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Negocios

Foto: Pixabay

La geopolítica ya es una variable clave de negocios: oportunidad y brecha para las empresas argentinas

Ignacio Ortiz Vila

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Aranceles, sanciones, inteligencia artificial, energía y minerales críticos están reconfigurando la inversión, el comercio y las cadenas de valor. Para las empresas argentinas, comprender la geoeconomía dejó de ser una sofisticación académica: es una capacidad de gestión.

30 Julio de 2026 07.09

Durante buena parte de la etapa de hiperglobalización, las empresas organizaron sus decisiones internacionales alrededor de una función objetivo relativamente simple: minimizar costos, ampliar escala y acceder a mercados. La geografía importaba, pero podía tratarse como una variable de logística; la política internacional, salvo en industrias particularmente reguladas, permanecía en los márgenes del análisis financiero.

Esa separación perdió validez. Una planta puede ser eficiente y, al mismo tiempo, quedar expuesta a un control de exportaciones. Un proveedor puede ofrecer el menor precio y concentrar un riesgo difícil de sustituir. Una adquisición puede crear valor económico y ser bloqueada por criterios de seguridad nacional. La consecuencia es una modificación silenciosa pero profunda de la racionalidad corporativa: el costo relevante ya no es solamente el costo unitario, sino el costo ajustado por riesgo geopolítico.

El Foro Económico Mundial ubicó la confrontación geoeconómica como el principal riesgo global para 2026 y también para el horizonte de dos años. La categoría comprende el uso de aranceles, sanciones, regulaciones, restricciones de capital y cadenas de suministro como instrumentos de poder. El dato surge de una consulta a más de 1.300 especialistas y expresa un cambio de época: la competencia entre Estados se desplaza crecientemente hacia los mercados, la tecnología, las finanzas y la infraestructura.

La empresa frente a una nueva función de costos

El cambio puede observarse en cinco magnitudes convergentes. En la encuesta global de EY-Parthenon, el 56% de 1.200 CEOs consideró la incertidumbre geopolítica el principal riesgo empresarial de los próximos doce meses; en paralelo, el 80% de los ejecutivos relevados por McKinsey afirmó que el entorno geopolítico reciente había afectado negativamente a su negocio. 

Esa percepción corporativa coincide con una expansión concreta de los instrumentos geoeconómicos: entre octubre de 2024 y octubre de 2025, US$ 2,64 billones de importaciones mundiales quedaron alcanzadas por nuevas tarifas y medidas comerciales. 

Al mismo tiempo, la competencia tecnológica adquirió una dimensión material: el comercio de bienes que habilitan la inteligencia artificial llegó a US$ 4,18 billones en 2025 y explicó el 42% del crecimiento comercial global. Para Argentina, esta transformación se expresa en un universo informado de más de US$ 140.000 millones en proyectos del RIGI aprobados y en evaluación, una cifra que refleja el potencial de inversión, aunque no equivale a capital ya ejecutado. 

Leídas en conjunto, estas magnitudes muestran que la geopolítica dejó de ser una variable periférica: ya incide sobre el riesgo empresarial, la arquitectura del comercio, la tecnología y la asignación internacional de capital.

La preocupación ya es visible en la agenda de los CEOs. En la encuesta global de EY-Parthenon de 2026, realizada entre 1.200 máximos ejecutivos de 21 países, el 56% identificó las tensiones geopolíticas, la inestabilidad y los conflictos como el principal riesgo de corto plazo; la proporción había sido del 28% en septiembre de 2025. El 46% agregó que un shock sostenido en los precios de la energía generaría dificultades significativas para su organización.

La señal que Wall Street subestima: el Estrecho de Ormuz sigue cerrado y el riesgo no desapareció. (Foto: creada con IA)
(Imagen creada con IA)

El interés no se explica por una moda intelectual. McKinsey relevó en marzo de 2026 a 202 ejecutivos senior y encontró que ocho de cada diez empresas habían sufrido efectos negativos derivados del entorno geopolítico. Sin embargo, solo el 15% contaba con una unidad específica de inteligencia geopolítica, aproximadamente un tercio nunca utilizaba escenarios para probar su capacidad de respuesta y apenas el 28% consideraba que sus herramientas apoyaban eficazmente la toma de decisiones.

La brecha entre exposición y preparación es económicamente relevante. Entre las compañías más afectadas por barreras comerciales, el 77% esperaba un impacto negativo sobre el EBITDA; el 95% de las firmas alcanzadas por controles tecnológicos había redirigido al menos parte de su inversión; y el 76% reportaba impactos moderados o altos por mecanismos de revisión de inversiones extranjeras. La geopolítica, por lo tanto, no constituye una capa narrativa agregada después del análisis: modifica el costo de capital, el margen esperado y el valor de las opciones estratégicas.

La geoeconomía describe precisamente esta intersección entre poder y economía. Los Estados utilizan instrumentos comerciales, financieros, tecnológicos y regulatorios para obtener resultados estratégicos. Los aranceles pueden proteger sectores, pero también cambiar rutas de abastecimiento; los subsidios atraen capital y redefinen localizaciones; las sanciones segmentan mercados; los controles de exportación alteran la frontera tecnológica; y las reglas sobre inversión extranjera introducen una prima política en las operaciones corporativas.

Entre mediados de octubre de 2024 y mediados de octubre de 2025, la Organización Mundial del Comercio registró nuevas tarifas y medidas sobre importaciones por US$ 2,64 billones, equivalentes al 11,1% de las importaciones mundiales y más de cuatro veces la cobertura del período anterior; además, el stock acumulado desde 2009 alcanzó al 19,7% de las importaciones globales, frente al 12,6% un año antes. Sin embargo, este proceso no implica una ruptura completa del comercio: en 2025, el volumen mundial de mercancías creció 4,6%, mientras más de US$ 165.000 millones de intercambio se alejaron del corredor directo entre Estados Unidos y China. Según el informe de McKinsey Global Institute Geopolitics and the Geometry of Global Trade: 2026, la distancia geopolítica promedio del comercio mundial de bienes se redujo alrededor de 1,2% respecto del año anterior. 

Trump (Photo by Tasos Katopodis/Getty Images)
Donald Trump (Photo by Tasos Katopodis/Getty Images).

La globalización, por lo tanto, no desaparece, sino que modifica su geometría: los flujos se mantienen, pero se reorganizan alrededor de afinidades políticas, terceros países y nuevas plataformas productivas.

Cadenas de valor: de la eficiencia lineal a la resiliencia

La discusión sobre cadenas globales de valor suele plantearse como una oposición entre globalización y relocalización. Desde una perspectiva económica, la disyuntiva es más compleja. La concentración excesiva eleva el riesgo de interrupción, pero una relocalización generalizada destruye economías de escala, especialización y aprendizaje. La resiliencia no es sinónimo de autarquía: es la capacidad de absorber un shock sin perder funciones críticas.

La OCDE estima que solo cerca del 30% de las exportaciones mundiales está excesivamente concentrado en pocos socios, aunque la concentración significativa de las importaciones aumentó 50% entre fines de los años noventa y comienzos de la década de 2020. Su modelización muestra además que una relocalización amplia podría reducir el comercio mundial en más de 18% y el PIB real global en más de 5%, sin mejorar de forma consistente la estabilidad: en más de la mitad de las economías analizadas aumentaría la volatilidad del producto.

El Fondo Monetario Internacional llega a una advertencia complementaria. Bajo escenarios severos, de fragmentación profunda y altos costos de ajuste, las pérdidas de producto mundial podrían alcanzar el 7% en el largo plazo. No se trata de una proyección central, sino de un límite superior condicionado por supuestos exigentes. Su valor analítico es mostrar que la seguridad económica tiene un precio y que las decisiones de diversificación deben compararse con los costos de duplicar capacidades, sostener inventarios o abandonar proveedores eficientes.

Para las empresas, la respuesta racional no consiste en elegir entre eficiencia y resiliencia, sino en asignar un valor económico a esta última. Un segundo proveedor, una ruta logística alternativa o una arquitectura tecnológica segmentada pueden parecer más caros en condiciones normales; en realidad, incorporan el valor de una opción frente a un evento adverso. La gestión geopolítica comienza cuando ese valor deja de ser intuitivo y se integra en escenarios, presupuestos y decisiones de capital.

La inteligencia artificial es el componente más visible de la competencia tecnológica, pero no constituye una economía inmaterial. Requiere semiconductores avanzados, centros de datos, redes, energía, refrigeración, minerales, servicios en la nube y grandes volúmenes de capital. Por eso, la IA conecta política industrial, seguridad nacional, infraestructura y comercio internacional.

Comercio, carga, transporte, comex, comercio exterior (Pixabay)
(Foto: Pixabay)

En 2025, el comercio de bienes que habilitan la IA creció 21,9% y alcanzó US$ 4,18 billones. Aunque representó aproximadamente una sexta parte del comercio mundial, explicó el 42% de su crecimiento. La OMC señala que el auge de esta demanda compensó parte del efecto negativo de los aranceles y de la incertidumbre comercial. El dato revela una aparente paradoja: la misma tecnología que intensifica la competencia entre potencias también sostiene una red internacional de producción altamente interdependiente.

La consecuencia empresarial es doble. Por un lado, controles sobre chips, software, datos o propiedad intelectual pueden redirigir inversiones y dividir arquitecturas tecnológicas. Por otro lado, la expansión de la IA incrementa la demanda de energía, infraestructura y materiales, abriendo oportunidades para economías capaces de ofrecer recursos competitivos y marcos de inversión previsibles.

Argentina: activos estratégicos, inserción incompleta

En Argentina, el interés por la geopolítica empresarial crece junto con una nueva estructura de oportunidades. Energía, petróleo y gas, cobre, litio, infraestructura, agroindustria y servicios basados en conocimiento son sectores en los que la demanda global depende cada vez más de decisiones estatales, seguridad de abastecimiento y competencia por capital. El RIGI refleja esa expectativa: a junio de 2026 reunía proyectos aprobados y en evaluación por más de US$ 140.000 millones, aunque buena parte de ese monto correspondía todavía a iniciativas no ejecutadas.

La oportunidad convive con una debilidad estructural. El último Country Economic Memorandum del Banco Mundial muestra que el contenido extranjero incorporado en las exportaciones argentinas representaba apenas el 7% de las exportaciones brutas en 2015, frente al 36% en México. Los encadenamientos hacia adelante llegaban al 16,6% y se concentraban principalmente en alimentos, químicos y productos energéticos. Aunque estas mediciones tienen rezago, describen una inserción persistente: Argentina participa más como proveedora de recursos e insumos que como nodo integrado de manufactura y servicios complejos.

El caso de los minerales críticos resume esa tensión. CEPAL estima que Argentina posee el 13,3% de las reservas mundiales de litio, mientras que las exportaciones regionales de estos minerales aumentaron de US$ 29.000 millones a US$ 102.000 millones entre 2004 y 2023. Sin embargo, el 62% correspondió a productos sin procesar o con refinación básica. Para Argentina, la cuestión central no es solamente cuánto capital puede atraer, sino qué posición ocupará dentro de las cadenas: exportar gas, litio, cobre o alimentos genera divisas, pero desarrollar ingeniería, proveedores, infraestructura, tecnología y servicios asociados multiplica el impacto sobre la productividad.

La geopolítica como nueva competencia ejecutiva

La formación ejecutiva también comenzó a adaptarse a este nuevo escenario. La creación de la materia Geopolítica y Negocios Internacionales en el MBA de UCEMA parte de esta transformación. Cada vez más escuelas de negocios, entre ellas IESE, HEC Paris, ESMT e IMD, incorporan la geopolítica a sus MBA y programas ejecutivos. En esa misma línea, la propuesta de UCEMA busca analizar cómo los cambios del sistema internacional afectan variables empresariales como los proveedores, el financiamiento, la tecnología, la regulación, las operaciones y el acceso a mercados.

Las empresas no necesitan anticipar cada acontecimiento internacional, sino reconocer cuáles pueden alterar su trayectoria económica, construir escenarios plausibles y establecer respuestas posibles. Esta capacidad combina análisis internacional, finanzas, estrategia, operaciones y asuntos públicos, pero también exige superar una mirada exclusivamente defensiva: las mismas tensiones que destruyen valor para algunas compañías pueden desviar comercio, inversión y tecnología hacia otras.

Las relaciones económicas internacionales ya no se desarrollan en un espacio neutral. Los mercados continúan asignando recursos, pero bajo una presencia creciente del Estado, la seguridad y la competencia estratégica. Para las empresas argentinas, comprender esta interacción puede definir si el país permanece como proveedor de recursos o avanza hacia cadenas de mayor valor, y si sus compañías reaccionan ante los cambios o logran convertirlos en oportunidades.

* Ignacio Ortiz Vila es profesor de MBA y consultor en negocios internacionales. Dicta la materia Geopolítica y Negocios Internacionales en la Escuela de Negocios de UCEMA y trabaja sobre la relación entre estrategia empresarial, cadenas globales de valor, China, Asia y América Latina.

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