El cofundador trepó gracias al rally de Alphabet, mantiene control accionario junto a Sergey Brin y sigue cerca de definiciones clave ligadas a la inteligencia artificial.
El avance de la inteligencia artificial dentro de las compañías crece sin control claro: invierten fuerte, pero sin métricas que vinculen uso con resultados, lo que deriva en gasto ineficiente, decisiones a ciegas y mayores riesgos operativos y de seguridad.
Michael Barton, ejecutivo de Coatue, describió cómo bancos y firmas de inversión usan sistemas automáticos para análisis, trading y marketing, mientras crece la presión sobre empleos calificados y cambia la lógica del negocio.
Con un mercado potencial de hasta US$ 170.000 millones para 2040, la internet cuántica deja de ser un experimento académico para integrarse en la infraestructura de telecomunicaciones actual. Por qué la banca, la energía y los data centers serán los primeros en adoptar esta tecnología que promete blindar los activos digitales más críticos.
Wall Street celebra el ajuste mientras Zuckerberg apuesta a sostener márgenes con recortes, centros de datos y contrataciones técnicas, pese a demoras en sus modelos y mayores riesgos operativos.
El entendimiento surgió tras una reunión clave entre Jensen Huang y Jonathan Ross, que derivó en una jugada veloz para integrar chips, talento y negocio en plena disputa por dominar la inferencia en IA.
La carrera por algoritmos avanzados dispara valuaciones récord y multiplica fortunas. Fundadores, inversores junto con ejecutivos del sector sumaron patrimonios millonarios mientras el capital privado sostiene cifras que recuerdan a otros ciclos de euforia tecnológica.
Tras una caída cercana al 80% y un programa de recompra por U$S 150 millones, Martín Migoya asegura que el mercado subestima el impacto real de la IA en la demanda de software y sostiene que Globant ofrece hoy “una oportunidad de inversión” única en un país que vuelve a ser creíble.
La compañía busca reforzar su ecosistema tecnológico mediante modelos open-weight y una apuesta fuerte en desarrollo propio. El movimiento intenta sostener la dependencia de sus GPU frente al avance de AMD, chips de hyperscalers y nuevas herramientas que reducen la ventaja de CUDA.
Un informe ubica a cocineros, mecánicos, socorristas y camareros entre ocupaciones poco expuestas a la automatización, por tratarse tareas físicas, presenciales y difíciles para sistemas capaces solo frente a pantallas.
A medida que la alfabetización en IA se convierte en el pasaporte laboral del siglo XXI, la convergencia entre la equidad de género y la sostenibilidad energética lanza una advertencia que los líderes empresariales no pueden ignorar.
Efficast, nacida en Rosario, desarrolla un sistema que combina sensores IoT y un agente de inteligencia artificial que monitorea máquinas industriales en tiempo real. La compañía quiere usar Uruguay como hub regional para expandirse a México y Chile.
El gobierno de Estados Unidos catalogó a la empresa como riesgo para la seguridad nacional luego de que rechazara eliminar restricciones que impiden vigilancia masiva y armamento autónomo. El episodio expuso el vacío legal que rodea a estas tecnologías.
El boom de la inteligencia artificial no es gratuito. Detrás de cada prompt, agente y centro de datos hay una factura eléctrica que las empresas aún no terminan de dimensionar.
Con más de US$300 millones al año, la app duplicó abonados en pocos meses y ya suma 100 millones de usuarios que crean temas. El salto llega en medio de demandas por derechos de autor y una campaña para frenarla.
Agibot empezó a ofrecer sus humanoides en modalidad de alquiler, con entrega, instalación y mantenimiento incluidos. Pero el costo los deja más cerca de activaciones y exhibiciones que de reemplazar personal en tareas cotidianas.
El anuncio de Jack Dorsey disparó el entusiasmo inversor: en minutos, Wall Street sumó unos US$ 8.000 millones a la valuación tras el ajuste masivo, que la firma atribuyó a ganancias de productividad con herramientas propias de inteligencia artificial.
La IA agencial empieza a operar como jefatura: desarma procesos, terceriza microtareas y marca el ritmo a personas en plataformas y servicios. El giro abre dilemas laborales, legales y éticos sobre control, salarios y responsabilidad cuando la “orden” llega desde un sistema.