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Liderazgo

Foto: Ilustración creada con IA

En qué consiste la "secuenciación cognitiva", la técnica que puede cambiar la forma en que los ejecutivos toman decisiones

J. Leonard Gerald

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Un nuevo enfoque propone dejar atrás las pausas guiadas únicamente por el reloj y aprender a alternar concentración, recuperación y cambio de perspectiva según las exigencias de cada problema complejo.

5 Octubre de 2026 14.00

Imaginá que llevás más de una hora trabajando en una decisión estratégica compleja. Después de mucho esfuerzo, las suposiciones empiezan a encajar y ese problema que 30 minutos atrás parecía inconexo comienza, por fin, a cobrar sentido.

Entonces aparece un recordatorio en el calendario: es hora de hacer una pausa. ¿Conviene detenerse?

Una corriente de pensamiento sobre productividad sostiene que sí. La prioridad debería ser proteger la energía y tomarse un respiro antes de que el cansancio afecte la capacidad de razonar. Otra plantea lo contrario: hay que preservar la profundidad y la concentración que costó tanto alcanzar, sin interrumpir el proceso justo cuando el problema empieza a tomar forma.

Ambas posturas pueden ser correctas. Y ambas también pueden estar equivocadas.

Ahí aparece uno de los principales límites de gestionar la atención ejecutiva según el reloj. El tiempo puede indicar cuánto llevás trabajando, pero no revela en qué momento de un proceso mental te encontrás ni qué necesita tu atención a continuación.

(SE PUEDE USAR) ejecutivo, tiempo, descanso Crédito: Imagen creada con IA
Estar pendiente del tiempo constantemente puede ser un problema (Foto: Imagen creada con IA)

Para los ejecutivos cuyas jornadas combinan estrategia, análisis, reuniones, redacción, toma de decisiones y conversaciones, esta distinción resulta especialmente relevante. El trabajo de mayor valor exige cambiar de manera constante entre distintos modelos mentales y, cada vez que ocurre ese cambio, reconstruir el hilo de aquello en lo que se estaba pensando.

Por eso, uno de los desafíos de liderazgo que suele pasar inadvertido quizá no sea simplemente la falta de concentración ni la falta de descanso.

El verdadero problema podría estar en cómo se producen las transiciones entre diferentes modos de pensamiento y en el costo cognitivo que implica pasar de uno a otro.

El debate entre concentración y descanso parte de una pregunta equivocada

La mayoría de los consejos sobre productividad giran alrededor de dos ideas contrapuestas.

Una sostiene que el trabajo de concentración tiene un gran valor y que, por eso, los líderes deberían proteger los períodos de atención sin interrupciones.

La otra postura sostiene que la concentración no puede mantenerse de forma indefinida, por lo que los líderes deberían hacer pausas periódicas y retomar sus tareas con energías renovadas.

La investigación sugiere que ninguna de las dos ideas debería convertirse en una regla universal.

(SE PUEDE USAR) concentración, ejecutivo  Crédito: Imagen creada con IA
Hay teorías que sostienen que la concentración debe ser sostenida (Foto: Imagen creada con IA)

La mayoría de los consejos sobre productividad se organizan alrededor de dos ideas aparentemente contrapuestas.

Una sostiene que el trabajo que exige una concentración profunda tiene un gran valor y que, por lo tanto, los líderes deberían proteger los períodos de atención sostenida frente a las interrupciones.

La otra plantea que la concentración no puede mantenerse de manera indefinida y que, por eso, conviene incorporar pausas periódicas para recuperar energía antes de retomar una tarea.

Sin embargo, la evidencia sugiere que ninguna de estas dos ideas debería transformarse en una regla universal. Una revisión sistemática y un metaanálisis publicados en 2022 sobre los microdescansos encontraron beneficios pequeños, aunque estadísticamente significativos, sobre el vigor y la reducción de la fatiga. En cambio, la mejora general en el rendimiento de las tareas no alcanzó significancia estadística y los efectos variaron según el tipo de actividad y la duración de la pausa.

Esa diferencia obliga a repensar la forma en que los líderes entienden la recuperación: sentirse mejor no necesariamente significa pensar o rendir mejor.

Al mismo tiempo, continuar trabajando sin interrupciones también puede generar costos cognitivos. Pero abandonar una tarea compleja justo cuando el razonamiento comienza a tomar forma también tiene un precio. El verdadero desafío, entonces, no consiste simplemente en elegir entre seguir concentrado o descansar, sino en determinar cuándo conviene hacer cada cosa.

Hombre mayor sonriente con gafas teniendo una videollamada en un laptop, sentado cómodamente en interiores.
Al mismo tiempo, continuar trabajando sin interrupciones también puede generar costos cognitivos. Foto: Pexels

Una investigación revisada por Stephen Monsell mostró que, después de cambiar de una tarea a otra, las personas suelen responder más lentamente y cometer más errores. Prepararse para la transición puede reducir esos costos, pero no logra eliminarlos por completo.

Los trabajos de Sophie Leroy agregan otra dimensión relevante para el ámbito laboral. Cuando una persona abandona una tarea sin terminar para comenzar otra, parte de los pensamientos asociados con la primera puede seguir activa. Leroy denomina a este fenómeno residuo atencional, y advierte que puede dificultar la capacidad de concentrarse plenamente en la actividad siguiente.

Esto devuelve el foco al dilema ejecutivo. Hacer una pausa puede generar una sensación inmediata de alivio, pero también puede volver más difícil reconstruir el problema y recuperar el hilo de pensamiento al regresar.

Continuar, en cambio, permite conservar activa información valiosa y aprovechar el contexto mental ya construido. Sin embargo, esa ventaja no necesariamente se mantiene de forma indefinida: a medida que aumenta el cansancio, los beneficios de seguir pueden reducirse.

La decisión, entonces, no pasa únicamente por parar o continuar, sino por evaluar qué costo cognitivo resulta mayor en cada momento: interrumpir un proceso mental todavía productivo o prolongarlo cuando su rendimiento empieza a caer.

Oficina, trabajo, cansancio, empleados - SE PUEDE USAR - Imagen creada con IA
Parar puede generar una sensación de alivio, pero también puede dificultar la reconstrucción del problema (Foto: Imagen creada con IA)

La pregunta útil, entonces, no es simplemente "¿Debo continuar o tomar un descanso?". Es: ¿Qué tipo de razonamiento requiere este problema a continuación?

El distanciamiento es un evento. La recuperación es un resultado.

Acá es donde la idea de "ruptura" puede resultar engañosa. Dos ejecutivos pueden alejarse de una tarea durante 10 minutos y, sin embargo, atravesar experiencias cognitivas completamente diferentes.

Uno interrumpe un análisis todavía inconcluso, revisa el correo electrónico, abre tres conversaciones nuevas y luego intenta retomar el trabajo con fragmentos de cuatro problemas distintos ocupando su atención.

El otro cierra una etapa coherente de trabajo, se aleja temporalmente de una tarea que exige concentración y regresa sin haber incorporado otro objetivo cognitivo relevante.

Ambos hicieron una pausa. Pero solo uno pudo convertirla en una recuperación verdaderamente útil.

Las investigaciones sobre recuperación en el ámbito laboral respaldan esta distinción. Sabine Sonnentag y Charlotte Fritz identifican distintas experiencias asociadas a este proceso, entre ellas el distanciamiento psicológico, la relajación, el dominio y el control. Esto significa que alejarse durante un determinado período de una tarea no genera necesariamente el mismo efecto psicológico en todas las circunstancias. Y, en algunos casos, la intervención más útil ni siquiera consiste en recuperarse.

Las investigaciones sobre descarga cognitiva muestran que las personas pueden recurrir a acciones físicas o recursos externos para modificar las exigencias que impone el procesamiento de información de una tarea. Un recordatorio, una anotación o una representación escrita pueden reducir la cantidad de información que debe mantenerse activamente en la mente.

Esto abre una posibilidad diferente: tal vez no siempre sea necesario dejar de pensar en un problema. A veces, lo más efectivo puede ser cambiar la forma en que sostenemos ese pensamiento.

IA, liderazgo (SE PUEDE USAR) Crédito: Imagen creada con IA
Dos ejecutivos pueden dejar de trabajar durante 10 minutos y atravesar experiencias cognitivas muy diferentes (Foto: Imagen creada con IA)

Un ejecutivo que deja de sostener mentalmente seis supuestos y los dibuja en una pizarra cambió su modo cognitivo, pero no necesariamente dejó de pensar.

Un líder que deja un documento y sale a caminar mientras evalúa alternativas podría atravesar un proceso diferente. La investigación de Marily Oppezzo y Daniel Schwartz reveló que caminar mejoró la generación de ideas creativas divergentes durante la caminata y poco después. Sin embargo, este hallazgo no debería extenderse a todas las formas de razonamiento analítico o juicio ejecutivo. 

Benjamin Baird y sus colegas también encontraron evidencia de que una actividad poco exigente, capaz de favorecer la divagación mental, podría mejorar el desempeño ante problemas creativos planteados previamente. 

La diferencia práctica es importante:

A veces necesitás recuperar capacidad, pero otras necesitás reorganizar el problema. No se trata del mismo diagnóstico.

Una forma diferente de pensar la atención ejecutiva

Empecé a considerar esto como secuenciación cognitiva. Un artículo de 2013 define la secuenciación cognitiva estratégica como el problema del "bucle externo", que consiste en decidir qué proceso cognitivo aplicar en un momento determinado para resolver tareas complejas de varios pasos. Otro artículo de 2016 presenta un "Marco teórico unificado para la secuenciación cognitiva". 

Los conceptos que la integran, como el cambio de tareas, la retención de la atención, la recuperación, la incubación y la descarga cognitiva, provienen de tradiciones de investigación establecidas. Esta síntesis representa mi intento de convertir esos hallazgos en un marco más útil para la toma de decisiones de liderazgo.

El marco consta de cuatro pasos:

  1. Persistí. Mantené la continuidad mientras el modelo mental siga aportando valor. Preguntate: ¿Qué ideas valiosas perdería si me detuviera ahora?
  2. Recuperate. Reducí la exigencia cognitiva cuando la caída de la capacidad mental limite de verdad el trabajo útil. Preguntate: ¿Está disminuyendo mi capacidad o simplemente se trata de un pensamiento difícil?
  3. Reconfigurá. Cambiá la manera de abordar el problema cuando la representación actual parezca ser la limitación. Preguntate: ¿Necesito más energía o una perspectiva diferente del problema?
  4. Reingresá. Conservá el contexto suficiente para volver sin tener que reconstruir el problema de manera innecesaria. Preguntate: ¿Qué debe sobrevivir a esta transición?

El objetivo no es maximizar ninguno de estos modos en particular, sino ordenarlos de manera inteligente.

(SE PUEDE USAR) ejecutivo, atención   Crédito: Imagen creada con IA
Los ejecutivos realizan distintos tipos de trabajo cognitivo incluso dentro de un mismo problema estratégico (Foto: Imagen creada con IA)

Esa distinción importa porque los ejecutivos realizan distintos tipos de trabajo cognitivo incluso dentro de un mismo problema estratégico. Generar posibilidades puede beneficiarse de una configuración mental distinta de la necesaria para evaluarlas. Integrar evidencia puede requerir continuidad. La fijación puede exigir un cambio de representación. El cansancio, en cambio, puede requerir una desconexión genuina.

El alto rendimiento no consiste en sostener un estado cognitivo óptimo, sino en organizar con disciplina distintos modos de pensamiento según lo que la tarea requiera a continuación.

El punto en el que te detenés puede ser tan importante como la duración de la pausa.

Otro aspecto de este problema merece mayor atención por parte de los líderes: los límites. La mayoría de los sistemas de pausas utilizan el tiempo transcurrido como señal. Trabajás durante un intervalo fijo. Parás. Reiniciás. Pero el pensamiento complejo no siempre se organiza de manera continua.

A veces llegás a un límite natural: el árbol de decisiones está completo, las alternativas ya se identificaron o la primera etapa del análisis alcanzó un punto de cierre coherente.

En otras ocasiones, gran parte del valor reside únicamente en tu modelo mental activo. Abandonar la tarea en ese momento puede generar una carga de reconstrucción mucho mayor.

La investigación sobre interrupciones estudió directamente este tema. Los trabajos sobre el momento de las interrupciones indican que aquellas que ocurren en distintos puntos estructurales de una tarea pueden generar diferentes exigencias al momento de retomarla. Esta línea de investigación aporta respaldo empírico a la idea general de que el momento de la interrupción importa, aunque todavía no valida un sistema específico de límites ejecutivos. 

Esto conduce a un principio práctico que denomino Diseño de Límites Cognitivos: siempre que sea posible, conviene ubicar las transiciones deliberadas en relación con unidades significativas de trabajo cognitivo, en lugar de permitir que el tiempo transcurrido sea el único factor que determine la decisión.

Pensá en cuatro estados posibles.

  1. El trabajo puede darse por concluido: completaste una unidad cognitiva coherente.
  2. Puede quedar suspendido, pero codificado: el trabajo está incompleto, pero exteriorizaste en qué punto estás y qué viene después.
  3. Puede quedar suspendido y sin codificar: el contexto crítico todavía existe, principalmente, dentro de tu modelo mental activo.
  4. O puede quedar estancado: seguís involucrado, pero el pensamiento ya no avanza de manera significativa.

Estas categorías no cuentan con validación científica. Son pasos prácticos que derivé de mi investigación. Pero conducen a una pregunta ejecutiva más pertinente que: "¿Se apagó el temporizador?".

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"¿La dificultad del trabajo se debe a que mi capacidad disminuye o a que el problema finalmente exige una reflexión más profunda?" es una pregunta recurrente (Foto: Imagen creada con IA)

Una pregunta más útil sería: ¿La dificultad del trabajo se debe a que mi capacidad disminuye o a que el problema finalmente exige una reflexión más profunda?

Esa pregunta puede evitar dos errores opuestos: alejarse de una dificultad productiva o quedar atrapado en una persistencia que ya no aporta valor.

Hay algo que conviene tener en cuenta al usar cualquier modelo o marco mental. Un marco no resulta útil solo porque tenga un nombre fácil de recordar. La secuenciación cognitiva solo se justifica si ayuda a los ejecutivos a integrar estos mecanismos, anticipar mejor lo que necesita un problema o mejorar la toma de decisiones.

Es posible que los líderes no sepan si están fatigados, atrapados en una fijación o frente a una dificultad productiva. Sentirse incómodo puede significar que el trabajo va mal, pero también que finalmente alcanzó un nivel de dificultad que exige mayor profundidad.

Por lo tanto, utilizá este marco como una herramienta de observación.

Probá un experimento de límites cognitivos durante cinco días

Durante cinco días hábiles, concentrá tu atención en las transiciones cognitivas de mayor valor, en lugar de intentar optimizarlas de inmediato. Antes de abandonar una tarea importante, prestá atención a tres cosas: tu estado, el límite y el paso siguiente.

¿Todavía progresás o empezaste a repetirte? ¿La unidad actual está completa, quedó programada de forma deliberada para retomarla más tarde o todavía depende de un contexto que conservás, sobre todo, en tu cabeza? ¿Elegís persistir, recuperarte o reconfigurar el problema?

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Si tu trabajo más valioso sufre interrupciones constantes puede que el problema exija rediseñar las reuniones, las expectativas de comunicación, los derechos de decisión o el flujo de trabajo (Foto: Imagen creada con IA)

Cuando vuelvas, observá cuánto tiempo te lleva retomar el hilo. ¿La transición realmente aportó nuevas perspectivas? ¿Sentirte renovado se tradujo en un mayor progreso? ¿La transición respondió a una decisión propia o la impuso una reunión, un mensaje o una norma de la organización?

El experimento no busca demostrar la validez del marco teórico. Su objetivo es hacer visible una parte oculta del trabajo ejecutivo. Y esa visibilidad puede revelar un problema organizacional más amplio.

Si tu trabajo más valioso sufre interrupciones constantes por obstáculos cognitivos costosos, la solución quizá no pase por mejorar tu capacidad de recuperación. Puede que el problema exija rediseñar las reuniones, las expectativas de comunicación, los derechos de decisión o el flujo de trabajo.

Una organización fragmentada no debería limitarse a enseñarles a las personas a recuperarse con mayor eficiencia de esa misma fragmentación.

La próxima habilidad ejecutiva podría ser la secuenciación

Un principio musical me acompañó a lo largo de toda esta investigación. Un descanso no crea valor simplemente porque el músico deje de tocar. Su significado depende del lugar que ocupa.

¿Qué hubo antes? ¿Qué viene después? ¿Qué exige la frase?

Lo mismo ocurre con una nota sostenida. Mantenerla durante más tiempo no mejora automáticamente la interpretación. En algún momento, la composición exige movimiento.

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La IA, las plataformas de comunicación y los flujos de trabajo cada vez más complejos brindan a los líderes más formas de cambiar de modo cognitivo (Foto: Imagen creada con IA)

Esa metáfora no constituye evidencia científica. Pero refleja con precisión el desafío del liderazgo. La verdadera habilidad no consiste en concentrarse durante el mayor tiempo posible. Tampoco en descansar con la mayor frecuencia posible.

Se trata de saber cuándo prolongar la frase, cuándo crear espacio, cuándo cambiar la disposición y cómo volver a ella sin perder la composición.

A medida que la IA, las plataformas de comunicación y los flujos de trabajo cada vez más complejos brindan a los líderes todavía más formas de cambiar de modo cognitivo, esta pregunta puede adquirir mayor importancia: ¿En qué punto del proceso de pensamiento una herramienta adicional mejora la cognición y en cuál interrumpe un modelo mental que debería permanecer intacto?

Así que, antes de tu próxima transición, resistí la tentación de mirar solo el reloj.

Preguntate: ¿Qué ideas valiosas perdería si me fuera ahora?

Después, planteate una pregunta más profunda: ¿Qué requiere a continuación la frase cognitiva?

Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.

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