De un café de 1858 a un bodegón con platos casi perdidos: cinco bares notables para recorrer
Después de una nueva edición de La Noche de los Bares Notables, cinco lugares para recorrer distintas caras de la cultura porteña: desde un café fundado en 1858 hasta un clásico de barrio que acaba de ingresar al listado oficial.

Buenos Aires volvió a poner en primer plano una de sus instituciones más características. Esta semana se llevó a cabo la quinta edición de La Noche de los Bares Notables, la cual reunió a más de 75 establecimientos en 25 barrios, con más de 130 propuestas culturales y gastronómicas y 80 shows musicales entre la tarde y la medianoche.

Pero si te lo perdiste, la magia de estos lugares es que no hace falta esperar una noche especial para recorrerlos. La categoría de Bares Notables reconoce establecimientos por su antigüedad, arquitectura, relevancia cultural o vínculo con la historia de sus barrios. La lista, además, sigue creciendo: en agosto fueron incorporados doce nuevos espacios, completando 90 lugares diferentes.

Elaborar una selección de sólo cinco, obliga a dejar afuera nombres históricos, pero también permite contar distintas maneras en las que sobrevivió el bar porteño.

Para este fin de semana, comenzamos el recorrido con el gran café de Avenida de Mayo, seguimos por el bodegón que conserva platos cada vez más difíciles de encontrar, damos unos pasos en un pequeño templo del tango, recuperamos un clásico y finalizamos en un bar de barrio con más de un siglo de vida que recién ahora recibió su reconocimiento oficial.

Café Tortoni: el punto de partida

 

Si hay que empezar por algún lado, puede ser por 1858. Ese es el año de fundación del Café Tortoni, considerado el café más antiguo que continúa funcionando en Buenos Aires. Primero abrió en Esmeralda y Rivadavia y más tarde se mudó a su ubicación actual sobre Avenida de Mayo 825, donde su fachada fue diseñada por el arquitecto Alejandro Christophersen a fines del siglo XIX.

Por sus mesas pasaron Jorge Luis Borges, Federico García Lorca, Julio Cortázar y Carlos Gardel entre muchas otras figuras. Pero el interés del Tortoni no está sólo en la lista de visitantes célebres: mesas de mármol, vitrales, maderas y salones todavía permiten entender cómo funcionaba el café como lugar de encuentro, discusión y vida cultural en la Buenos Aires de otros tiempos.

Miramar: un bodegón donde todavía sobreviven platos de otra época

 

En la esquina de Sarandí y Avenida San Juan, Rotisería Miramar funciona desde 1950 y conserva buena parte de la estética con la que se convirtió en un clásico de San Cristóbal. Antes de que llegara el restaurante, en el lugar había funcionado una fábrica de sombreros que, según la historia del local, tuvo entre sus clientes a Carlos Gardel.

La razón para ir, sin embargo, está también en la carta. Caracoles, ancas de rana, mejillones, mariscos y clásicos de raíz española conviven con jamones colgados, conservas, botellas, quesos y el antiguo mostrador de madera. En una ciudad en la que buena parte de los bodegones actualizó sus menús, Miramar mantiene platos que ya no resulta tan sencillo encontrar.

Bar Sur: una noche de tango en San Telmo

 

Hay bares que conservaron muebles y otros que mantuvieron vivo un ritual. Bar Sur pertenece al segundo grupo. Abrió en San Telmo en 1967 en Estados Unidos 299 y desde sus comienzos combinó café, cultura y espectáculos de tango, hasta convertirse en uno de los pioneros del formato de shows nocturnos en espacios pequeños de Buenos Aires.

El lugar conserva piso damero, mesas con sillas vienesas, fotografías y objetos acumulados durante décadas. También fue escenario de distintas producciones audiovisuales: allí se filmaron escenas de Happy Together, la película de Wong Kar-wai cuyo trabajo de dirección fue premiado en Cannes en 1997. En Bar Sur, buena parte de la historia todavía sucede de noche y con músicos y bailarines a pocos metros de las mesas.

Los Galgos: actualizar un clásico sin ignorar su historia

 

Los Galgos nació en 1930 en la esquina de Callao y Lavalle. Durante décadas recibió a figuras como Enrique Santos Discépolo, Osvaldo Pugliese, Julio de Caro y Aníbal Troilo, pero después de años de funcionamiento cerró sus puertas. Su historia podría haber terminado allí.

En 2015, Julián Díaz y Flor Capella lo recuperaron utilizando materiales originales y renovaron la propuesta gastronómica y de bebidas. El resultado lo convirtió en uno de los ejemplos más interesantes de otra forma de preservar un bar histórico: no como una reconstrucción inmóvil del pasado, sino como un lugar que sigue funcionando para el público actual, con aperitivos, cócteles y una carta que convive con la estética original.

Bar Conde: 124 años de historia y un reconocimiento que llegó en 2026

 

La novedad de esta selección está en Colegiales. Bar Conde funciona desde 1902 en la esquina de Federico Lacroze y Conde y conserva la fisonomía del antiguo bar-almacén porteño: fachada tradicional, techos altos, barra, mesas de madera y una clientela fuertemente vinculada al barrio. Desde 1966 está administrado por la familia Cofiño.

Lo curioso es que sus más de 120 años no alcanzaron para convertirlo oficialmente en Bar Notable hasta ahora. En agosto de 2026 fue uno de los doce establecimientos incorporados al programa, una tanda que llevó el catálogo de la Ciudad a 90 bares. Entre cafés centenarios reconocidos desde hace años, Bar Conde aporta algo distinto: demuestra que todavía quedan clásicos porteños esperando ser redescubiertos fuera de los circuitos más turísticos.