El turismo patrimonial está en auge y gana cada vez más popularidad. Oxford Languages lo define como "la práctica de viajar a lugares de interés histórico o cultural". Desde el Coliseo Romano hasta la Ruta de los Derechos Civiles en Estados Unidos, millones de personas quieren conocer estos destinos y aprender más sobre ellos.
Según Astute Analytica, el mercado global del turismo patrimonial se valuó en US$ 607.350 millones en 2024. Esta cifra representó una parte importante del turismo mundial, que ese año alcanzó los US$ 1,6 billones. Con una tasa de crecimiento anual del 4,51 %, se estima que este segmento llegará a los US$ 903.360 millones en 2033.
De acuerdo con Astute Analytica, el impulso principal proviene de la demanda por experiencias culturales auténticas por parte de un grupo demográfico con alto poder adquisitivo: las personas mayores de 50 años.

Con los años, muchos buscan entender mejor sus raíces y la cultura que los moldeó. Cuando ya tienen una vida más estable, suelen contar con el dinero y el tiempo necesarios para viajar a sitios históricos o a las tierras de sus antepasados.
Entre los estadounidenses, el 61 % tiene interés en viajar con familiares o amigos. Estas familias y grupos multigeneracionales también emprenden viajes para reconectarse con sus raíces y descubrir vínculos culturales compartidos. En muchos casos, la experiencia incluye actividades educativas y vivenciales, como clases de cocina, catas de vino, cerámica u otras formas de expresión artística.
Todo esto responde a un fuerte deseo de establecer conexiones genuinas. Así lo demuestra el 73 % de los viajeros a nivel global, que asegura buscar de forma activa experiencias locales. Las búsquedas de alojamientos singulares, como ryokans japoneses o riads marroquíes, aumentaron un 125 %. Además, en promedio, los viajeros hoy reservan 4,7 tours por viaje para conocer mejor cada destino, cuando en 2019 eran 2,7.

En Irlanda, unos 13,8 millones de personas visitaron sitios patrimoniales en 2024. En Gran Bretaña, los museos independientes recibieron casi 20 millones de visitantes en 2023. Israel, más allá de sus playas, su gastronomía de primer nivel y una vida nocturna intensa, también ofrece 3500 años de historia, cultura y religión.
Unos 1,3 millones de personas viajaron a Israel en 2025 para conocer sitios turísticos como la ciudad amurallada de Jerusalén, la Ciudad de David, la Cúpula de la Roca y la Iglesia del Santo Sepulcro. Incluso quienes siguen de cerca a la realeza británica pueden hacer una visita patrimonial al lugar donde descansan los restos de la princesa Alicia de Battenberg, abuela del rey Carlos, sepultada en el Monte de los Olivos, en Jerusalén.
Europa y la región del Mediterráneo tienen un peso fuerte en el mercado global del turismo patrimonial. Grecia, considerada la cuna de la civilización occidental, recibió 20,66 millones de visitantes en 2024 que recorrieron sus sitios arqueológicos y museos más reconocidos. Solo la Acrópolis de Atenas atrajo a más de 4,5 millones de personas.

En Escocia, el Castillo de Edimburgo fue la atracción paga más visitada en 2024, con 1.981.152 ingresos. El interés por el patrimonio escocés también alcanzó al Castillo de Stirling, que convocó a 594.938 visitantes, y al Centro de Visitantes de Culloden. Allí, 374.443 personas conocieron la historia de la última gran batalla librada en suelo británico, que significó una derrota devastadora para los clanes de las Tierras Altas.
El turismo patrimonial mueve miles de millones de dólares para las economías locales y nacionales. En Estados Unidos, los museos aportan US$ 50.000 millones por año a la economía nacional.
Desde una mirada económica, los viajes patrimoniales pueden dejar grandes ingresos en una ciudad o región. Sin embargo, en destinos históricos muy visitados como Venecia, Barcelona o Dubrovnik, muchos vecinos se quejan del turismo masivo. El problema no es solo la saturación de calles y negocios, sino también el encarecimiento de las pocas viviendas disponibles, impulsado por el auge de los alquileres vacacionales como Airbnb.

A pesar de eso, el turismo patrimonial representa una fuente cada vez más importante de empleo, según la consultora Astute Analytica. En Estados Unidos, los museos generan, de manera directa e indirecta, más de 726.000 empleos. En Colorado, se calcula que por cada US$ 1 millón destinado a la preservación de edificios históricos, se crean cerca de 32 nuevos empleos.
Nuevos sitios, museos y rutas de senderismo —como el circuito de 320 kilómetros inaugurado en la prefectura de Ibaraki, Japón— se suman de forma constante para atender el interés creciente por el turismo patrimonial. En 2024, se incorporaron 24 nuevos sitios a la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, lo que elevó el total global a 1.248 en 2025.
La UNESCO también trabaja junto a Expedia para impulsar el Compromiso de Turismo Sostenible. La meta es alentar a las empresas turísticas locales en zonas costeras y sitios declarados Patrimonio Mundial a apoyar prácticas sustentables. La primera experiencia conjunta se llevó a cabo en Tailandia.

Además de Expedia, hay muchas otras organizaciones que ofrecen viajes patrimoniales, en general con guías especializados. Algunas de ellas son Exodus Travels, American Express, AARP, Kensington/Ancestry, Audley, Jewish Heritage Travel y Roadscholar —antes conocida como Elder Hostel—.
No hay nada de malo en pasar las vacaciones en la playa, salir de compras por París o Nueva York, o descansar en una cabaña de pescadores. Pero hay quienes viajan con otras motivaciones. Muchos buscan comprender mejor el mundo y conocerse a sí mismos a través del turismo patrimonial.
Con información de Forbes US.