempre tuvimos la visión de que había que implementar un cambio una vez que el proceso de desinflación ya estaba totalmente consolidado”, aseguró Caputo, sobre quien circularon ayer todo tipo de versiones respecto de su tirante relación con Lavagna.
Concretado el portazo del titular del INDEC, el mayor desafío del Gobierno era la designación de su sucesor. Optó rápidamente y con buenos reflejos por Pedro Lines, el segundo al mando en el organismo, un técnico con 10 años de carrera dentro del INDEC y amplia trayectoria académica. Insospechado de afiliación política y profundo conocedor del organismo y su personal, clave en una dependencia con el complejo historial que arrastra tras los oscuros años del kirchnerismo para las estadísticas públicas.