El presidente Javier Milei volvió a Davos con un discurso extenso, denso y sin concesiones. Tras una hora de demora por la exposición previa de Donald Trump, el mandatario argentino tomó la palabra en el Foro Económico Mundial y desplegó una intervención donde habló de economía, filosofía, ética, religión y política, con una tesis central: el capitalismo de libre empresa no solo es más productivo, sino que además es el único sistema justo.
En su tercera participación consecutiva en Foro Económico Mundial, Milei apuntó contra el socialismo, cuestionó el peso del Estado, criticó las regulaciones y lanzó un mensaje a la dirigencia política global. Además, en el cierre, dejó una definición que sintetizó el espíritu de toda su exposición: “América será el faro que vuelva a encender a todo Occidente”.
Argentina como laboratorio moral y económico
Milei abrió su discurso con una afirmación conceptual que marcó el tono de toda la intervención. Sostuvo que justicia y eficiencia no representan objetivos en conflicto y que, desde una perspectiva dinámica, constituyen “dos caras de la misma moneda”. Para fundamentar esa idea, citó a Murray Rothbard, a quien señaló como uno de los pensadores que con mayor claridad vinculó la eficiencia económica con la ética.
Luego, explicó que cuando los gobiernos dejan de lado los principios éticos y morales, las políticas derivan en decisiones injustas que terminan colapsando no solo en lo económico, sino también en lo social.
Milei habló explícitamente desde su rol de jefe de Estado y utilizó a la Argentina como ejemplo concreto. Señaló que el país venía de décadas de políticas públicas guiadas por criterios utilitaristas y que ese camino derivó en estancamiento, pobreza y degradación institucional. Según explicó, la experiencia reciente demuestra que resulta posible aplicar políticas basadas en valores éticos sin resignar eficiencia.
En ese marco, recordó que en 2024 ya había advertido en Davos que Occidente estaba en peligro. En 2025, profundizó esa advertencia al señalar que muchas agendas impulsadas por organismos internacionales respondían a un mismo patrón: políticas socialistas presentadas de forma elegante para personas bienintencionadas, pero con resultados catastróficos.
Socialismo, moral y destrucción histórica
La crítica al socialismo ocupó uno de los tramos más extensos del discurso. Milei sostuvo que ese sistema no solo fracasa en términos económicos, sino que además resulta incompatible con una concepción ética de la sociedad. Para reforzar esa idea, citó a Thomas Sowell, quien definió al socialismo como una idea que “suena muy lindo”, pero que “siempre termina mal, horriblemente mal”.
El Presidente afirmó que la historia del siglo XX ofreció evidencia suficiente de los daños provocados por esas ideas. Mencionó los millones de víctimas que dejaron los regímenes socialistas y comunistas, y sostuvo que esas tragedias no representaron desvíos accidentales, sino consecuencias inevitables de sistemas que desconocen los derechos fundamentales.
Milei puso el foco en América Latina y mencionó el caso de Venezuela. Recordó que el país sufrió una caída del 80% de su PBI y que, mucho peor aún, derivó en el establecimiento de una narcodictadura sangrienta cuyos tentáculos se expandieron por todo el continente. Según explicó, ese proceso dejó en evidencia que el socialismo no solo empobrece, sino que además destruye el entramado social y político.
Para el Presidente, la degradación ética que atraviesa Occidente surge de haber abrazado versiones modernas del socialismo. En ese punto, afirmó que hoy resulta imprescindible volver a impulsar las ideas de la libertad, aunque aclaró que esa defensa no puede basarse en criterios utilitaristas, sino en la virtud ética y moral del sistema capitalista.
Derecho natural, libertad y propiedad privada
Otro eje central del discurso fue la distinción entre derecho natural y derecho positivo. Milei explicó que el derecho natural se adecua a la naturaleza humana y, por lo tanto, resulta justo en sentido universal. El derecho positivo, en cambio, surge de normas redactadas por los hombres y puede ser legal sin ser legítimo.
De manera textual, afirmó que cuando la ley positiva no se encuentra en consonancia con la ley natural “habrá legalidad, pero no justicia”. A partir de allí, definió los dos derechos fundamentales: la vida y la libertad. “El hombre nace vivo y nace libre”, sostuvo, y agregó que esos atributos deben ser respetados por los demás seres humanos.
Milei explicó que de la libertad se deriva el derecho adquirido a la propiedad privada. Señaló que las personas pueden adquirir bienes con el fruto de su trabajo, recibirlos por herencia o por regalo, y apropiarse de descubrimientos o creaciones propias. Esa apropiación, afirmó, constituye una extensión natural del derecho a la libertad.
En ese marco, definió el principio de no agresión, que prohíbe no solo la violencia física, sino también toda forma de coacción, coerción u oposición bajo amenaza del uso de la fuerza. Según explicó, ese principio resulta incompatible con muchas políticas estatales que redistribuyen recursos de manera forzada.
Milei citó al profesor Alberto Benegas Lynch (h) para definir el liberalismo como “el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo”, basado en la defensa de la vida, la libertad y la propiedad privada, con mercados libres de intervención estatal, competencia entendida como libre entrada y salida, división del trabajo y cooperación social.

Regulaciones, Estado y el freno al crecimiento
Al avanzar sobre el rol del Estado, Milei cuestionó Las regulaciones. Sostuvo que cada intervención estatal implica una redistribución de títulos de propiedad y de ingresos desde quienes producen y contratan hacia quienes no lo hacen. Ese proceso, explicó, reduce la producción, el mantenimiento de bienes y los intercambios voluntarios.
El Presidente afirmó que cualquier desviación del respeto irrestricto a la propiedad privada implica, por definición, menos apropiación originaria de recursos, menos contratos mutuamente beneficiosos y un menor estándar de vida. Según explicó, regular para corregir supuestos fallos de mercado termina castigando la creatividad empresarial.
En ese punto, introdujo el concepto de rendimientos crecientes y explicó que el crecimiento económico moderno se explica por la innovación, el comercio y la función empresarial. Recordó que durante siglos el PBI per cápita se mantuvo casi constante y que, a partir del siglo XIX, se multiplicó por quince, aun cuando la población mundial creció diez veces.
Milei sostuvo que ese salto histórico se debió a la existencia de rendimientos crecientes. Sin embargo, advirtió que muchas políticas públicas buscan eliminar esos rendimientos mediante regulaciones que intentan forzar estructuras de competencia perfecta. “Regular mata el crecimiento”, afirmó
Para ilustrar ese punto, mencionó el trabajo realizado por el ministro Federico Sturzenegger y destacó que, desde 2023, se llevaron adelante trece mil quinientas reformas estructurales, orientadas a remover trabas que afectaban el proceso empresarial y los intercambios voluntarios.
En ese marco, Milei afirmó que esas medidas permitieron avanzar hacia una economía con mayor eficiencia dinámica y volver a crecer, en un contexto donde además se eliminó un déficit fiscal de quince puntos del PBI, se redujo la inflación del trescientos por ciento al treinta por ciento, el riesgo país cayó dos mil quinientos puntos básicos y la pobreza bajó del cincuenta y siete al veintisiete por ciento.
Según explicó, esos resultados no surgieron de regulaciones ni de redistribuciones forzadas, sino de políticas públicas guiadas por valores éticos y morales, respeto por la propiedad privada y rechazo a la intervención estatal discrecional, lo que, a su entender, demuestra que no existe un dilema real entre justicia y eficiencia cuando se respeta la libertad.
Capital humano, inteligencia artificial y función empresarial
En otro tramo del discurso, Milei abordó el rol del capital humano y la innovación tecnológica. Señaló que el crecimiento económico no depende solo del capital físico, sino también del desarrollo de capacidades cognitivas, la alimentación y la salud, factores indispensables para acceder al mercado de trabajo.
En ese marco, mencionó las políticas implementadas en la Argentina bajo la gestión de la ministra Sandra Pettovello. Explicó que el objetivo consistió en dejar de transferir recursos sin condiciones y pasar a esquemas que incentiven la autonomía y la creación de proyectos productivos.
Milei también se refirió a la inteligencia artificial y sostuvo que debe entenderse como la versión del siglo XXI de la fábrica de alfileres de Adam Smith. Según explicó, se trata de un potenciador de rendimientos crecientes que puede elevar el crecimiento y el bienestar general.

En ese punto, volvió a cuestionar la intervención estatal. Afirmó que lo más responsable que pueden hacer los Estados frente a estas tecnologías es dejar de obstaculizar a quienes innovan. De manera textual, sostuvo que los políticos deben dejar de fastidiar a quienes están creando un mundo mejor.
El Presidente también descartó los escenarios distópicos asociados a la inteligencia artificial. Explicó que los límites naturales al crecimiento de estos proyectos se encuentran en el tamaño del mercado y en la disponibilidad de recursos reales, no en la necesidad de regulaciones preventivas.
Maquiavelo, Occidente y el cierre simbólico
El tramo final del discurso combinó política, ética y religión. Milei afirmó que “Maquiavelo ha muerto” y sostuvo que resulta momento de enterrarlo. Según explicó, la política no puede desligarse de la moral sin derivar en soluciones injustas y empobrecedoras.
El Presidente sostuvo que los mercados libres no solo generan prosperidad material, sino que además fortalecen virtudes sociales indispensables para una sociedad próspera. A su entender, el progreso económico surge de la cooperación voluntaria y del respeto mutuo, no de la coerción estatal.
En el cierre, recurrió a un pasaje bíblico y relató la parashá Bó, donde Moisés enfrenta al faraón como símbolo del poder opresor del Estado. Mencionó las plagas de Egipto como metáforas de la hambruna, la oscuridad y la destrucción social que sobrevienen cuando se niega la libertad.
Milei afirmó que Occidente atravesó esas mismas plagas por haber abandonado las ideas de la libertad. Sin embargo, sostuvo que 2026 marca un punto de inflexión. Según expresó, el mundo comenzó a despertar y América aparece como el espacio donde renacen esas ideas.
Con una definición contundente, aseguró que el continente será el faro que vuelva a iluminar a Occidente y permita saldar una deuda histórica con las raíces de la civilización: la filosofía griega, el derecho romano y los valores judeocristianos. El discurso concluyó con una consigna que sintetizó toda su exposición y volvió a resonar en Davos como una declaración de principios.