Cecilia Valleboni Forbes Staff
El camino hacia la cima no suele ser una línea recta, y la historia de Giuliano Pagano es prueba de ello. Antes de consolidarse como el coach mental de figuras de la talla de Enzo Fernández, Pagano atravesó un "desierto" personal que incluyó trabajar como albañil para pagar deudas mientras el club polaco donde jugaba entraba en quiebra. Hoy, desde su base en Devoto, lidera Futbolista Consciente, una organización que asiste a más de 100 jugadores profesionales en 17 países, con un equipo interdisciplinario de psicólogos, coaches y especialistas.
Su marca, nacida oficialmente en mayo de 2025, logró instalar la programación neurolingüística y el coaching como herramientas de alto rendimiento en el hermético mundo del fútbol. El núcleo de su propuesta es humanizar el deporte rey. Para Pagano, el principal conflicto del deportista de élite —y por extensión, del líder corporativo— no es la falta de talento, sino el miedo a no estar a la altura. Según explica, los profesionales suelen traducir esto como "falta de confianza", pero en su libro sostiene una premisa disruptiva: "No te falta confianza, te sobran dudas". El enfoque del método busca que el individuo deje de medir su valor personal en función de resultados externos —ser titular o cumplir una meta trimestral— para anclarse en una creencia donde el poder reside en la actitud y no en las circunstancias externas.
La metodología de Futbolista Consciente se sostiene sobre tres pilares fundamentales que son perfectamente trasladables al liderazgo empresarial: la identidad, el propósito y la coherencia. Pagano sostiene que si un líder no sabe quién es, termina viviendo para lo que los demás esperan de él. El propósito, por su parte, es el motor que trasciende lo económico; no se trata de trabajar solo por el dinero, sino de encontrar un "para qué" superior. Finalmente, la coherencia exige una alineación total entre lo que se piensa, se siente y se hace. Para Pagano, la falta de confianza es siempre una consecuencia de la incoherencia interna, como cuando un profesional dice ser responsable pero no cumple con sus hábitos de disciplina básicos.
Existe un paralelismo directo entre un CEO que maneja inversiones millonarias y un futbolista de clase mundial que debe decidir un pase en milésimas de segundo. En ambos escenarios, el bloqueo suele venir del miedo a la pérdida. Pagano entrena a sus clientes para diferenciar la presión de la pasión. Mientras que la presión nace del deseo de control y el miedo al error, la pasión es entrega. La clave para la toma de decisiones bajo estrés es, según el coach, la intuición entrenada y la capacidad de soltar el juicio ajeno para enfocarse exclusivamente en dar el máximo rendimiento posible en el presente.
En el mundo corporativo, los fracasos suelen verse como catástrofes, pero la mirada de Pagano invita a una reinterpretación del caos. Cuando los resultados no se dan, él lo ve como una oportunidad para desarrollar cualidades que el éxito oculta, como la resiliencia o la mejora de sistemas internos. Entrenar la gratitud y la responsabilidad frente a la victimización permite que tanto el ejecutivo como el mediocampista de élite vean en la crisis un sentido de aprendizaje. Un caso emblemático que cita el coach es el de un jugador que, tras meses sin convertir goles y siendo resistido por su hinchada, mantuvo la paz interior. Ese cambio de energía hizo que, contra toda lógica estadística, fuera comprado por el club campeón de su país, donde finalmente explotó su potencial.
El futuro de la startup apunta a la expansión global y a la transformación de las instituciones. Con el objetivo de llevar la metodología a 180 países para 2030, Pagano ya comenzó a trabajar con clubes de fútbol y organizaciones que buscan una identidad sólida. En un ecosistema donde el rol del líder está mutando de jefe autoritario a guía consciente, el trabajo de Pagano resalta una verdad fundamental para el mundo de los negocios: para gestionar equipos de alto impacto y obtener resultados extraordinarios, primero hay que tener la valentía de mirar hacia adentro y reconocer a la persona detrás del cargo.