Argentina entra en 2026 con un punto de apoyo que hasta hace poco parecía inalcanzable: la disciplina fiscal. Para UBS, ese ancla ya no está en discusión. El problema, advierte el banco suizo, es que no alcanza por sí sola para garantizar una recuperación duradera.
En su último informe, Argentina: Momentum builds, UBS es explícito: “La disciplina fiscal está en gran medida implementada, pero una recuperación más sostenible dependerá de un repunte en la inversión, la industria y las exportaciones para complementar la recuperación liderada por el consumo”. Esa frase condensa el corazón del análisis.
Durante 2025, el ajuste fiscal fue el pilar del programa económico. La aprobación del Presupuesto 2026 (el primero en dos años) consolidó ese sendero, con un objetivo de superávit primario del 1,5% del PBI y un leve superávit nominal. Para UBS, ese paso no es menor: refleja un respaldo político más amplio al orden fiscal, aun cuando el texto final haya incorporado concesiones en gasto social.
Sin embargo, el banco remarca que el ajuste tuvo costos reales sobre la actividad, especialmente en sectores sensibles al crédito y a la obra pública. La desinflación avanzó rápido, el consumo comenzó a recuperarse y la confianza mejoró, pero la inversión quedó rezagada. UBS describe una economía a dos velocidades: hogares que empiezan a respirar y un aparato productivo que sigue bajo presión. @@FIGURE@@
El diagnóstico es claro. “Hasta ahora, la recuperación ha sido impulsada principalmente por el consumo y no por la inversión ni la actividad industrial”, señala el informe. La fuerte contracción del gasto público ayudó a estabilizar precios, pero también golpeó a la construcción y a la industria manufacturera, que aún no logran despegar.
En ese contexto, la sostenibilidad del programa ya no depende tanto del frente fiscal (que UBS considera encarrilado) sino de una segunda etapa de crecimiento. “Para que el ajuste sea económicamente sostenible, es esencial una fase de recuperación impulsada por la inversión y la industria”, advierte el documento.
UBS ve algunos elementos que podrían jugar a favor. El nuevo esquema cambiario, con una banda de flotación más flexible y alineada a la inflación, reduce el riesgo de atrasos del tipo de cambio. Al mismo tiempo, el plan gradual de acumulación de reservas y la mayor credibilidad macro abren espacio para una normalización financiera. “Un marco cambiario más estable podría impulsar la inversión al reducir la incertidumbre y favorecer el crecimiento del crédito”, señala el informe.
Pero el mensaje final es prudente. La disciplina fiscal es una condición necesaria, no suficiente. Sin una reactivación de la inversión privada, sin un repunte de la industria y sin exportaciones que acompañen, el rebote del consumo corre el riesgo de agotarse.
En síntesis, UBS reconoce el giro macroeconómico y valida el orden fiscal alcanzado. Ahora, el mercado mira otra variable: si Argentina logra transformar el ajuste en crecimiento. Porque el equilibrio de las cuentas ya está, lo que falta es que vuelva a moverse el motor real de la economía.