Nicolás Aguzín llegó a Asia con un prejuicio bastante crítico sobre China. "Yo pensaba que eran todos productos copiados, que había mucha mentira, mucha trampa y que no eran productos serios", recordó durante el 62° Coloquio de IDEA, que se realiza en Mar del Plata. Sin embargo, después de varios años trabajando en la región, su percepción cambió. "Cuando llegué había una parte importante de eso. Lo que pasa es que durante los años que estuve ahí lo vi cambiar", expresó.
Aguzín creció en la provincia de Formosa, estudió en Wharton y desarrolló una carrera de más de 30 años en JPMorgan, donde ocupó cargos de liderazgo en América Latina y Asia.
Con ese bagaje encima, en 2021 fue nombrado CEO de Hong Kong Exchanges and Clearing (HKEX), la compañía que opera la Bolsa de Hong Kong (el puente entre la China comunista y el capitalismo occidental), y se convirtió en el primer ejecutivo no chino en ocupar ese puesto. Durante su gestión, siguió de cerca la salida a bolsa de más de 200 empresas, muchas de ellas tecnológicas y aún en etapas tempranas de desarrollo.
Ese recorrido también le permitió observar cómo cambiaron las empresas chinas y qué elementos explican su expansión. Para Aguzín, reducir ese fenómeno a los bajos costos laborales implica mirar una versión del país que quedó atrás.
Los cinco motores detrás de China
El especialista en mercados financieros sostuvo que el desempeño de las compañías chinas tampoco puede atribuirse únicamente a los subsidios del Estado. Aunque reconoció que existen apoyos públicos en algunos sectores, señaló cinco factores clave: escala, talento, hipercompetencia, velocidad de aprendizaje y ecosistemas industriales.
La escala se presenta como una de las principales ventajas. Aguzín señaló que la capacidad de generación eléctrica de China equivale a unas dos veces y media la de Estados Unidos y es alrededor de 70 veces superior a la de la Argentina. "Es brutal la escala que tienen y eso se da prácticamente en todos lados", afirmó. Sin embargo, aclaró que esa diferencia es difícil de replicar y que las principales lecciones para la Argentina se observan en otros aspectos.
Otro punto central es el talento, sobre todo en ingeniería, ciencia, tecnología y matemáticas. El ejecutivo destacó tanto la cantidad de profesionales que se forman como la intensidad de la cultura laboral. "La combinación de conocimiento y disponibilidad de talento, junto con ambición y capacidad de trabajo, es increíble", afirmó. Como ejemplo, mencionó el modelo conocido como "996", asociado principalmente con algunas empresas tecnológicas chinas: trabajar de 9 de la mañana a 9 de la noche, seis días por semana.
A eso se suma la hipercompetencia. El exejecutivo de JPMorgan utilizó la industria de vehículos eléctricos como ejemplo. Indicó que en 2018 había más de 500 marcas compitiendo en China y que actualmente quedan menos de 100. Esa presión obliga a las compañías a mejorar rápidamente, reducir costos y enfrentarse a rivales que avanzan a gran velocidad.
"Cuando las empresas salen de China, ya compitieron en la competencia más feroz que te podés imaginar. Entonces salen y les parece casi fácil", sostuvo. Esa dinámica tiene incluso un término propio, neijuan, que suele utilizarse para describir una competencia interna cada vez más intensa.
Aguzín también puso el foco en la velocidad de aprendizaje. Mientras muchas empresas occidentales suelen realizar estudios de mercado, pilotos y distintas etapas de prueba antes de sacar un producto al mercado, describió un método mucho más rápido entre sus pares chinos: lanzar, medir, corregir y volver a lanzar. "Viene una idea, hacen un análisis mínimo, lanzan de inmediato, vuelven, miden cómo salió, ajustan un par de cosas y lanzan de nuevo. Mientras nosotros seguimos analizando, ellos ya lanzaron dos o tres veces", reconoció.

El quinto motor son los ecosistemas industriales. Aguzín tomó como ejemplo la planta de Tesla en Shanghái y la concentración de proveedores en sus alrededores. De acuerdo con las cifras que expuso, unos 400 proveedores abastecen alrededor del 95% de las necesidades de la fábrica dentro de un radio de 100 kilómetros. Ese entramado, explicó, reduce tiempos, facilita la resolución de problemas y aumenta la productividad. "Generaron un ecosistema industrial imbatible", afirmó.
Qué puede copiar la Argentina
La Argentina no puede replicar la escala china, pero sí tiene margen para avanzar en varios de los factores que Aguzín señaló como determinantes para competir. Entre ellos destacó el capital humano, algo que aseguró haber comprobado durante sus años de carrera internacional.
"Yo trabajaba en JPMorgan y había argentinos por todos lados, y en niveles muy altos", señaló. A su juicio, esa presencia refleja una fortaleza local. "El argentino trabaja duro, tiene ambiciones, se las rebusca, sabe cómo conseguir, tiene experiencia, pasó por muchas crisis. Hay mucha capacidad de generar valor", añadió.
Sin embargo, Aguzín planteó que el talento, por sí solo, no basta cuando las empresas compiten frente a estructuras mucho más desarrolladas. En el caso de China, rechazó que esa ventaja se debiera únicamente a la intervención del Estado. "Uno está compitiendo con empresas que están en un sistema que se organizó de una manera muy eficiente", explicó.
El problema del ahorro argentino
Aguzín definió al sistema financiero como el "aceite" que permite mover los distintos engranajes de una economía. En ese esquema, consideró que el capital extranjero puede poner en marcha un proceso de inversión, aunque advirtió que no alcanza para sostenerlo a lo largo del tiempo. "La inversión externa, el ahorro externo, cuando viene dinero de afuera, ya sea en préstamos o en inversiones como capital, puede iniciar el proceso. Pero para que sea sustentable tiene que haber ahorro interno", explicó.

Para mostrar la diferencia, comparó los niveles de depósitos bancarios de ambos países. En China, señaló, equivalen aproximadamente al 250% del PBI, mientras que en la Argentina no llegan al 20%. A eso sumó los más de US$ 200.000 millones que, según estimó, los argentinos mantienen fuera del circuito financiero. "Los argentinos ahorran dólares abajo del colchón. Esos dólares abajo del colchón no generan nada", sostuvo.
Para el argentino, el problema de fondo es la falta de confianza acumulada durante décadas. "Parte de eso se debió a que históricamente no hubo confianza en donde yo invierto", afirmó. Esa debilidad limita la capacidad de los bancos y del mercado de capitales para canalizar esos recursos a empresas que buscan crecer.
China, Estados Unidos y las oportunidades argentinas
Aguzín sostuvo que el alineamiento de la Argentina con Occidente no implica necesariamente renunciar a los vínculos comerciales con China. Para sostenerlo, mencionó los casos de Australia, Japón y Corea del Sur, aliados estratégicos de Estados Unidos que mantienen una estrecha relación económica con Beijing. "Yo dejaría que el sector privado definiera cómo es esa asignación de recursos", planteó.
Dentro de ese escenario, señaló áreas en las que el país podría aprovechar sus ventajas. "Argentina, teniendo energía, teniendo alimentos, tiene un montón de condiciones naturales y minerales que podemos aprovechar", afirmó. También destacó el potencial de la infraestructura tecnológica y pidió concentrar esfuerzos en las actividades con mayores posibilidades de competir a escala global.
En ese proceso, asignó un rol central al sector privado. "Tenemos que dejar de demonizar a los empresarios como que son todos malos", sostuvo. "No hay un gran país sin empresas que sean transformadoras y creativas, y no tenemos empresas transformadoras y creativas si no tenemos emprendedores y empresarios de primer nivel", remarcó.
"La Argentina no va a definir su futuro por decretos. Lo va a definir por empresarios que quieran crecer, por empresas que quieran competir, por reglas claras que generen confianza y por ahorro interno", concluyó Aguzín frente a un público que tomó nota para entender lo que sigue.