Mito o realidad: cuánto impactan realmente los conflictos de Venezuela e Irán en Vaca Muerta
Forbes consultó a varios especialistas en petróleo para saber las perspectivas de producción, qué puede pasar con los precios internacionales y con el flujo de inversiones.

Luego de un 2025 muy complejo para la industria petrolera por la caída de los precios internacionales, el 2026 comenzó con el estallido de dos grandes crisis como la de Venezuela e Irán que podría agravar el problema al inundar todavía más el mercado global de crudo.

Sin embargo, se trata de un escenario muy poco probable en el corto plazo que dependerá de muchísimos factores, pero que no deja de despertar alertas en Vaca Muerta para seguir trabajando por una mayor competitividad y baja de costos.

Por el momento, el caso iraní está demostrando el efecto opuesto con un incremento del precio del barril por cinco jornadas consecutivas para superar los 66 dólares, una marca que no se veía desde hace casi cuatro meses.

“Lo más probable es que la producción no suba, sino que caiga. En el caso de un cambio de régimen, tomaría mucho tiempo ordenar el país y puede ocurrir que se deteriore aún más. Irán tiene problemas internos muy serios, hay que ver el desenlace político”, opinó Álvaro Ríos Rocca, director de Gas Energy Latin America y ex ministro de Hidrocarburos de Bolivia.

De todos modos, algunos tienen la expectativa de que, con un gobierno alineado a Occidente, el país persa se abra a la inversión extranjera y aumente su exportación. Actualmente, Irán produce más de 4 millones de barriles diarios y se ubica en el top 7 del ranking de productores y de países con mayor cantidad de reservas.

Algo similar sucede con Venezuela que, a corto plazo, enfrenta grandes desafíos para incrementar sus volúmenes de manera sustancial, pero con un escenario más favorable podría duplicar o hasta triplicar su producción. Cifras que, de todas maneras, no impactarían en los precios globales al representar menos del 1% de la oferta mundial.

“Hay muchos riesgos asociados a invertir en Venezuela. El riesgo país es significativo y se necesitarían garantías de Estados Unidos para que haya inversiones importantes. Incluso en ese caso, con desembolsos de 100.000 millones de dólares, estimamos que les llevará unos 10 a 15 años para volver al pico de 3 millones de barriles al día que supieron tener”, indicó a Forbes Sebastían Borgarello, VP & Global Head of Energy Consulting de S&P Global. 

No por nada el CEO de Exxon, Darren Woods, le respondió a Trump que la situación hoy “no es invertible”. “Nos han confiscado nuestros bienes allí dos veces, así que, como pueden imaginar, volver a entrar una tercera vez requeriría cambios bastante significativos”, agregó.

En consecuencia, la mayoría de los analistas pronostica un aumento moderado de la producción de los menos de 900 mil barriles día que promedia actualmente, a cerca de 1,5 millones en un plazo de dos años.

Otros factores que juegan en contra de un repunte de la industria venezolana son el estado precario de su infraestructura, la falta de recursos humanos por la masiva emigración de profesionales y los bajos precios internacionales que afectan la rentabilidad de muchos de sus yacimientos.

Según estimaciones de la consultora Wood Mackenzie, el costo de equilibrio en gran parte de la Faja del Orinoco ronda los 80 dólares por barril, 15 dólares más que la cotización actual. De ahí que, los cálculos de Rystad Energy marcan que las reservas probadas venezolanas no son las primeras a nivel mundial como dice la OPEP con 300.000 millones de barriles, sino apenas unos 5.000 millones de barriles y 9.000 millones si se suman las reservas probables.  @@FIGURE@@

“Lo clave no es el valor absoluto, sino el cambio de bloque geopolítico. Es un país sub explotado y en el mediano plazo puede ser explotado al máximo de sus capacidades. Va a estar bajo la influencia americana, hay intención de un cambio de régimen que debería dar estabilidad a la inversión y hay intención de que las compañías americanas vuelvan a Venezuela”, afirmó Ariel Bossio, vicepresidente y cofundador de la Cámara de Comercio Argentino-Texas.

El impacto en Vaca Muerta

Si bien el golpe al no convencional argentino no vendría por una mayor baja de precios por las dificultades de incremento de producción a corto plazo tanto de Irán como de Venezuela, la competencia por las inversiones de las grandes compañías a nivel global es un aspecto que genera ciertos interrogantes.

Uno de los casos es el GNL, un negocio menos rentable que el del crudo que depende mucho más de la inversión de empresas extranjeras por el alto costo de infraestructura y la dificultad de conseguir financiamiento en el mercado local para semejantes sumas de dinero.

Más allá de que el gran potencial de Venezuela está en el petróleo, existe un proyecto de un gasoducto submarino para conectarse con Trinidad y Tobago y aprovechar las plantas de licuefacción que actualmente cuentan con capacidad ociosa.

“Trinidad y Tobago se está quedando sin gas y tiene cuatro trenes de licuefacción con capacidad por 15 millones de toneladas que no están aprovechando. Están desesperados por el gas de Venezuela y solamente habría que construir un gasoducto de unos 70 u 80 kilómetros. Podría ser una competencia para Argentina en el negocio del GNL al no necesitar demasiada inversión en infraestructura”, sostuvo Ríos Rocca a este medio.

El proyecto data de muchos años, pero nunca se logró concretar. Ahora, en cambio, cobra más relevancia que nunca con la salida de Maduro del poder y por la aceleración del declino de producción de Trinidad y Tobago que acumula un colapso del 42% desde el 2010 según datos de Gas Energy Latin America.

Con una visión menos pesimista, Bossio subrayó que el cambio de rumbo venezolano “no cambia el norte de Argentina”. “Nueva competencia va a salir permanentemente. Petróleo y gas hay en muchos países y todos van a tratar de monetizarlo. El juego de Argentina es crear las condiciones para que sea rentable y trabajar en la competitividad. Al fin y al cabo, no es solo Venezuela, Estados Unidos está duplicando su capacidad de exportación de GNL en los próximos 5 años”, agregó.

Por el lado del petróleo, el especialista aclaró que “sí puede afectar del punto de vista de la velocidad”, pero que “no es el mismo tipo de petróleo y los clientes de Venezuela no van a ser los mismos que los de Vaca Muerta. Hay que ver cómo se ordenan por intereses geopolíticos y necesidad de los clientes”.