Basta de post-its: por qué la verdadera innovación empieza con una tensión y no con una idea
Diego Pasjalidis Director, conferencista y autor especializado en innovación
Diego Pasjalidis Director, conferencista y autor especializado en innovación
“Necesitamos ideas nuevas. Tenemos que innovar”. La frase se repite en reuniones de dirección, workshops, comités ejecutivos y planificación estratégica. Entonces aparecen las pizarras, los post-its, los mapas mentales y las dinámicas de ideación. Durante un rato, la organización siente que se mueve, se multiplican las propuestas, circulan conceptos interesantes y algunas ideas hasta parecen brillantes. Pero después pasan las semanas, los meses, y casi nada esencial cambia. El negocio sigue enfrentando los mismos cuellos de botella, los clientes continúan experimentando fricciones similares y la supuesta innovación queda archivada en una presentación atractiva, aunque inofensiva e impotente.
El problema no fue hacer brainstorming sino hacerlo demasiado pronto. Durante años, muchas empresas trataron la innovación como si fuera, ante todo, una cuestión de creatividad. Como si el gran desafío consistiera en producir más ideas, más rápido y con mayor espectacularidad. Y ahí aparece una confusión tan frecuente como costosa: la creatividad y la innovación no son lo mismo.

La creatividad es la capacidad de generar cantidad y diversidad de ideas; mientras que la innovación es la capacidad de convertir algunas de esas ideas en decisiones, soluciones, modelos o transformaciones que producen impacto real. Y entre una y otra existe un espacio decisivo que muchas organizaciones subestiman: la capacidad de identificar con precisión qué fricción (o “dolor”) vale la pena resolver.
Es cierto que no toda empresa fracasa por falta de ideas. Hay muchas que fracasan porque intentan resolver de manera creativa algo que todavía no comprendieron de manera rigurosa, al confundir síntoma con causa, urgencia con prioridad, o ruido con algo estructural. Y, cuando eso ocurre, la creatividad ya no es una ventaja sino una forma sofisticada de dispersión.
Las organizaciones conviven todos los días con procesos ineficientes, experiencias de cliente mediocres, decisiones redundantes, puntos de fuga de valor y tecnologías subutilizadas. Sin embargo, muchas de esas fricciones no se corrigen porque ya fueron absorbidas por la rutina, sino que se vuelven parte del paisaje. En ese punto, una anomalía deja de ser interpretada como tal y pasa a ser gestionada como normalidad, dando nacimiento a uno de los principales enemigos de la innovación: el exceso de acostumbramiento.
Propongo cambiar el punto de partida. Innovar no debería comenzar preguntando “¿qué idea se nos ocurre?”, sino “¿qué tensión estratégica estamos dejando de ver por costumbre?”. La “tensión estratégica normalizada” es la brecha entre el valor que una organización debería estar generando y el valor que realmente genera. Esta tensión no es solo un problema sino una señal de que el sistema actual ya no responde, aunque internamente se haya vuelto tolerable.

Esta distinción no es menor. Un directivo responde al efecto visible; el otro interpreta la tensión estructural. Y en esa diferencia se juega buena parte de la ventaja competitiva y sostenibilidad de un negocio. A partir de esta lógica, propongo una mirada que ordena la innovación no como un evento creativo, sino como una disciplina de lectura, criterio y ejecución. El modelo T.E.N.S.I.Ó.N. parte de una premisa simple: las grandes innovaciones nacen de una lectura extraordinaria de una fricción que otros ya naturalizaron.
Este modelo se puede recorrer en siete movimientos:
Desde esta perspectiva, innovar deja de ser una celebración esporádica de ideas y pasa a ser una competencia estratégica exigente: exige mirar donde otros se acostumbraron e interpretar con más profundidad que el promedio.

Todo esto nos obliga a revisar una ilusión simplista: creer que innovar depende solo de la creatividad, cuando en realidad depende de diagnóstico, criterio, adopción y ejecución. No toda organización que hace brainstorming está innovando; muchas lo hacen solo para calmar su ansiedad con post-its.
Las empresas que realmente se diferencian son las que desarrollan una sensibilidad superior para detectar antes que el resto qué tensión importa, por qué importa ahora y qué decisión puede convertir esa lectura en impacto. Las ideas pueden entusiasmar, pero son las tensiones correctamente interpretadas las que, de verdad, transforman.
(*) Diego Pasjalidis es director de posgrados y maestrías de ITBA, conferencista y autor especializado en innovación.
Imagen de portada: Imagen generada con IA (ChatGPT)