Apuntan a reducir costos y mejorar la precisión sin intervención humana. Fundaron un laboratorio en Nueva York y desarrollaron una arquitectura que filtra datos de forma autónoma.
La deuda comprometida supera por mucho los ingresos reales de la empresa, que aún no demostró cómo va a sostener semejante apuesta. Altman, sin participación accionaria y con apoyo de los socios, se mueve con total libertad en un tablero donde los riesgos parecen ajenos.
Con el respaldo de OpenAI, Emiliano Kargieman impulsa desde la Patagonia el primer data center de inteligencia artificial de América Latina. El fundador de Satellogic proyecta una nueva industria con un potencial exportador de US$1.000 millones anuales.
La empresa de Sam Altman, creadora del ChatGPT, se convirtió en la protagonista del sector tecnológico con una serie de alianzas sin precedentes y planes para debutar en Wall Street con una valuación récord.
La nueva estructura, bautizada OpenAI Group PBC, deja atrás los límites del modelo anterior y le permite atraer inversiones a gran escala. La Fundación OpenAI retiene el control, pero cede espacio a socios privados como Microsoft, que ya posee el 27%.
En centros de cuidados y hogares particulares, cientos de jubilados norteamericanos empiezan a confiar en asistentes virtuales que los llaman todos los días, recuerdan sus historias y hasta les cantan boleros. Un vínculo inesperado que crece ante la falta de compañía humana.
Meta restringe el uso de inteligencia artificial conversacional en su app de mensajería y obliga a replantear cómo seguir usando estos asistentes. OpenAI ya dio detalles sobre cómo conservar los chats y qué otras opciones quedan disponibles.
La empresa eligió la Patagonia para construir un centro de datos que demandará miles de millones de dólares y funcionará con electricidad renovable. El plan incluye colaboración con el Estado, desarrollo de talento local y herramientas para sectores clave como salud, educación, energía y agro.
La herramienta permite conectar plataformas como Spotify y Zillow directamente en el chat, con funciones personalizadas según el servicio. La empresa que lidera Sam Altman busca diferenciarse en la carrera por la inteligencia artificial generativa.
El fabricante de procesadores cerró un acuerdo por 6 gigavatios en chips de inteligencia artificial y emitió una garantía que podría darle a la startup el 10% de su capital. La operación sacudió al mercado y reavivó la pelea en la cima del sector.
Con clips hiperrealistas y personajes reconocibles, la nueva herramienta de inteligencia artificial cruza límites legales y culturales. Mientras las empresas mandan cartas documento, los usuarios juegan con fuego.
La alianza apunta a integrar modelos avanzados dentro de sistemas capaces de automatizar procesos, analizar datos sensibles y cumplir estándares de seguridad, todo desde una única plataforma pensada para el uso corporativo.
La alianza apunta a construir la infraestructura necesaria para entrenar modelos cada vez más potentes y responder a una demanda que no para de crecer. El respaldo del fabricante de chips refuerza la apuesta por una inteligencia artificial que supere la capacidad humana.
La empresa, ahora rebautizada como Irregular, se especializa en detectar fallas en modelos antes de que salgan al mercado. Su equipo, formado por hackers éticos y ex campeones de debate, ya puso a prueba a Claude, GPT-5 y otros sistemas que tienen todo para revolucionar el futuro digital.
La denuncia, presentada en Texas, sostiene que ambas compañías habrían manipulado el ranking de visibilidad y trabado actualizaciones para beneficiar a ChatGPT. Además, Musk cuestiona el acuerdo entre Apple y OpenAI por el uso de datos de usuarios de iPhone.