El contexto es decisivo. En los últimos meses, Benito Antonio Martínez Ocasio (más conocido como Bad Bunny) ganó el Grammy al Álbum del Año por DeBÍ TiRAR MáS FOToS, un hito que lo ubicó en el centro de la conversación internacional. A eso se sumó su participación como figura del show de medio tiempo del Super Bowl, el evento televisivo más visto de Estados Unidos. En ambos casos, el dato trasciende el reconocimiento artístico: el idioma español ocupó el centro del mainstream global.
Desde el punto de vista del negocio, el fenómeno es contundente. Bad Bunny se mantiene entre los artistas más escuchados del planeta en plataformas digitales, con miles de millones de reproducciones anuales y giras que encabezan los rankings internacionales de recaudación.

Su marca personal se expandió hacia la moda, las colaboraciones comerciales y hasta el cine, consolidando un modelo en el que la música es el núcleo, pero no el único motor de ingresos. Para la industria, es la confirmación de que el mercado latino dejó de ser periférico.
El español como gran protagonista
Que un álbum íntegramente en español alcance el máximo reconocimiento de la industria estadounidense no es un detalle anecdótico. Es un indicador de cómo cambió el mapa cultural. El público hispanohablante ya no es un nicho: es una fuerza estructural dentro del negocio del entretenimiento.
La escena del Super Bowl terminó de sellar esa narrativa. No se trató solo de un show de alto presupuesto, sino de una imagen poderosa: un artista latino cantando en español frente a millones de espectadores en el escenario más visto de Estados Unidos. El impacto fue cultural, pero también económico y hasta político. Implica expansión de audiencias, circulación internacional de contenidos y reconfiguración de las reglas de exportación cultural.

De Pinar de Rocha a River
El capítulo argentino agrega una dimensión que explica el fenómeno con mayor claridad que cualquier estadística. En 2017, cuando el reggaetón todavía buscaba legitimidad en el circuito masivo local, Bad Bunny se presentó en boliches del conurbano bonaerense, entre ellos el conocido Pinar de Rocha, en Morón, ante públicos reducidos y lejos de la maquinaria que hoy lo rodea. Un año más tarde llegó al Luna Park. Luego vendrían festivales multitudinarios y, en 2022, dos estadios Vélez agotados.
La escena que se verá ahora en Núñez es otra escala. Tres River consecutivos, entradas agotadas en minutos y una convocatoria estimada superior a las 250.000 personas. El recorrido no es sólo el de un artista que creció: es el de un género que pasó de marginal a central en menos de una década.
Argentina como plaza estratégica
La Argentina no es una escala más dentro del tour. En el caso de Bad Bunny, la dimensión no se mide únicamente en asistentes. Se trata de una gira global que viene de encabezar rankings internacionales de recaudación y que opera con estándares de producción comparables a los grandes tours anglosajones. Tres River consecutivos no son solo una señal de convocatoria: consolidan a Buenos Aires como plaza estratégica dentro del circuito latinoamericano.
La velocidad con la que se agotaron las entradas y la demanda sostenida muestran que el artista no depende de la novedad. Lo respalda una base de público que lo acompaña desde hace casi una década, desde aquellas primeras presentaciones en el conurbano hasta los estadios actuales. En términos de industria, eso no es furor pasajero: es construcción de marca y capital cultural de largo plazo.
Si se observa la secuencia completa —Grammy histórico, Super Bowl, gira mundial y tres River agotados— el diagnóstico es claro: este no es un año más en la carrera de Bad Bunny. Es el momento en que el artista dejó de ser únicamente el líder de la música urbana para convertirse en un actor central del entretenimiento global.
Del boliche al Monumental. Del nicho al mainstream absoluto. Y, en el medio, una industria que aprendió que el español no es una excepción en el negocio global: es parte del centro.
Las cifras detrás de Bad Bunny
- Benito Antonio Martínez Ocasio nació el 10 de marzo de 1994 en Vega Baja, Puerto Rico.
- Con las tres fechas agotadas en el Estadio River Plate, se esperan más de 250.000 personas en total durante su paso por Buenos Aires.
- Las entradas para el recital en Buenos Aires tenían un valor desde $120.000 las más económicas hasta $420.000 en sectores premium.
- En 2022, su “World’s Hottest Tour” se convirtió en la gira más taquillera del año a nivel global, con más de US$ 435 millones recaudados, según datos de Billboard Boxscore.
- Bad Bunny se mantiene entre los artistas más escuchados del planeta, con más de 80 millones de oyentes mensuales en Spotify, posicionándose de forma constante entre los más reproducidos globalmente.
- Su canal oficial de YouTube supera los 45 millones de suscriptores y acumula decenas de miles de millones de visualizaciones totales.
- A lo largo de su carrera ganó múltiples premios (incluyendo Latin Grammy y Billboard), y su álbum Un Verano Sin Ti fue uno de los discos latinos más reproducidos en la historia de Spotify.
- El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX, encabezado por Bad Bunny, tuvo un promedio de audiencia de 128,2 millones de espectadores en Estados Unidos, convirtiéndose en uno de los shows de intermedio más vistos de la historia en ese país.
- La transmisión general del Super Bowl promedió 124,9 millones de espectadores a través de NBC, Peacock, Telemundo y plataformas digitales.
- El show de Bad Bunny también batió récords en redes sociales: más de 4.000 millones de visualizaciones globales en las primeras 24 horas tras el evento, según datos de la NFL y Ripple Analytics.
- La producción del espectáculo de medio tiempo se estima entre US$ 10 y US$ 15 millones, financiada por la NFL junto con patrocinadores como Apple Music y Roc Nation, sin pago directo de la NFL al artista por la actuación en sí.






