El dólar siguió perforando el piso de los $1.400 y tocó valores mínimos desde octubre pasado. La tendencia se consolidó en la segunda quincena de febrero, en un contexto de abundante oferta de divisas, tasas en pesos elevadas y señales de estabilidad financiera que reducen la demanda de cobertura en moneda extranjera.
En concreto, el dólar oficial minorista cerró en $1.390 en el Banco Nación, unos $20 menos en el día y el nivel más bajo en cuatro meses. En el segmento mayorista, la cotización cayó a cerca de $1.371, mientras que los financieros acompañaron la tendencia: el MEP se ubicó cerca de $1.395 y el contado con liquidación, en $1.420.
Así, desde comienzos de 2026, el dólar oficial acumula un retroceso cercano al 6% (unos $85), un movimiento poco habitual en términos nominales para la economía argentina.
El primer motor de la baja es el aumento de la oferta de divisas. En lo que va del año, el ingreso de dólares comerciales y financieros se aceleró, con liquidaciones del agro cercanas a US$ 80 millones diarios y colocaciones de deuda corporativa y provincial por casi US$ 5.000 millones a liquidarse en el semestre.
A eso se suma el financiamiento externo de empresas y el mayor uso de préstamos en moneda extranjera, que incrementan el flujo de divisas en el mercado. Este escenario permitió al Banco Central comprar más de US$ 2.400 millones en 2026 sin presionar al alza el tipo de cambio.
El segundo factor clave es el atractivo de las inversiones en pesos. Con tasas cercanas al 3% mensual, muchos inversores venden dólares para posicionarse en instrumentos en moneda local, apostando al diferencial entre rendimientos y devaluación esperada. @@FIGURE@@
Esta estrategia de carry trade genera ventas de divisas en el corto plazo y reduce la presión cambiaria. El fenómeno se amplifica porque también ingresan capitales del exterior que buscan aprovechar tasas altas en mercados emergentes.
Por otra parte, cabe resaltar la ingeniería macro del Gobierno. El esquema combina absorción de pesos vía deuda del Tesoro, compras de reservas del Banco Central y un tipo de cambio que funciona como ancla nominal. La estabilidad del dólar ayuda a ordenar expectativas de inflación y a reforzar la percepción de calma financiera.
Además, el tipo de cambio mayorista quedó muy por debajo del techo de la banda cambiaria: alrededor de 16% por debajo del límite superior. Esa distancia muestra que el mercado se mueve con holgura dentro del esquema y sin tensiones inmediatas.
También influyen factores temporales, como la demanda de pesos por gastos de verano y vacaciones que redujo la compra de dólares, mientras que el dólar global se debilitó tras cambios en el escenario internacional, lo que ayudó a la baja local.
De cara al futuro, los analistas prevén que la estabilidad se mantenga al menos hasta la temporada alta de liquidación agrícola, entre abril y mayo, cuando ingresan más exportaciones.
No obstante, pese al “veranito cambiario”, advierten que la tendencia podría revertirse. Un shock externo, tensiones políticas o el cierre de posiciones de carry trade podrían generar un rebote, especialmente hacia marzo.