La puesta en marcha del Fondo de Asistencia Laboral (FAL) podría generar un nuevo flujo de capital hacia el mercado financiero argentino, con la renta fija como una de las principales beneficiarias.
Por las características del régimen, los recursos deberán permanecer invertidos en pesos y una parte tendrá que mantenerse en activos de elevada liquidez para responder ante eventuales contingencias laborales.
"El marco regulatorio establece el universo de activos en el que puede invertir el FAL. Estos son: deuda del Estado Nacional; deuda provincial y de la Ciudad de Buenos Aires; depósitos en entidades financieras; y obligaciones negociables locales. En el caso de la deuda provincial y las obligaciones negociables, se exige una calificación "AAA" en escala nacional otorgada por al menos dos calificadoras, una condición que eleva el estándar crediticio de los activos que pueden incorporarse", comentó Enrique Basabe Picasso, director de Legales & Compliance en Mills Capital.
Por estas condiciones, según Bruno Perinelli, jefe de Trading en Inversor Global, los recursos podrán estar conformados principalmente por títulos públicos nacionales y provinciales.
Además, al menos el 10% del fondo deberá estar colocado en activos líquidos y de bajo riesgo, una condición vinculada directamente con el objetivo del FAL: contar con recursos disponibles para afrontar rápidamente indemnizaciones y otras contingencias laborales.
Ese requisito introduce una diferencia importante respecto de otros inversores institucionales. El objetivo no será simplemente maximizar el rendimiento, sino administrar un capital que eventualmente deberá utilizarse en un plazo corto. Por eso, la composición de las carteras tendrá que combinar rentabilidad con liquidez y capacidad de respuesta.

"Me parece que los flujos tendrían que ir de cara al año electoral hacia activos que ofrezcan cobertura, ya sean los bonos TAMAR/CER o los duales ajustables por ambas variables, que ofrecen una rentabilidad un poco mayor ante una circunstancia imprevista", relató el ejecutivo.
Por su parte, Adrián Moreno, asesor financiero en QCapital, coincidió en la importancia de los bonos soberanos dado que tienen mayor flexibilidad regulatoria porque no poseen un límite máximo de participación, a diferencia de instrumentos como las Lecaps.
Sin embargo, dentro de ese universo de renta fija, la elección de los instrumentos podría estar condicionada por la evolución de la inflación y del mercado cambiario.
"Otros bonos a tener en cuenta probablemente sean los CER, fundamentalmente porque aunque las perspectivas sobre aceleración de precios se aminorarán para 2027, seguirán siendo elevadas, en torno al 18% anual", destacó el especialista.
Luego, agregó que las obligaciones negociables de empresas de alta calidad crediticia y de duration prolongada podrían dar la posibilidad de captar una rentabilidad superior al 7%, manteniendo cobertura cambiaria en un contexto volátil como podría darse el próximo año en un contexto electoral.
De esta forma, los títulos públicos en pesos que brinden cobertura directa contra la inflación y las tasas de interés podrían recibir la mayor parte del flujo de capital proveniente del nuevo sistema de indemnización.
"Las estimaciones privadas ubican el flujo anual potencial en torno a US$ 2.000 millones. Más allá de cuál termine siendo el volumen efectivo, la clave estará en su carácter acumulativo: año tras año, los aportes podrían conformar un stock creciente de recursos administrados a través del mercado de capitales", sostuvieron desde Adcap Grupo Financiero.
Así, por el volumen de recursos que podrían acumular y el carácter recurrente de los aportes, el nuevo régimen tiene potencial para convertirse en una de las principales fuentes de ahorro institucional de largo plazo del mercado argentino.