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Desde distintos sectores del mercado señalan que, con una inflación todavía superior al 30% anual proyectado, sostener un dólar estable implica una apreciación del tipo de cambio, lo que reduce la competitividad de exportadores e industrias locales.

18 Marzo de 2026 13.00

El precio del dólar en Argentina atraviesa un período de calma poco habitual. Tras la volatilidad registrada durante gran parte de 2025, el tipo de cambio oficial retrocedió en los últimos meses y hoy se ubica cerca de los $1.400, un nivel que lo deja aproximadamente 15% por debajo del máximo alcanzado en octubre del año pasado.

El movimiento reavivó un debate recurrente en la economía argentina: si esta caída refleja una estabilización genuina del mercado cambiario o si, por el contrario, marca el inicio de un nuevo ciclo de atraso cambiario.

El comportamiento bajista del tipo de cambio se explica por varios factores. Por un lado, la oferta de divisas aumentó por el ingreso de exportaciones agrícolas y mineras, así como por emisiones de deuda provinciales en dólares. Al mismo tiempo, la política monetaria contractiva redujo la cantidad de pesos circulando en la economía.

En ese contexto, el Banco Central logró recomponer reservas mediante compras en el mercado, mientras que el tipo de cambio real se fue apreciando gradualmente. Según estimaciones de la consultora Epyca, el dólar actual se ubica 14,5% por debajo del pico alcanzado en octubre de 2025, luego de las turbulencias cambiarias del tercer trimestre del año pasado.

La tendencia bajista también se reflejó en las cotizaciones del mercado. El dólar mayorista llegó al nivel más bajo desde noviembre, en medio de una fuerte acumulación de reservas del Banco Central y una menor demanda de divisas.

Sin embargo, la estabilidad del dólar convive con un problema persistente: la inflación continúa en niveles elevados. Solo en febrero el índice de precios al consumidor registró un aumento de 2,9%, muy por encima del 1,5% que el Gobierno había logrado en mayo del año pasado.

Este desfasaje entre precios y tipo de cambio alimenta las advertencias de algunos especialistas.

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“Cuando Milei llegó, el dólar se puso a $800, que son $2.000 de hoy. El promedio histórico es $1.600. No estoy proponiendo una devaluación, no estoy pronosticando un precio del dólar, pero si valiera $1.650, estaría más contento y tranquilo”, afirmó el economista Carlos Melconian.

Desde distintos sectores del mercado señalan que, con una inflación todavía superior al 30% anual proyectado, sostener un dólar estable implica una apreciación del tipo de cambio, lo que reduce la competitividad de exportadores e industrias locales.

El economista Orlando Ferreres, por ejemplo, sostuvo que el tipo de cambio actual podría estar por debajo de su nivel de equilibrio. Según su estimación, el dólar debería ubicarse más arriba para reflejar correctamente los costos de la economía.

“El problema es que no sabemos por cuánto tiempo se va a sostener esta situación ni qué modificaciones habrá en el corto plazo para que el tipo de cambio refleje los verdaderos costos de la economía. Teóricamente, el valor correcto estaría por encima de los $1.815, sin contar el impacto inflacionario que eso pueda generar, el llamado pass-through”, comentó a finales de enero.

Para algunos analistas, la apreciación del peso forma parte del diseño del programa económico. El Gobierno utilizó el tipo de cambio como uno de los principales anclajes para moderar la inflación, junto con el ajuste fiscal y una política monetaria restrictiva.

Desde Epyca señalan que el programa económico buscó “desinflar demasiado rápido mediante un abuso de las anclas cambiaria y salarial”, herramientas que comenzaron a mostrar límites hacia mediados de 2025.

El resultado es estabilidad en el mercado cambiario, pero una economía real muy heterogénea. Mientras sectores como energía, minería y agroalimentos lideran la recuperación, buena parte de la industria y las actividades intensivas en empleo continúan estancadas.

En el corto plazo, el panorama podría mantenerse relativamente estable gracias al ingreso de divisas del agro durante el llamado “cuatrimestre dorado”, entre marzo y julio, cuando se liquida la mayor parte de la cosecha gruesa.

No obstante, los ejecutivos creen que la sostenibilidad del esquema dependerá de dos factores clave, la acumulación de reservas y la evolución de la inflación.

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