El gas natural licuado (GNL) aparece cada vez con más fuerza como la próxima gran apuesta exportadora de Argentina. Con Vaca Muerta consolidándose entre los principales reservorios de gas no convencional del mundo y una serie de proyectos de licuefacción en marcha, el país comienza a posicionarse como un futuro proveedor relevante para el mercado internacional, en un contexto en el que la seguridad energética volvió a ocupar un lugar central tras las tensiones geopolíticas de los últimos años.
Ese es el diagnóstico que plantea Bradesco BBI en un informe dedicado al potencial del sector, donde sostiene que el desarrollo del GNL podría convertirse en uno de los cambios estructurales más importantes para la economía argentina durante la próxima década. La entidad considera que la combinación de abundantes recursos, costos competitivos y una demanda global que continuará creciendo abre una oportunidad inédita para transformar al país en un nuevo actor dentro del comercio mundial de gas natural licuado.
El interés por el GNL no responde únicamente al aumento del consumo de energía. En buena parte del mundo, el gas natural se consolidó como el combustible de transición elegido para reducir el uso del carbón mientras avanza el desarrollo de las energías renovables. A eso se suma la necesidad de numerosos países de garantizar un suministro confiable para respaldar sistemas eléctricos cada vez más dependientes de fuentes intermitentes como la energía solar y eólica. Ese escenario llevó a que las inversiones en infraestructura de importación y exportación de GNL se aceleraran durante los últimos años, abriendo espacio para nuevos proveedores.
Bradesco destaca que el escenario internacional también juega a favor de Argentina. Los conflictos en Medio Oriente y la necesidad de Europa y Asia de diversificar sus fuentes de abastecimiento reforzaron el interés por proveedores considerados políticamente estables y alejados de zonas de conflicto. En ese contexto, el GNL argentino gana atractivo como una alternativa de largo plazo para abastecer mercados que buscan reducir su dependencia de regiones con mayor riesgo geopolítico.
El potencial argentino tiene como punto de partida a Vaca Muerta. Con la segunda mayor reserva de gas no convencional del mundo, la formación neuquina dejó de ser vista únicamente como una fuente para abastecer el mercado interno y comenzó a ser analizada como un activo con capacidad para competir en el mercado energético global. El desafío, según plantea el informe, ya no pasa tanto por aumentar la producción de gas, sino por desarrollar la infraestructura necesaria para procesarlo, licuarlo y transportarlo hacia los principales centros de consumo del mundo.
Para capturar esa oportunidad, el desarrollo de infraestructura será determinante. El informe identifica tres iniciativas que marcarán el crecimiento de la industria: el proyecto Southern Energy LNG, impulsado por un consorcio de compañías del sector; Argentina LNG, liderado por YPF junto con socios internacionales; y las sucesivas etapas de expansión previstas para la próxima década. En conjunto, estos desarrollos permitirían incrementar de manera significativa la capacidad exportadora del país entre 2028 y los primeros años de la década de 2030.
La magnitud del recurso explica por qué el foco ya no está puesto únicamente en abastecer el mercado doméstico. Bradesco BBI remarca que Vaca Muerta posee reservas suficientes para cubrir alrededor de 140 años del consumo argentino, mientras que la demanda potencial de países vecinos como Brasil y Chile resulta insuficiente para absorber semejante volumen de producción. Esa limitación convierte al GNL en la principal vía para monetizar el recurso, permitiendo acceder a compradores de Europa y Asia mediante exportaciones marítimas.
La diferencia es sustancial. Mientras los gasoductos limitan las exportaciones a los países vecinos, el GNL elimina las barreras geográficas y permite colocar la producción allí donde exista mayor demanda o mejores precios. En otras palabras, Argentina dejaría de depender exclusivamente del mercado regional para integrarse a un negocio verdaderamente global, donde participan los principales productores y consumidores de energía del planeta.
El impacto económico que proyecta Bradesco también es significativo. Según las estimaciones del banco, una vez que los proyectos entren plenamente en operación, las exportaciones de GNL podrían ubicarse en un rango de entre US$12.000 millones y US$18.000 millones anuales. Ese flujo adicional de divisas no solo fortalecería la balanza comercial, sino que también tendría efectos positivos sobre la actividad económica, la recaudación fiscal y la disponibilidad de dólares, uno de los principales condicionantes históricos del crecimiento argentino.
Desde una perspectiva macroeconómica, el efecto podría ir incluso más allá del sector energético. Un ingreso sostenido de divisas de esa magnitud contribuiría a reducir la restricción externa que históricamente limitó los ciclos de expansión de la economía argentina, facilitaría la acumulación de reservas internacionales y otorgaría mayor previsibilidad al mercado cambiario. Al mismo tiempo, mayores exportaciones implicarían un incremento en la recaudación tributaria y en las regalías para las provincias productoras, fortaleciendo las cuentas públicas sin necesidad de elevar la presión impositiva.
El banco estima además que la contribución del complejo de GNL podría representar hasta 2,5% del Producto Bruto Interno una vez que los distintos proyectos alcancen su madurez, una cifra que refleja el potencial transformador que tendría el sector sobre la economía argentina.
Bradesco BBI considera que esa transformación también debería reflejarse en la valuación de YPF, principal protagonista de los desarrollos previstos. El informe sostiene que el negocio del GNL todavía no está plenamente incorporado en el precio de la compañía y estima que, a medida que los proyectos avancen y disminuya la incertidumbre sobre su ejecución, el mercado podría comenzar a reconocer ese potencial de generación de valor.
Para el banco, la evolución de YPF durante los próximos años dependerá cada vez menos de su negocio tradicional de producción de petróleo y gas y más de su capacidad para transformarse en un exportador de energía a escala global. Si las distintas etapas de Argentina LNG avanzan según lo previsto, la compañía pasaría a participar de uno de los segmentos de mayor crecimiento dentro de la industria energética internacional, lo que podría modificar sustancialmente la percepción de los inversores sobre su valor de largo plazo.
Más allá del desempeño de una empresa en particular, el informe deja entrever un cambio de paradigma para la economía argentina. Durante décadas, el debate energético estuvo concentrado en alcanzar el autoabastecimiento y reducir la necesidad de importar combustibles. Ahora, la discusión comienza a desplazarse hacia un objetivo mucho más ambicioso: convertir a Argentina en un proveedor estratégico de energía para el resto del mundo.
Ese cambio de escala es, precisamente, el punto central del análisis de Bradesco. Si los proyectos previstos avanzan conforme a los cronogramas, el contexto internacional mantiene una demanda firme y el país logra sostener un marco regulatorio que incentive las inversiones de largo plazo, el GNL podría transformarse en una de las principales fuentes de ingreso de divisas de Argentina durante las próximas décadas. Para un país acostumbrado a convivir con restricciones externas y escasez de dólares, el desarrollo de esta industria no representaría únicamente una nueva oportunidad de negocios, sino la posibilidad de modificar de manera estructural su perfil exportador y su inserción en el mercado energético global.