La escalada de tensiones geopolíticas en Medio Oriente y la interrupción del tránsito por el estrecho de Ormuz volvieron a situar al petróleo en el centro de la escena global. En ese contexto, un informe de Morgan Stanley analiza cómo un aumento del 10% en los precios internacionales del crudo impactaría en las principales economías de América Latina. Y allí, Argentina aparece con un perfil particular: beneficiada en el frente externo, aunque más expuesta en materia inflacionaria.
El trabajo (elaborado por el equipo de economistas para la región) parte de una premisa sencilla: no todos los países sienten igual un shock petrolero. Los exportadores netos tienden a mejorar sus cuentas externas y fiscales, los importadores netos, en cambio, enfrentan un deterioro en sus términos de intercambio y mayor presión sobre precios internos. Argentina, que en los últimos años comenzó a transitar desde una posición estructuralmente deficitaria en energía hacia un superávit creciente, queda en un punto intermedio pero cada vez más cercano al grupo de ganadores.
Según las estimaciones del banco, un alza del 10% en el precio del crudo podría mejorar la cuenta corriente argentina en torno a 0,12% del PBI. Traducido a dólares, y manteniendo constantes los niveles de producción y demanda previstos para 2025, el superávit comercial se ampliaría en aproximadamente US$ 800 millones.
La clave de esa dinámica es el crecimiento sostenido de la producción no convencional en Vaca Muerta, que ya explica una parte sustancial del aumento en las exportaciones energéticas. Con un sector que ronda el 6% del producto y perspectivas de expansión de dos dígitos para 2026, precios más altos no solo elevan el valor exportado sino que refuerzan los planes de inversión y el flujo de divisas asociado al desarrollo de infraestructura. @@FIGURE@@
En otras palabras, el petróleo consolida su rol como uno de los motores del nuevo equilibrio externo argentino. En un escenario internacional volátil, contar con un complejo energético competitivo actúa como amortiguador ante shocks financieros o comerciales.
Pero el mismo fenómeno que fortalece las cuentas externas puede complicar el frente doméstico. A diferencia de economías con fuertes mecanismos de subsidios o controles rígidos, Argentina avanza hacia un esquema más desregulado en el mercado de combustibles. Eso implica que las variaciones internacionales tienden a trasladarse con mayor rapidez a los surtidores.
Morgan Stanley calcula que un incremento del 10% en el precio del crudo podría sumar entre 20 y 40 puntos básicos a la inflación en un horizonte de doce meses, dependiendo del grado de traslado a precios y del comportamiento de las empresas del sector. El rango no es menor en un país donde las expectativas inflacionarias siguen siendo un factor central de la dinámica macroeconómica.
El impacto no se limita al combustible. El encarecimiento de la energía se filtra por costos logísticos y de transporte, afectando cadenas productivas amplias. La magnitud final dependerá de la política económica: velocidad de ajuste de precios regulados, estrategia cambiaria y reacción de la autoridad monetaria.
En materia de actividad, el banco no anticipa un salto significativo del PBI ante un shock de esta magnitud. El efecto sería acotado en el agregado, aunque con un sesgo levemente positivo por el mayor dinamismo del sector energético y la inversión asociada.
A diferencia de otros episodios históricos, el peso relativo del petróleo dentro de la economía argentina es hoy mayor, tanto por su incidencia exportadora como por el volumen de capital involucrado en proyectos de infraestructura, transporte y licuefacción. Sin embargo, todavía no alcanza para alterar de manera decisiva el crecimiento total frente a un shock moderado de precios. @@FIGURE@@
El informe traza además un mapa comparativo en la región. Países como Brasil y Colombia (exportadores netos) verían mejoras más claras en sus cuentas externas y fiscales, mientras que Chile y México, importadores de energía, enfrentarían un deterioro en sus balances y mayor presión sobre la inflación.
En ese tablero, Argentina se destaca como una economía en transición: cada vez menos vulnerable al encarecimiento del crudo en términos de balanza comercial, pero aún sensible en el plano de los precios internos.
El mensaje de fondo es que el petróleo puede convertirse en un aliado estratégico para la Argentina en un contexto global incierto. Un ciclo prolongado de precios altos fortalecería el superávit energético, ampliaría la disponibilidad de divisas y respaldaría el proceso de normalización macroeconómica.
Sin embargo, el beneficio no es automático ni exento de costos. La consistencia del programa antiinflacionario, la coordinación entre política fiscal y monetaria y la previsibilidad regulatoria serán determinantes para que el shock externo juegue a favor y no reactive tensiones internas.
En definitiva, el nuevo escenario internacional confirma que el destino energético del país ya no es un dato marginal. En un mundo atravesado por conflictos y volatilidad, la evolución del barril vuelve a tener implicancias directas sobre el equilibrio argentino. Y esta vez, con matices, el saldo podría inclinarse del lado positivo.