La nueva vida de Hugo Sconochini, héroe de la "Generación Dorada": "Es como si odiara el básquet"
¿Se puede cambiar esa pasión, ser el capitán de un equipo de élite mundial, por ser profesor de un deporte relativamente menor? Sí, se puede. Es lo que está viviendo Sconochini hoy, convertido en profesor de pádel en Milán.

¿Se puede odiar aquello que te hizo vivir lo extraordinario, aquello que te llevó a la cumbre? Se puede. Es, al menos, lo que dice Hugo Sconochini, el capitán de aquella inolvidable selección de básquet que ganó el oro en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.

¿Se puede cambiar esa pasión, ser el capitán de un equipo de élite mundial, por ser profesor de un deporte relativamente menor? Sí, se puede. Es lo que está viviendo Sconochini hoy, convertido en profesor de pádel en Milán. 

"¿El básquet? Hoy me sigue atrapando, lo comento en televisión. Pero nunca más jugué", confiesa Sconochini durante una entrevista con Forbes en la que profundiza en su carrera, su vida y las sensaciones contradictorias que le genera la Argentina.

 


 

"Al básquet no lo extraño para nada, para nada. Es como un amor que se terminó. Nos dimos todo, estuvimos muy bien juntos y se terminó. Me dio mucho y me sacó mucho. Se lo agradezco por un lado, pero por el otro es como si lo odiara".

¿Odiar el básquet? ¿Habla en serio?. "Me perdí muchos momentos de mi adolescencia. Me los quitó el básquet. Empecé en Italia y ser profesional te llevaba a madurar mucho más rápido que un adolescente de mi edad. Esa parte divertida, de no pensar, de ser inconsciente, no la tuve. Y eso es necesario en la vida, sirve para madurar".

Si el amor por jugar al básquet se diluyó en Sconochini, lo que no cambia en él es la pasión. Y es sobre la pasión que desarrolla una teoría.

-"Siento por el pádel exactamente la misma pasión que por el básquet. Sin pasión no se hace nada, sin pasión no se puede ser competitivo".

 



Esa pasión lo lleva a sufrir, a veces, con el pádel. Su nivel es muy bueno para ser profesor, pero a los 51 años ya no puede competir al máximo nivel en un deporte que, por otra parte, conoció recién de adulto.

-"Mi relación con el paddle nació de algo equivocado, como todas las cosas. Conocí a Gustavo Spector, argentino, y él me dijo que le gustaría que yo enseñara a los chicos de su escuela en qué consiste prepararse físicamente para hacer un deporte. Y así empecé en el pádel".

Pero entonces sucedió algo inesperado: "Murió un chico haciendo la preparación física en otro club cercano. Me impactó tanto que dejé de preparar físicamente a los alumnos. Pero Spector me convenció de que no podía estar sin hacer nada. Me propuso enseñarme a jugar al paddle, un deporte al que no había jugado en mi vida".

 

"¡Vas a ver que vas a poder!", le dijo Spector a Sconochini, que hoy está muy agradecido con él.


 

-"Todo lo que soy hoy se lo debo a Gustavo. Descubrió una parte mía que yo no sabía que tenía, la de enseñar. Hoy soy profesor de paddle, me encanta. Me encantaría jugarlo de otra manera, pero tengo 51 años".

-"Compito en algunos torneos si tengo tiempo. Y me gustaría competir en algún torneo importante, pero no tengo el nivel técnico ni físico para estar en la cancha con esos jugadores".

Lo que más valora Sconochini hoy es la enseñanza. Y se autoimpuso un objetivo: ser, en el pádel, como los mejores entrenadores que tuvo en el básquet.

-"Traté de tomar lo mejor de cada entrenador que tuve y eliminar los lados negativos que tenían. Tuve entrenadores que por inseguridad necesitaban tener todo bajo control, eso te cortaba las alas y te hacía sufrir en las canchas de básquet. Uno a veces piensa que merecería ser tratado de otra manera. Intento enseñar el paddle como me gustaba que me entrenaran.

¿Quienes fueron sus mejores entrenadores?
 

"(Rubén) Magnano es uno, (Carlo) Recalcati es otro. (Dusko) Ivanovic, del TAU Vitoria, es otro. Entrenadores que me dieron muchas cosas, que no solo me enseñaron a jugar, sino que me enseñaron a interpretar la vida. Gente que iba más allá de ser meros entrenadores de básquet. Aplico sus enseñanzas en mi faceta de profesor de pádel, de padre, de amigo".

 

¿Qué es lo que le gusta del pádel, un deporte que se juega semi encerrado, a alguien que volaba de aro en aro por un espacio mucho más amplio?

"Del padel me gusta el componente vidrio, las paredes me encantan, me encanta que uno tiene que ser cómplice con su compañero, entenderse muy bien, hay cien metros cuadrados que cubrir. Es un juego tremendamente táctico, fácil de jugar y difícil de entender. Me encanta porque es inmediato, forma grupos, la gente lo puede jugar y se puede divertir".

Divorciado, el capitán de Atenas 2004 está de novio con una italiana, Bárbara, hija del legendario Giacinto Facchetti, figura histórica del Inter de Milán. Sconochini es padre de dos hijos: Matilda, de 20 años, y Oliver, de 18. Oliver juega al básquet, pero su padre prefiere no ir a verlo, no quiere quitarle protagonismo.  

"Cuando voy, él está más pendiente de mí que de mi juego. Oliver ama el básquet, quizás más de lo que yo lo amaba a su edad".

Hugo Sconochini

Sin apremios económicos, deja un consejo para aquellos deportistas que no saben qué hacer con su dinero: "Siempre tuve gente que manejó el dinero y mis inversiones por mi, y lo siguen haciendo. No siempre sale bien, pero mucho depende de las cosas que suceden en el mundo. Este es un punto importante para la gente que hace deporte. Hay que asesorarse lo más posible y que se te acerque la gente que sea realmente válida".
 

¿Y la Argentina? ¿Qué le genera hoy el país, tan suyo como distante?

"Tengo a mi padre y a mi pueblo en la Argentina, un pueblo de 30.000 habitantes (Cañada de Gómez). Nos conocemos todos, almorzábamos 25 en una mesa. Son tradiciones que extraño, que echo de menos. Tengo una parte europea muy marcada hoy, llegué a los 19 años, hoy tengo 51. Más de la mitad de mi vida la viví aquí. Pero amo y extraño a mi país".

-"Lo sigo a la distancia, todo lo que puedo. No es fácil, porque Argentina siempre está en una situación difícil socioeconómica, y después el covid y la pandemia que empeoraron las cosas, Desde que tengo uso de razón nunca vi a Argentina tranquila, me encantaría leer de una Argentina próspera, que cree a un nivel y velocidad increíble, que alberga gente que quiera vivir ahí, que el trabajo y las escuelas y la sanidad funcione, pero no siempre es así".
 

Hugo Sconochini

-"Me fui de muy chico. Lo que veo es una inestabilidad constante, no hay un equilibrio en las personas que gobiernan, las que tendrían que hacer respetar la ley son los primeros que no tienen un equilibrio. El ejemplo no está. Toda la gente que tuvo el poder en la mano lo usó para temas personales y después quizás hizo algo para la Argentina, pero en un porcentaje muy bajo".

-"En la política no te echan si te equivocas, que es lo que sucede en cualquier trabajo. Y no hablo solo de la Argentina, sino de toda Sudamérica. La historia habla claro".

 

Tras tantos años en Italia, Sconochini cree entender mejor la Argentina.

-"Los argentinos somos mucho más italianos que españoles. El argentino es el 2.0 vivo del italiano. Una viveza que a veces tendría que ser cancelada, tiene rasgos muy marcados italianos. La picardía argentina es buscar atajos, sacar ventajas... No tendría que existir.

-"Pero, claro, a un argentino lo largas en cualquier lado y funciona, funciona. No tendríamos que ser así. Esa fama de picardía llega antes que el talento. Y claro que los ventajistas existen también en Italia, pero es muy distinto: aquí, la mayor parte de la gente respeta las reglas. En Argentina, muchos menos".