Aunque su época de oro fueron los años ochenta, Stephen King vive por estos años un momento en que su presencia parece impregnar una gran cantidad de productos audiovisuales.
Widow’s Bay es, incluso desde el diseño de su logotipo, una serie que no se explicaría sin su enorme obra. La virtud que tiene, además, es que sabe cruzar la comedia y lo sobrenatural con la elegancia suficiente como para enganchar a cualquiera.
El protagonista es Tom Loftis, el alcalde de la ficticia isla Widow’s Bay, en Nueva Inglaterra. Viudo y escéptico ante las supersticiones de la isla, este alcalde hace su mejor esfuerzo por lograr que vuelvan los turistas.
Es un espacio que, a primera vista, es cálido y muy atractivo como destino turístico de un fin de semana. Sin embargo, sus habitantes están convencidos de que la isla está maldita desde hace siglos y todos creen en distintas historias sobre sus males.

El empeño inicial del alcalde está en lograr que un periodista del New York Times pase un fin de semana allí, que escriba una buena reseña que atraiga turistas y reactive la actividad económica local. Por supuesto que, desde un inicio, las cosas no salen como él quiere porque, después de todo, se trata de una comedia. Al mismo tiempo, como hay un elemento sobrenatural y de terror, las cuestiones raras empiezan a sucederse.
Quien encarna a Tom Loftis es el actor Matthew Rhys, conocido como el coprotagonista de la serie The Americans. Rhys se ajusta al tono que requiere la trama, sin exagerar ni payasear, con un tono muy humano para tratar a su personaje. Este alcalde es un hombre con ciertas fragilidades, viudo desde el nacimiento de su hijo, responsable, un poco torpe e inseguro. En cierta forma y, a pesar de que es una comedia, es un personaje creíble y bastante realista.
El tono de comedia está medido, al igual que los sustos. El resto del elenco lo cuida y se ajusta a los objetivos de la serie, entre la ambientación de una novela de King y el humor nacido de momentos incómodos. Entre quienes sobresalen están Kate O’Flynn, como una extraña asistente del alcalde, y la carismática Dale Dickey, cuyo personaje conoce historias a las que él no quiere atender.
La creadora de la serie es Kate Dippold, una guionista y comediante que, desde su inicio, fue destacada por la revista Variety como una escritora a tener en cuenta. Hizo carrera escribiendo la serie de comedia Parks and Recreation y también participando como actriz en el show de Conan O’Brien. Aquí generó un concepto de serie bien interesante, que sabe esquivar algunos lugares comunes y aprovecharse de otros (el aura de Stephen King, el registro de humor sobre la base de incomodidades).
Y, además, atina al elegir al director japonés Hiro Murai para ocuparse de la realización de los primeros capítulos y de los finales también. Eso hace que, entre ambos, establezcan el tono estético, actoral y narrativo que funciona con equilibrio y que convierte a esta serie en uno de los estrenos más atractivos de lo que va de año.
Como último punto, que no es menor, vale destacar que cada capítulo dura poco más de media hora. Ante la falta de tiempo y la sobreabundancia de oferta, algo que no ocurría en la época de oro de Stephen King y sus novelones, una serie de esta duración y calidad es más que bienvenida.