Las dudas que deja el acuerdo de Trump con Venezuela y los riesgos que enfrenta Vaca Muerta
Cuáles son las razones que frenan el auge petrolero venezolano que promete Estados Unidos y qué impacto tendría en el no convencional argentino.

Detrás del eslogan del “mayor acuerdo petrolero de la historia” y las promesas de campaña de Donald Trump sobre una supuesta baja de precios en los combustibles, el escenario real sobre el futuro petrolero de Venezuela es de total incertidumbre. 

Más allá de las cifras rimbombantes del gobierno estadounidense que proyectan inversiones por más de 100.000 millones de dólares y un control sobre 65.000 millones de barriles, no hay ningún tipo de detalle que permita avizorar los alcances de esta iniciativa que pareciera tener más tintes electorales que un esquema sólido que promueva una mayor producción en el país caribeño.

“Lo único importante hasta el momento es el respaldo de la chavista Delcy Rodríguez. El anuncio es uno más de los tantos que hace Trump. Para que lleguen las inversiones necesarias, hace falta más transparencia. Conocer cómo está enmarcado el acuerdo, bajo qué condiciones se entregan las reservas y tener claro el sustento jurídico. De lo contrario, puede ser terminar como un boomerang. Habrá repercusiones en el pueblo venezolano y va a ser difícil que grandes empresas movilicen capitales de esta manera”, afirmó Álvaro Ríos Rocca, director de Gas Energy Latin America y ex ministro de Hidrocarburos de Bolivia.

En efecto, declaraciones similares se habían realizado luego del derrocamiento de Nicolás Maduro y son pocos los avances registrados nueve meses más tarde. La producción venezolana aumentó apenas en 200.000 barriles diarios (el 0,2% de la oferta global) y las grandes petroleras estadounidenses indicaron a Trump que no están dadas las condiciones para volver a invertir en este país (a excepción de Chevron que nunca se retiró).

“Me parece que están intentando llenar el vacío de seguridad jurídica, poniendo al gobierno de Estados Unidos como garante. A mi juicio, es probable que Venezuela no cumpla con ese acuerdo en el futuro pues la cuestión sería si el gobierno de Estados Unidos pos-Trump lo cumpliría”, subrayó el ex presidente de Shell Venezuela, Sean Rooney, en diálogo con Forbes.

En la misma línea se expresó Sebastián Borgarello, VP & Global Head of Energy Consulting de S&P Global. “Hay mucha incertidumbre sobre el impacto real del acuerdo. Los detalles no han sido publicados. La legitimidad del acuerdo es probable que sea cuestionada en el futuro. Por lo tanto, el riesgo percibido es probable que sea alto, reduciendo el atractivo de inversión”.

La letra chica y los obstáculos a superar

Otro de los grandes especialistas en petróleo venezolano que conversó con este medio fue Ali Moshiri, ex presidente de Chevron para América Latina durante el chavismo, cuyo consejo fue clave para que el gobierno de Trump apoye la continuidad de Delcy Rodríguez en el poder.

“La implementación del acuerdo es mucho más compleja desde el punto de vista operativo, técnico y legal. El primer paso es la legalidad del acuerdo. Estoy seguro de que pronto se darán a conocer los detalles”, se mostró confiado.

Si bien no trascendieron datos oficiales, en la industria se habla de condiciones “llamativas” que podrían generar resistencias. “Hay cosas muy raras como concesiones por 100 años con facultad extraordinarias para definir áreas a desarrollar y un ingreso por regalías e impuestos escandalosamente bajo. Si eso se confirma, va a tener muchísimos cuestionamientos y grandes problemas para salir adelante desde el punto de vista legal”, reveló a Forbes un reconocido consultor energético. 

Tanques de PDVSA

Otros factores que juegan en contra de un repunte de la industria venezolana son el estado precario de su infraestructura, la fragilidad institucional del país caribeño, la falta de recursos humanos por la masiva emigración de profesionales y la rentabilidad de muchos de sus yacimientos frente a un escenario de precios incierto.

Es por eso que, para Per Magnus Nysveen, Jefe de Análisis y Socio Senior de Rystad Energy, “hasta 2030, tal vez no se obtengan más de 100.000 barriles diarios de Maracaibo con inversiones moderadas y 200.000 barriles diarios de la Faja del Orinoco con inversiones más importantes”.

“Creo que esto podría acelerar los desarrollos convencionales en torno a Maracaibo, que requieren menos capital y donde ya existe infraestructura. Sin embargo, pasaría mucho tiempo antes de que las empresas occidentales pudieran regresar a los proyectos no convencionales de a Faja del Orinoco. Para ello, se requeriría un marco tributario más sólido”, agregó.

Por su parte, Moshiri pronosticó un salto de la producción desde los 1,2 millones de barriles diarios de la actualidad a 1,5 millones de barriles hacia 2027 si se atrae inversores con procesos ágiles (entre 5.000 y 7.000 millones de dólares) y 2,5 millones de barriles si se logra una inversión masiva en infraestructura de superficie.

“Las empresas ya están avanzando con sus planes, hay mucha actividad buscando gente clave para liderar en negocios relacionado con Venezuela”, señaló otra fuente que destaca un movimiento fuerte entre empresas “medianas” estadounidenses.

¿Se pone a prueba Vaca Muerta?

Con un petróleo cercano a los 60 dólares el barril a comienzos del 2026, la noticia de la caída de Maduro hizo que muchos se pregunten si el futuro del no convencional argentino podría entrar en riesgo ante un incremento en la producción venezolana que tire todavía más abajo el valor del crudo.

Un panorama muy distinto se observa en estos momentos, donde la guerra de Medio Oriente despertó una necesidad de diversificar proveedores (especialmente entre países occidentales) y la cuestión de la seguridad energética dejó en un segundo plano al debate por los precios.

Donde sí podría desatarse una leve competencia es en el marco de la disputa por inversiones entre empresas multinacionales que tienen que decidir qué presupuesto asignan a cada país. “Frente a Vaca Muerta, no hay competencia directa de producto con Venezuela, ya que operan activos y crudos distintos. La rivalidad es estrictamente de portafolio, disputando los mismos fondos de inversión internacional que asignan las grandes multinacionales”, destacó Ariel Bossio, Vicepresidente de la Cámara de Comercio Argentina-Texas.

“El conflicto actual en el Medio Oriente demuestra que necesitamos recursos en todos los países. He defendido durante 20 años que la seguridad energética de Estados Unidos debe depender de América Latina. Debemos trabajar en ambos frentes: nosotros estamos invirtiendo en Argentina de la misma manera que pensamos en Venezuela”, coincidió Moshiri.