El cruce entre los datos de ventas minoristas de CAME y el crecimiento del comercio electrónico volvió a abrir una discusión sobre cómo medir el consumo en Argentina.
La evolución del consumo quedó en el centro de la discusión económica después de que CAME informara una caída de 3,8% interanual en las ventas minoristas durante julio y un retroceso acumulado de 2,7% en los primeros siete meses del año. La información contrastó con el desempeño de Mercado Libre, cuyo volumen bruto de mercancías (GMV) en Argentina creció 38% interanual en moneda constante durante el segundo trimestre.
La diferencia fue planteada por Marcos Galperin, quien cuestionó que las mediciones tradicionales reflejen adecuadamente la transformación del consumo hacia los canales digitales. El presidente Javier Milei respaldó públicamente esa posición. Sin embargo, los economistas consultados plantearon una lectura más matizada: no necesariamente existe una contradicción entre ambos datos.
Para Matías Surt, economista de Invecq, “los cambios de comportamiento son enormes, generan fuerte heterogeneidad y complican bastante cualquier medición”.
El ejecutivo consideró que resulta difícil que el crecimiento del comercio electrónico alcance para compensar la caída del resto del comercio, y mencionó como referencia que la recaudación total de Ingresos Brutos cayó 3% interanual durante el primer trimestre.
Juan Pablo Ronderos, por su parte, planteó una mirada todavía más amplia. “En la polémica todos tienen razón”, afirmó, al considerar que la economía argentina atraviesa una transformación profunda tanto en el funcionamiento de los negocios como en el mercado laboral y en los hábitos de consumo.
Después de una fuerte contracción durante el primer semestre de 2024, algunos segmentos de bienes durables mostraron una recuperación significativa, con aumentos en las ventas de autos, motos, heladeras y lavarropas. Sin embargo, también se observó una caída en las compras realizadas en comercios de cercanía y un estancamiento del consumo masivo.
En este punto aparece una de las claves para interpretar el debate. CAME releva más de 1.000 comercios y construye un indicador orientado al desempeño de las pymes comerciales. Además, sostiene que incorpora las ventas electrónicas realizadas por esos mismos establecimientos. Mercado Libre, en cambio, informa el volumen transaccionado dentro de su propia plataforma, que además viene ganando participación frente al comercio físico.

Santiago Wickham, economista y asistente de Operaciones en Make Money Move, apunta precisamente a esta diferencia metodológica: “Esta discusión no tiene un ganador único, porque ambos indicadores miden universos distintos del consumo”.
El experto indicó que el dato que permite ordenar la discusión es el EMAE del INDEC desagregado por sectores. La actividad de comercio mayorista y minorista viene mostrando una caída interanual sostenida desde noviembre de 2025.
Por eso, los datos privados y oficiales no necesariamente se contradicen: ambos pueden estar mostrando una debilidad del sector comercial, aun cuando una plataforma digital registre un fuerte crecimiento.
La expansión de Mercado Libre también puede explicarse por una transformación estructural del mercado. El crecimiento del comercio electrónico encuentra una explicación más consistente en la migración de consumidores hacia los canales digitales que en un supuesto error de medición de CAME.
“El Estudio Anual de la CACE, elaborado de forma independiente, muestra que la facturación del sector online creció 55% interanual en 2025, muy por encima de la inflación del período (31,5%), y que el canal Marketplace específicamente creció 62%, superando al ecommerce de sitios propios (45%). Además, el ticket promedio subió 46% frente a un crecimiento de solo 28% en unidades vendidas, lo que confirma que buena parte del salto en facturación responde a precio y mix de categorías, no solo a más volumen físico”, mencionó Wickham.
En este marco, los economistas coinciden en que, para medir el consumo con mayor precisión, sería necesario un indicador que combine ambos universos bajo una metodología homogénea, algo que hoy no existe en la Argentina.
El primer paso sería distinguir valor transaccionado de volumen físico, dado que el GMV que reportan las plataformas mezcla efectos de precio, categorías y participación de mercado ganada, que no equivalen a un aumento en la cantidad de bienes consumidos.
Contrastar la cuota del canal digital sobre el total del consumo minorista, en lugar de comparar el desempeño de una empresa contra el promedio del sector, sería el ejercicio metodológicamente más riguroso para analizar el consumo Argentino.