En los últimos meses, neurocirujanos de hospitales de Florida, Connecticut y Nueva York estuvieron preparando una operación experimental destinada a tratar el Alzheimer, una enfermedad que provoca una devastadora pérdida de memoria. La intervención, que hasta ahora se practicó únicamente en cadáveres, tiene como objetivo despejar las vías de drenaje del cerebro. La teoría es que, al mejorar ese drenaje, el sistema linfático puede eliminar con mayor eficacia las toxinas que los científicos consideran características clave de la enfermedad.
El Alzheimer afecta actualmente a aproximadamente 7 millones de personas solo en Estados Unidos y los científicos esperan que este enfoque quirúrgico abra una nueva vía en la búsqueda de tratamientos más efectivos.
Para ello, recurren a los instrumentos robóticos quirúrgicos más pequeños del mundo, capaces de sostener agujas diminutas del tamaño de pestañas, con tijeras y dilatadores de aproximadamente el grosor de un cabello humano.
Los vasos linfáticos del cuello que los cirujanos operarían para el procedimiento de Alzheimer pueden tener tan solo 0,2 milímetros de diámetro, el grosor equivalente a dos hojas de papel. “Es como tomar un par de mechones de cabello y unirlos con suturas diminutas”, afirma Mark Toland, director ejecutivo de MMI, una empresa emergente con sede en Jacksonville, Florida, que fabrica los microrrobots.
El objetivo es realizar la primera de estas cirugías microrobóticas en al menos cinco pacientes este mes.
Si bien se trata de un estudio clínico en una etapa muy temprana, se basa en informes de unas 5000 cirugías experimentales realizadas en China y otros países asiáticos durante los últimos cinco años, que ayudan al sistema linfático a eliminar la acumulación en el cerebro. “Mostraron resultados notables, aunque en gran medida anecdóticos. Los cirujanos no solo lograron ralentizar la progresión de la enfermedad, sino que también consiguieron que pacientes con Alzheimer moderado regresaran a una etapa más leve de la enfermedad”, afirma Toland.
En noviembre, MMI recibió la aprobación de la FDA para proceder con los ensayos, con el objetivo de demostrar primero la seguridad del procedimiento en 15 personas. Si el ensayo inicial tiene éxito, Toland espera comenzar a inscribir de 200 a 300 pacientes en un ensayo clínico a gran escala a finales de este año. Con suerte, cree que la startup podría recibir la aprobación para el uso de sus microrrobots en el tratamiento del alzhéimer para finales de 2027.
“Nadie va a adoptar este procedimiento basándose en información procedente de China o incluso de Corea”.
Mark Toland, director ejecutivo de MMI.
Suena bastante descabellado. Una vez que el Alzheimer fue más allá de sus primeras etapas, no se conoce ningún tratamiento, y los intentos fueron un rotundo fracaso. “Como inversor, si dices: ‘Tengo un posible tratamiento para el Alzheimer’, la reacción natural es decir: ‘No hay ninguna posibilidad de que funcione’”, afirma el Dr. Andrew ElBardissi, inversor de MMI y socio de Deerfield Management, que cuenta con más de US$ 15.000 millones en activos invertidos en empresas del sector sanitario. “Debe ser la enfermedad biológica más compleja, sin una lógica mecanicista clara para solucionarla y con un sinfín de fracasos. Así que ese es el punto de partida”, sostiene.

Pero los ensayos clínicos de MMI se basan en un conjunto relativamente nuevo de investigaciones científicas sobre el sistema de eliminación de desechos del cerebro, que podría brindar nuevas esperanzas para quienes padecen la enfermedad y sus familias.
De qué se trata la enfermedad
Los cerebros de las personas con Alzheimer presentan grumos gomosos conocidos como placas amiloides y acumulaciones de una proteína llamada tau. Descubrir cómo evitar la acumulación de estas toxinas, y mucho menos eliminarlas una vez que lo hacen, resultó ser extremadamente difícil.
Sin embargo, el sistema natural de eliminación de desechos del cerebro, descubierto por primera vez en 2012, ofrece una posibilidad de tratamiento. Los investigadores están estudiando la inyección de proteínas o la estimulación de los ganglios linfáticos alrededor de la mandíbula con un dispositivo pulsátil para ayudar al cerebro a eliminar esas toxinas, entre otras estrategias. Esta cirugía, con la ayuda de microrrobots, tiene como objetivo facilitar el drenaje natural de los desechos cerebrales.
“Es un problema de plomería”, dice Toland, de 56 años. “En una cirugía de corazón, se obstruye una arteria y se desvía la obstrucción para restablecer el flujo y no se produce un infarto. Es lo mismo”, agrega.
Toland tiene una larga trayectoria en el uso de robots para este tipo de problemas de plomería. Antes de unirse a MMI en 2021, fue director ejecutivo de Corindus Vascular Robotics, empresa dedicada al tratamiento de obstrucciones coronarias, que vendió a Siemens Healthineers por US$ 1.100 millone en 2019, y también se desempeñó como ejecutivo del gigante biomédico Boston Scientific.
Quién está atrás del experimento
Fundada por tres especialistas en robótica italianos en 2015, MMI (siglas de Medical Microinstruments, Inc.) actualmente vende robots de precisión capaces de manipular microagujas y tijeras diminutas, utilizadas en cirugías como la reparación de nervios, la reconstrucción mamaria post cáncer y la eliminación de linfedemas.
Llamado Symani, el robot permite a los cirujanos operar vasos linfáticos de menos de 0,5 milímetros; los médicos visualizan el procedimiento en una pantalla con un aumento extremo.
Cada robot cuesta US$ 1,5 millones, y la empresa también obtiene beneficios de esas diminutas agujas y tijeras, que solo se pueden usar una vez (de forma similar a cómo las empresas de afeitadoras obtienen ingresos continuos con la venta de cuchillas). Toland proyecta que los ingresos de MMI alcanzarán los US$ 50 millones este año, más del doble de los US$ 20 millones en ventas de 2025. Hasta la fecha, MMI recaudó un total de US$ 220 millones, incluyendo fondos de Fidelity y de los principales inversores en salud y ciencias de la vida, Deerfield y RA Capital, con una valoración de alrededor de US$ 500 millones.

Pero tratar a pacientes con Alzheimer con cirugía representa la apuesta más grande y audaz de MMI hasta la fecha, con un mercado potencialmente masivo. Más de 55 millones de personas en todo el mundo padecen Alzheimer u otra forma de demencia, y se espera que esa cifra alcance los 78 millones para 2030. “Nadie va a adoptar este procedimiento basándose en información proveniente de China o incluso de Corea”, afirma Toland. “Pero si establecemos una base de investigación en Estados Unidos, será un punto de inflexión para todo el mundo”, advierte.
Otros antescedentes
En 2015, el exingeniero de Intuitive Surgical, Giuseppe Maria Prisco, le planteó un reto a su amigo Massimiliano Simi, doctor en tecnologías innovadoras y robótica médica por la Escuela Superior Sant'Anna de Pisa, Italia. ¿Podría diseñar “el instrumento más pequeño jamás creado?”, recuerda Simi, de 43 años.
Simi, ahora vicepresidente global de I+D de la empresa (y el único fundador que sigue en MMI), regresó con el primer prototipo del robot de la compañía. El pequeño equipo de la startup, con sede en Pisa, dedicó los dos años siguientes a perfeccionarlo basándose en los comentarios de los cirujanos. “Era muy feo, pero eficaz”, afirma Simi. Su plan original era utilizar el robot para procedimientos reconstructivos, en los que los cirujanos trasladan tejido de una parte del cuerpo a otra tras un traumatismo o cáncer.
Para enero de 2021, cuando Toland se incorporó como director ejecutivo de MMI, sus robots solo se habían utilizado en cuatro cirugías en Florencia, tres de las cuales implicaban la reconstrucción de piernas. El mandato de Toland era comercializar los robots en miniatura y obtener financiación para ello.
En 2022, ElBardissi, quien estaba considerando a MMI como una posible inversión, viajó a Italia para ver el robot en acción. “Sabía que si veía el robot, sabría si aportaba valor o si no estaba listo para su uso”, afirma. Cuando se sentó a los controles del robot para suturar un vaso sanguíneo diminuto, se quedó “impresionado”. “Soy cirujano cardíaco, pero estamos hablando de algo del grosor de un cabello, y yo estaba suturándolo por un lado y uniéndolo”, expresa.
Ese año, ElBardissi lideró una ronda de inversión de US$ 75 millones en el negocio. MMI sigue siendo la primera y única empresa de robótica en la que invirtió.
El ensayo clínico de la compañía se basa en un procedimiento de drenaje linfático que el Dr. Qingping Xie, cirujano de Hangzhou, China, inició en 2020. Sin embargo, la cirugía era experimental y solo la había realizado manualmente. En 2021, Xie empezó a buscar robots para mejorarla y contactó con Toland. “Me mostraba vídeos increíbles de lo bien que estaban estos pacientes”, comenta Toland. “Tenía muchas dudas al verlos por primera vez”, sostiene.

Pero Toland sintió la suficiente curiosidad como para enviar personal de MMI a China, donde hicieron seguimiento a los pacientes durante semanas después de la cirugía para comprender mejor qué estaba sucediendo, comenta. “Cada vez que enviábamos a alguien a evaluarlo, regresaban más entusiasmados”, relata.
Toland finalmente presentó a la junta directiva de MMI la posibilidad de obtener la aprobación de los robots de la compañía para la cirugía. Tras ver videos preoperatorios y posoperatorios de pacientes, ElBardissi decidió: “Es difícil argumentar que no hay nada”.
“Me estaba mostrando unos vídeos increíbles sobre lo bien que estaban estos pacientes”.
Mark Toland, director ejecutivo de MMI.
Dentro de la comunidad científica, hay tanto escepticismo como esperanza. “Es una idea muy provocadora e interesante”, afirma Jeff Iliff, profesor de Medicina de la Universidad de Washington e investigador líder en este campo. “Existen algunos datos observacionales, pero aún no se realizaron estudios definitivos”, completa.
Roslyn Bill, profesora de la Universidad de Aston en Birmingham, Reino Unido, cuyo trabajo sobre el Alzheimer se centra en cómo una proteína específica controla la eliminación de desechos del cerebro, señala la posibilidad de que se produzca inflamación cerebral con la cirugía. “¿Me gustaría ser uno de esos pacientes? Creo que no, no en esta etapa”, afirma.
Parte del problema es que hasta ahora no se realizó ningún estudio clínico en Estados Unidos. “Nunca prestamos atención hasta que este chino empezó a hablar de esto y despertó todo este interés”, afirma el Dr. Ricardo Hanel, neurocirujano de Baptist Health en Jacksonville, Florida, uno de los médicos que participan en el ensayo clínico de MMI. Es difícil evaluar la investigación de China y Corea hasta el momento, afirma, y el gobierno chino coincide. En julio de 2025, la máxima autoridad sanitaria de Pekín prohibió la popular cirugía a la espera de más estudios clínicos. “Todo esto es muy nuevo, así que cuando se habla con neurocirujanos, la gente pregunta: ‘¿Es esto medicina vudú?’”, añade.
Sin embargo, las encuestas sobre las operaciones en Asia y los estudios existentes concluyeron que hay suficiente evidencia para justificar una mayor investigación. En enero, un grupo de médicos franceses publicó una revisión de los nueve estudios existentes sobre la cirugía en la Revista de Prevención de la Enfermedad de Alzheimer. Concluyeron que, “aunque la evidencia clínica es limitada, la cirugía mostró posibilidades terapéuticas prometedoras”.
Toland espera que el proceso de aprobación de la FDA demuestre lo que las cirugías en Asia ya indican: que la cirugía linfática, especialmente cuando se realiza con los microrrobots de MMI, puede ser un tratamiento seguro y potencialmente eficaz para el Alzheimer moderado. “Trabajé en la estructura del cuerpo toda mi vida”, afirma. “Si se arregla la estructura del cuerpo, el cuerpo funciona bien”, completa. Ahora solo queda demostrarlo.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com