La combinación puede parecer contradictoria a primera vista. Por un lado, el precio internacional del petróleo volvió a acercarse a niveles de US$ 100 por barril en medio de la escalada militar entre Estados Unidos e Irán. Por otro, los bonos argentinos mostraron resistencia al entorno hostil de los mercados y el riesgo país perforó nuevamente la barrera de los 500 puntos básicos. Ambos movimientos pueden convivir y, en el caso argentino, incluso existe un canal por el cual un petróleo más caro puede favorecer a los activos locales.
El Brent, referencia internacional para el mercado argentino, llegó a operar cerca de US$ 97 por barril este jueves, después de varias ruedas consecutivas de subas. La escalada respondió principalmente a los temores de una interrupción prolongada del suministro desde Medio Oriente y a la situación alrededor del estrecho de Ormuz, una de las principales rutas para el transporte mundial de crudo.
En este contexto, el riesgo país argentino cerró el jueves en 493 puntos básicos, después de retroceder once unidades y perforar nuevamente el umbral de las 500 unidades. Fue su nivel más bajo en dos semanas.
El petróleo juega a favor de Argentina
La explicación principal está en que Argentina dejó de ser solamente un importador neto de energía y se convirtió en un productor y exportador relevante de petróleo.
Los últimos datos oficiales muestran que la producción alcanzó en julio los 916.200 barriles diarios, un récord histórico y un aumento del 17,2% interanual. Vaca Muerta explicó buena parte de ese crecimiento, con 643.100 barriles diarios, un 26,4% más que un año atrás.
El impacto sobre las cuentas externas también fue significativo. Durante julio, las exportaciones de combustibles y energía alcanzaron US$ 1.506 millones, casi el doble que un año antes, mientras que las importaciones energéticas bajaron a US$ 614 millones. Así, el sector generó un superávit de US$ 892 millones en apenas un mes.
En el acumulado de enero a julio, el superávit energético llegó a US$ 6.853 millones, mientras que las exportaciones del sector superaron los US$ 9.000 millones. El petróleo crudo explicó una parte cada vez mayor de ese resultado: solo en julio, los despachos de aceites crudos alcanzaron US$ 1.020 millones, con un salto interanual de 144,4%.

Por eso, un escenario de petróleo elevado puede mejorar las perspectivas de generación de dólares de la Argentina, fortalecer la balanza energética y elevar la rentabilidad de las compañías vinculadas con Vaca Muerta.
Eso, sin embargo, no parece suficiente para las acciones argentinas, aun cuando son precisamente las empresas petroleras las más beneficiadas que pueden empujar el índice al alza.
El S&P Merval cayó 1,5% en pesos y cerca de 2% medido en dólares , en una rueda de bajas generalizadas para las acciones argentinas. Los ADRs en tanto, retrocedieron hasta 3% en Wall Street
El riesgo país no se mueve en línea con el petróleo
Pero hay otro elemento que permite explicar por qué el riesgo país argentino puede bajar incluso en un contexto internacional más adverso: el riesgo soberano no depende directamente del precio del petróleo.
Bautista Aboy, gestor de carteras en Mills Capital, señaló que “la clave es distinguir entre la tasa base internacional y el componente de riesgo argentino”.
Según el especialista, una suba del petróleo puede incrementar las expectativas de inflación global y llevar al mercado a anticipar tasas de interés más altas durante más tiempo. Eso genera presión sobre los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense y vuelve menos favorable el contexto para la deuda emergente.
En términos financieros, el mecanismo es claro: aumenta la tasa libre de riesgo, cae el precio en dólares de los bonos y sube el costo de oportunidad de invertir en activos de mayor riesgo.
“Sin embargo, no existe una relación mecánica entre el petróleo y el riesgo país. Este último refleja principalmente el diferencial de rendimiento que el mercado exige por asumir riesgo argentino frente a los Treasuries. Por eso, puede bajar aun cuando suban tanto el petróleo como las tasas estadounidenses, siempre que mejore la percepción sobre las condiciones locales”, indicó Aboy.
Los últimos movimientos del mercado muestran precisamente esa dinámica. En las últimas siete ruedas el Brent pasó de US$ 85 a US$ 95 por barril, aproximadamente un 12% de suba, mientras que la tasa del Treasury estadounidense a 10 años avanzó de 4,60% a 4,75%.
Las tasas estadounidenses, además, ya venían presionadas por el tono más restrictivo de Kevin Warsh en Jackson Hole, lo que agregaba presión sobre los activos de riesgo.
En ese mismo período, el índice de bonos emergentes cayó alrededor de 0,7%. Los bonos soberanos argentinos en dólares bajo ley extranjera, en cambio, mostraron incluso leves subas. Entre ellos se destacaron instrumentos como el GD30 y el GD35.
Para Aboy, ese comportamiento es particularmente relevante. “La baja o estabilidad del riesgo país en este contexto no representa una contradicción. Indica que los bonos argentinos lograron absorber un escenario internacional adverso y superar a sus pares emergentes”, sostuvo.