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Forbes Argentina
Milei y Trump
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Inflación o crecimiento, la opción de hierro que enfrentan tanto Milei como Trump y que la guerra solo endurece

Virginia Porcella

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Ante la presión persistente sobre los precios, el petróleo caro es un problema para ambos. La creación de empleo y el costo del financiamiento, los cabos sueltos en el plan de estabilización de la economía local.

18 Marzo de 2026 07.17

Aunque lluevan los dólares para la Argentina y el país se ubique como una reserva estratégica de energía y alimentos para el mundo en el contexto del nuevo conflicto bélico en Medio Oriente, susceptible de recibir millonarias inversiones en el corto y mediano plazo, el barril de petróleo en US$ 100 es una pésima noticia. Paradójicamente también lo es para Estados Unidos, principal productor de petróleo del mundo. 

Cada uno en su propia dimensión -tal vez incomparables-, ambos enfrentan un dilema muy similar para el que, claro, tienen diferentes herramientas a disposición. Es que no sólo Javier Milei asumió con el mandato de bajar la inflación, también el presidente norteamericano Donald Trump volvió a la Casa Blanca con la misma promesa, hasta ahora incumplida. La reciente suba del galón de combustible echa, valga la redundancia nafta al fuego para los consumidores norteamericanos.

Sobre ambos mandatarios, además, crece la presión para mostrar resultados en otro frente clave: el crecimiento económico y la creación de puestos de trabajo. Las métricas no son buenas: los datos el mercado laboral estadounidense sorprendieron con pérdidas de puestos de trabajo en marzo mientras que en la Argentina la caída de empleo formal en los últimos dos años (se perdieron casi 200.000 puestos registrados) amenaza con convertirse en el talón de Aquiles del nuevo plan económico. 

inflación trump

Que la inflación suba en Estados Unidos es un problema también para la Argentina, donde también está subiendo desde hace 9 meses. El mercado ahora pronostica que el recorte de tasas de interés de la FED que estaba previsto para mitad de año se postergará, “ante la persistente presión inflacionaria” sumando ahora el impacto que tiene la suba del combustible. Se prevé ahora que eso ocurriría recién a fines del tercer trimestre lo cual implicará una economía más fría al menos hasta octubre. Es lo que plantean bancos de inversión como Goldman Sachs y Barclays.

La baja de la tasa de interés internacional es una medida siempre ansiada por los países emergentes, como la Argentina, a los que se les abarata el crédito. Pero ahora, en medio de la volatilidad de los mercados por la guerra en Irán, está ocurriendo todo lo contrario. El riesgo país vuelve a coquetear con los 600 puntos básicos (nivel más alto del año) con lo que se mantiene lejos la posibilidad de volver al mercado de capitales y refinanciar la deuda. También lo es para las empresas, particularmente aquellas que ahora se llevan toda la atención, las petroleras que operan en Vaca Muerta. El alto precio del petróleo y la seguridad que ofrece el país por estar alejado de cualquier eje de conflicto bélico es un enorme imán para las inversiones pero si se encarece el costo del capital, la ecuación cambia. “El potencial es enorme y ya prácticamente no hay nada que pueda evitar ese desarrollo. Lo único que sí puede pasar es que si sube el costo del financiamiento, los proyectos se van a demorar”, explica el experto en energía Emilio Apud.

Para el Gobierno, la demora en el acceso al mercado es crítica ya que permitiría acumular en reservas las enormes compras de dólares de realiza el Banco Central desde que empezó el año. Con mayores reservas, el margen de acción para ensayar políticas que estimulen el crecimiento económico es mucho mayor.  En vez de eso, Milei se enfrenta ahora a la elección del “mal menor”: apuntar a un mayor ritmo de actividad aunque signifique convalidar una inflación más alta o privilegiar la inflación con “0 adelante” a cualquier costo. En esas opciones contrapuestas, el nivel de salarios juega un rol central. 

En ese sentido, un análisis del economista Daniel Pierri comparó el programa de estabilización de Milei con el aplicado en Israel en 1985, en Rusia diez años más tarde y en Brasil en 1994. Esa comparativa muestra que, si bien Argentina heredó un nivel de inflación más bajo que sus pares, a los 15 meses de iniciado el programa el país registra medio punto mensual más de inflación. La explicación, según el analista, se encuentra en los salarios: en los planes clásicos, los ingresos reales tienden a subir, lo que sostiene la credibilidad y también la recaudación. Pero en el caso argentino se redujeron, lo que tensiona el ancla fiscal por la caída de ingresos tributarios y genera un dilema: “mejorar los ingresos acelera la inflación pero mantenerlos deprimidos erosiona la recaudación y debilita la confianza en el programa. Los planes “heterodoxos” de Brasil e Israel evitaron este problema aplicando políticas de ingresos deliberadas”.

Esas política de ingresos, asegura el titular de Econviews, Miguel Kiguel, es lo que ahora “debería aplicar el Gobierno”. Es decir, apuntar a alinear precios, salarios y también tipo de cambio para frenar la inflación sin caer en una nueva recesión. En ese contexto el Gobierno admite ahora un nuevo techo para la discusión salarial: las paritarias correrán al 2% mensual, el doble que lo homologado el año pasado y mucho más cerca de la inflación que, tal vez en el mes próximo, se ubique en torno al mismo nivel.

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