El índice Merval, medido en dólares, acumula varias semanas de caídas y ya retrocede cerca de un 20% desde los máximos alcanzados a fines de enero, cuando había rozado los 2.100 puntos. El deterioro no responde a una única causa, sino a la superposición de factores locales e internacionales que cambiaron el humor de los inversores.
Uno de los principales elementos detrás de la corrección es la propia magnitud de la suba previa. El mercado había descontado un escenario extremadamente optimista en muy poco tiempo, con un salto acelerado de los precios de las acciones. Esa dinámica llevó a que las valuaciones se ubicaran por encima de sus promedios históricos, con ratios de precio-ganancia que reflejaban más expectativas que resultados concretos. Cuando ese entusiasmo empezó a moderarse, el ajuste fue prácticamente inevitable.
“El rebote poselecciones legislativas de octubre fue violento. El mercado procesó el triunfo de Milei como un cheque en blanco sobre el futuro y las acciones se dispararon en pocas semanas. El problema es que esa compresión tan veloz dejó al índice caro en términos históricos. El Merval llegó a operar a un ratio precio-ganancias de 17,4 veces, por encima de su promedio reciente, lo que implica que el mercado estaba pagando expectativas y no resultados concretos. Cuando esa narrativa empezó a desinflarse, la corrección fue inevitable”, comentó Bruno Bonacina Rogliano, asesor financiero en Bull Market Brokers.
A esto se suma un factor clave para el mercado argentino: el riesgo país. La expectativa de que este indicador perforara los 500 puntos básicos funcionaba como una especie de “puerta de entrada” a una nueva etapa de financiamiento y suba de activos. Sin embargo, esa compresión no se concretó. Por el contrario, en las últimas semanas el riesgo país volvió a escalar hacia la zona de los 600 puntos, generando un freno en la dinámica alcista y afectando directamente a las acciones y a los ADR en Wall Street.
El contexto internacional tampoco ayudó. La escalada del conflicto en Medio Oriente, con impacto directo en el precio del petróleo, introdujo un nuevo foco de incertidumbre. El crudo volvió a acercarse a los US$ 100, lo que reavivó temores inflacionarios a nivel global.

“Hoy tuvimos el dato de precios al productor mayor a lo esperado. Si el petróleo se mantiene en torno a los US$ 100 por mucho tiempo, eso afectaría los precios de los combustibles en las potencias y motorizaría la inflación en estos países, lo que llevaría a que los bancos centrales lleven adelante políticas monetarias menos blandas que las que se pensaban o más duras, con menos recortes de tasas o incluso con aumentos. Esto lo que hace es elevar el costo de capital y hace que algunos proyectos de inversión no se lleven a cabo, se posterguen, dejen de ser rentables…”, indicó Bruno Perinelli, jefe de Trading en Inversor Global.
A nivel sectorial, el comportamiento del índice también refleja tensiones específicas. Los bancos, que tienen un peso significativo dentro del Merval, siguen enfrentando un entorno desafiante. La recuperación del crédito, que era uno de los principales motores esperados para el sector, no termina de materializarse. El stock de préstamos al sector privado muestra debilidad y la morosidad comienza a dar señales de aumento, en un contexto de actividad económica aún débil.
Las compañías energéticas, otro pilar del índice, presentan una dinámica más ambigua. Por un lado, se ven favorecidas por la suba del precio internacional del petróleo, lo que mejora sus perspectivas de ingresos, especialmente en el segmento exportador. Pero, al mismo tiempo, esa mejora se da en un contexto de elevada incertidumbre global, lo que limita el entusiasmo de los inversores y agrega volatilidad a las cotizaciones.
En el plano doméstico, la economía todavía no logra consolidar una recuperación sostenida. Si bien algunos indicadores muestran cierta estabilidad, la actividad permanece en niveles prácticamente estancados. La estrategia oficial de priorizar la desaceleración de la inflación mediante una política monetaria restrictiva implica mantener tasas de interés reales elevadas, lo que enfría el crédito y condiciona la expansión económica.
Además, el mercado comienza a incorporar una mirada más política hacia adelante. La evolución de la economía y de los activos financieros podría influir en las expectativas electorales de mediano plazo, lo que agrega una capa adicional de análisis para los inversores.
En este escenario, el mercado parece haber entrado en una fase de mayor cautela. Para recuperar impulso, no alcanzará con expectativas favorables, sino que será necesario que las mejoras macroeconómicas se consoliden y se reflejen en datos concretos.