Durante varios años, Casa Manantial funcionó como un rumor en Punta del Este. Un espacio nacido en plena pandemia, creado por emprendedores tecnológicos que buscaban algo tan simple, y tan escaso en ese momento, como conversar en comunidad y trabajar de forma compartida. Recién ahora, en el marco del Punta Tech 2026, algunos de sus fundadores decidieron romper el silencio y hablar públicamente por primera vez con Forbes.
La historia la empieza contando Gastón Frydlewski, uno de los fundadores originales y actual CEO: “Todo esto arranca con la pandemia, cuando un grupo de emprendedores nos mudamos a Punta del Este. Empezamos a juntarnos a cenar una vez por semana para salir un poco de casa. Éramos todos emprendedores, en su mayoría tecnológicos, y las conversaciones que se daban nos impresionaban”.

Durante dos años, esas cenas, que ocurrían todos los miércoles, crecieron hasta reunir a 20 personas. “Venía de vivir en Nueva York y nunca me imaginé tener ese nivel de intercambio en Punta del Este, en invierno y en pandemia”, recuerda Frydlewski, cofundador de HICKIES. Con el tiempo, el encierro del home office empezó a pesar y la necesidad de un espacio común se volvió evidente.
La solución fue tan improvisada como efectiva: alquilar un hotel cerrado en Manantiales. Doce habitaciones, cada una convertida en oficina privada. “Cada uno lideraba una compañía distinta, no había equipos. Así nació Casa Manantial”, explica. El grupo original era de diez personas, entre quienes estaba Tomas Roggio, de Latitud; hoy, son casi 50 miembros activos.
Un club de negocios que no es cowork ni fondo
Entre los fundadores hay perfiles diversos, pero un hilo conductor claro. Tomás Braun, ingeniero en tecnología y Director Ejecutivo de Grupo Financiero Galicia, lo resume así: “Muchos veníamos del mundo del emprendimiento tecnológico y de la inversión. Pero también hay gente de biotech, cannabis y otros rubros. Lo que nos une es el interés por los negocios y las inversiones”.

Esa combinación de capital y talento empezó a generar un efecto imán. Según René Labarthe, también fundador original, el crecimiento fue completamente orgánico: “Alguien traía a un amigo que venía a Punta del Este, se proponía una charla íntima y empezábamos a generar contenido. Eso atraía a otros. Una cosa llevó a la otra”.
Hoy, Casa Manantial funciona en su segundo hotel. El primero quedó chico cuando la comunidad superó los 30 miembros y, además, volvió a operar como hotel tradicional en temporada alta. El actual espacio cuenta con 25 oficinas privadas, áreas comunes de trabajo y un esquema flexible: los 50 miembros se alternan durante la semana.
“Es muy importante explicar que no somos un cowork”, aclara Martín Borchardt, fundador de Henry. “No se paga por día ni por mes como un espacio tradicional. Esto es una comunidad”. La admisión también es orgánica: recomendación de un miembro, presencia en los asados de los viernes y, sobre todo, fit cultural.

Negocios, bienestar y confidencialidad
Además de oficinas equipadas, Casa Manantial incorporó una dimensión poco habitual en espacios de trabajo: wellness. Alimentación saludable diaria, gimnasio, sauna, yoga, personal trainer y artes marciales forman parte de la experiencia. “Los emprendedores viven bajo mucha presión. Queríamos que este también fuera un lugar de escape”, explican.
La confidencialidad fue clave desde el inicio. El grupo de WhatsApp, cerrado y privado, es uno de los activos centrales. “Si sos miembro, tenés un motivo para ayudar y confiar”, dice Borchardt. Las conexiones surgen de forma constante: inversiones entre miembros, partnerships entre startups, servicios profesionales cruzados y presentaciones estratégicas.
Según Andrés Burecovics, otro de los fundadores, el crecimiento de la casa acompaña el de Punta del Este como hub emprendedor: “Hoy Punta del Este tiene gran peso en el mundo emprendedor y eso acompañó el crecimiento de la comunidad”.

De rumor a visibilidad selectiva
¿Por qué abrirse ahora? La respuesta combina timing y oportunidad. “El rumor ya circuló entre mucha gente”, explican. Con el primer verano completo en este nuevo espacio y la llegada de emprendedores globales por períodos cortos, decidieron dar visibilidad a la existencia de la casa, sin romper la confidencialidad del día a día.
Por Casa Manantial ya pasaron referentes del ecosistema como Sergio Fogel, fundador del unicornio uruguayo DLocal; Nicolás Szekasy, ex CFO de Mercado Libre, y otros fundadores de startups en distintas etapas. También hubo casos concretos de startups que levantaron capital a partir de vínculos generados dentro de la casa. “No pasan cosas por casualidad”, resumen los fundadores de Casa Manantial. “Si esto fuera solo amistad, faltaría la pata de business. Y acá pasan cosas”.
Un experimento en marcha
Casa Manantial no es un fondo, no es un cowork, no es un venture studio. Sus propios fundadores la definen como un experimento. “No tenemos un objetivo concreto. El objetivo original ya se cumplió: tener un lugar donde venir, charlar, trabajar y compartir”, dicen.

La diversidad es uno de los diferenciales: conviven miembros de 20 y de más de 70 años, perfiles de cripto, biotech, arte y tecnología. “¿Qué pasa cuando estas personas se ven todos los días durante cuatro años, y no en un programa de tres meses? Ahí hay una profundidad distinta”, explican.
Sobre el ecosistema regional, coinciden en una mirada optimista: talento uruguayo y argentino compitiendo de igual a igual a nivel global, fuerte actividad en biotecnología y una creciente integración rioplatense. “Ya no hablamos de países, hablamos de región”, dicen.
Casa Manantial sigue sin prometer nada. Pero en Punta del Este, mientras el resto de la ciudad se mueve al ritmo de la temporada, este club de negocios, nacido como rumor, sigue construyendo algo que, incluso para sus fundadores, todavía no termina de definirse. Y ahí, justamente, está su valor.