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Residuos nucleares
Innovacion

Esta empresa asegura que puede transformar el residuo nuclear en el nuevo oro del siglo XXI y así convertilos en un activo estrategico

John Koetsier

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Podría convertir toneladas de desechos radiactivos en insumos clave para tecnología, medicina y energía limpia, con un sistema que promete recuperar metales preciosos y acortar miles de años de toxicidad.

28 Agosto de 2025 20.20

Una nueva empresa asegura que puede transformar residuos nucleares peligrosos en combustible reutilizable y en metales y materiales raros de alto valor, como el rodio y el paladio, que se usan en convertidores catalíticos, así como el criptón-85 y el americio-241, presentes en productos electrónicos y detectores de humo.

La startup se llama Curio y su director ejecutivo es Ed McGinnis, exsecretario adjunto interino de Energía Nuclear del Departamento de Energía de Estados Unidos. McGinnis sostiene que el combustible nuclear gastado no es un desecho peligroso, sino un recurso valioso.

"Después de que (el combustible nuclear) se usa durante unos cinco años en Estados Unidos... solo se aprovechó alrededor del 4% de ese valor energético", me comentó en un podcast reciente de TechFirst. "Es incluso mejor que eso. Porque la magia del uranio, al fisionarse, genera una plétora de otros isótopos de gran valor: para fines médicos, para la exploración espacial, para procesos industriales. Y además... se crean metales preciosos raros".

Estados Unidos tiene hoy 94 reactores nucleares comerciales que generan casi 97 gigavatios de energía baja en carbono, lo que representa cerca del 19% de la electricidad del país. Sin embargo, gran parte de la infraestructura vinculada al uranio y su enriquecimiento sigue dependiendo fuertemente de Rusia, lo que afecta la seguridad energética nacional. Al mismo tiempo, el auge de la inteligencia artificial llevó a gigantes tecnológicos como Microsoft, Google y Amazon a demandar cada vez más energía nuclear para alimentar sistemas de inteligencia artificial generativa neutra en carbono.

Según Curio, la clave está en los vertederos donde hoy se acumulan residuos nucleares tóxicos.

En el pasado, reciclar combustible nuclear para extraer la energía restante era un proceso sucio y peligroso, ya que usaba ácido nítrico y generaba contaminación radiactiva adicional. En cambio, el método de Curio combina electroquímica y piroprocesamiento en seco. Utiliza calor y reacciones químicas para separar isótopos y productos de fisión a partir de sus diferencias en puntos de ebullición y pesos moleculares. Además, aplica corrientes eléctricas para aislar elementos metálicos como el uranio y el plutonio, aprovechando que casi todos los productos de fisión nuclear son metales o tienen un comportamiento similar.

El proceso da como resultado elementos limpios y separados: uranio, que puede reutilizarse como combustible en reactores; plutonio, utilizable en nuevos tipos de reactores en bajas purezas no aptas para armas, y una larga lista de materiales valiosos como rodio, paladio, criptón, americio, cesio y estroncio, entre otros.

¿Y el uranio para alimentar los reactores?

"Extraeremos lo suficiente", afirma McGinnis, "para abastecer anualmente hasta un tercio de toda la materia prima de uranio nuclear de Estados Unidos desde una sola instalación", agrega.

Estados Unidos acumula hoy unas 90.000 toneladas métricas de combustible nuclear gastado altamente radiactivo y cada año se suman otras 2.000 toneladas. A nivel mundial, existen alrededor de 400.000 toneladas, aunque solo un tercio fue reprocesado.

En otras palabras, hay materia prima de sobra.

Si el método funciona como promete, la mejor noticia es que el reprocesamiento permite reducir materiales con una radiactividad peligrosa durante 10.000 años a residuos que solo resultan inseguros durante unos pocos cientos de años. Esto cambia las reglas del juego en varios sentidos: menos residuos nucleares en total y materiales restantes más fáciles de gestionar, lo que también facilita —y vuelve más viable políticamente— la búsqueda de sitios seguros para su almacenamiento.

Entonces, ¿funcionará?

McGinnis está convencido de que sí. El Departamento de Energía financia principalmente un contrato de demostración de tres años en un laboratorio nacional, que debería completarse el año que viene. Si todo avanza como esperan, una planta a escala comercial podría construirse en un plazo de tres a cinco años.

Esto abriría una doble puerta para Estados Unidos: resolver tanto su crisis energética impulsada por la inteligencia artificial como el dilema de los residuos nucleares, y además generar una nueva fuente de metales e isótopos de alto valor. Según Curio, su sistema de procesamiento permitiría cubrir hasta el 10% de la demanda mundial de rodio, solo a partir de residuos nucleares estadounidenses.

Todo esto podría cambiar por completo la forma en que entendemos los residuos nucleares: no como un pasivo, sino como un recurso estratégico y un componente clave para una infraestructura energética segura y limpia de cara al futuro.

 

Nota publicada por Forbes US

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