Los balances del cierre de 2025 dejaron una señal clara en el sistema financiero argentino: la rentabilidad de los bancos privados volvió a deteriorarse en un contexto marcado por tasas reales elevadas, mayor costo de riesgo y un aumento de la morosidad en los créditos.
Los resultados presentados por los principales jugadores del sector (Grupo Financiero Galicia, Banco Macro, BBVA Argentina y Grupo Supervielle) reflejan ese escenario, con pérdidas en algunos casos y utilidades por debajo de las expectativas del mercado en otros.
El caso más negativo fue el de Grupo Financiero Galicia, el mayor holding financiero privado del país. La entidad reportó una pérdida neta atribuible de $83.544 millones en el cuarto trimestre de 2025, un resultado que superó ampliamente el rojo que esperaban los analistas. Un año antes, el banco había registrado ganancias por más de $731.000 millones en el mismo período.
Uno de los factores detrás del deterioro fue el fuerte aumento de las provisiones para cubrir potenciales incobrables, que se duplicaron frente al mismo trimestre de 2024 y alcanzaron cerca de $1,02 billones.
Este incremento refleja el empeoramiento de la calidad crediticia en el sistema. En el caso de Galicia, la cartera irregular trepó del 6,8% al 8,2% de los préstamos en apenas un trimestre, evidenciando el impacto de tasas altas y de un contexto financiero más restrictivo sobre la capacidad de pago de los clientes.
También cerró el trimestre con números negativos Grupo Supervielle, que informó una pérdida neta de $19.500 millones entre octubre y diciembre de 2025. Fue el segundo trimestre consecutivo en rojo para el banco y marcó un contraste significativo con la ganancia que había registrado un año antes.
Analistas del mercado calificaron los resultados como débiles, señalando que la rentabilidad continúa presionada por mayores cargos por incobrabilidad y por el incremento de la morosidad.
En este caso, el ratio de préstamos en mora llegó a alrededor del 5% de la cartera, un nivel que no es considerado alarmante pero que preocupa por la velocidad del aumento.
El panorama fue algo más favorable para Banco Macro, que logró volver a terreno positivo después de haber registrado pérdidas en el trimestre previo. La entidad reportó ganancias por $100.080 millones en el cuarto trimestre de 2025, aunque el resultado quedó 39% por debajo de lo que esperaba el consenso de analistas de Wall Street.

Incluso en comparación con el mismo período de 2024, el beneficio resultó menor: fue cerca de 26% inferior interanual. Parte de esa caída se explicó por gastos extraordinarios vinculados a retiros e indemnizaciones, que impactaron negativamente en el resultado final.
Sin esos cargos, la utilidad hubiera sido considerablemente mayor, aunque igualmente reflejaría un entorno más desafiante para la intermediación financiera.
En contraste con otros bancos del sistema, BBVA Argentina logró mostrar un balance relativamente más sólido, aunque también evidenció un deterioro respecto del año previo. La entidad cerró 2025 con ganancias por $267.420 millones, lo que implicó una caída interanual de 43,2%.
Uno de los aspectos más destacados del balance fue su estrategia más conservadora en materia de riesgo crediticio. El ratio de morosidad se ubicó en 4,18%, un nivel que, si bien implica un aumento frente al trimestre anterior, se mantuvo por debajo de las estimaciones de algunos analistas y de los niveles observados en otros bancos del sistema.
La evolución de estos resultados se da en un contexto en el que la calidad de la cartera crediticia comenzó a deteriorarse en toda la industria.
Según datos del Banco Central, el ratio de irregularidad del crédito al sector privado cerró 2025 cerca de 5,5%, con un nivel particularmente alto en los préstamos a hogares, donde la mora ronda el 9,3%, frente al 2,5% en financiamiento a empresas.
Este aumento de la morosidad refleja el impacto que tuvo el endurecimiento de las condiciones financieras durante el segundo semestre de 2025. Las tasas reales positivas, la volatilidad macroeconómica y la pérdida de ingresos reales en algunos segmentos de la población complicaron la capacidad de pago de muchos tomadores de crédito.
Para los bancos, el principal efecto fue el incremento de las provisiones por riesgo de incobrabilidad, un gasto que golpea directamente la rentabilidad. Incluso cuando el negocio de intermediación mostró cierta mejora, el aumento del costo del riesgo terminó erosionando los resultados.