Con un marzo lapidario en términos inflacionarios que anotaría el indicador más alto desde septiembre del 2024 y una crisis energética global que no muestra vías de solución, las preocupaciones por la continuidad de los aumentos en abril son cada vez mayores dentro del gobierno.
De acuerdo al promedio de consultoras económicas que dialogaron con Forbes, los combustibles ya acumulan subas del orden del 20% desde el inicio del conflicto bélico y tuvieron un impacto en precios cercano a 0,7 puntos porcentuales en el IPC de marzo.
De esta manera, la inflación superaría el 3% mensual por primera vez en un año y medio. El gran problema, además de la continuidad de la guerra que hace que el barril no baje de 100 dólares en el caso del Brent, es que todavía resta un importante porcentaje de traslado a precios si se quiere cumplir con la legislación de la Ley Bases que marca una regla de paridad de exportación.
No por nada los aumentos registrados en otros países fueron mucho mayores, con casos como el de Chile que llegaron hasta el 60% en el gasoil.
Es por eso que el Poder Ejecutivo decidió empezar a moverse tras varias semanas de inacción y decretó dos medidas que actuarán como leves paliativos en los precios. La primera fue el aumento del corte del bioetanol en su mezcla con la nafta del 12% al 15%. Con un mayor componente de un insumo más económico, el precio total se vería contenido, aunque en una fracción muy baja.
La otra decisión fue el congelamiento de los impuestos a los combustibles y al dióxido de carbono, un clásico dentro de la industria petrolera que fue furor durante la administración de Alberto Fernández. El tributo debe actualizarse en línea con la inflación de forma trimestral, pero debido al atraso acumulado desde hace tantos años, durante la gestión Milei se estuvieron efectuando subas que en los últimos meses se ubicaron en torno al 1% mensual.
No obstante, el impacto más significativo vendrá por el lado de la industria, que tendrá que decidir si continúan estos traslados hasta el nivel de “export parity” o si se hace una pausa por el temor de que afecte las cantidades vendidas.
“Este es un negocio de volumen. No sé cuánto espacio hay para seguir aumentando porque puede afectarte las ventas. Lo que se busca es acercarse a un precio promedio en torno a los 85 o 90 dólares por barril que estamos muy cerca”, indicaron desde una conocida firma.
Bajo esa mirada, la idea es esperar a ver cómo se terminan estabilizando los valores internacionales, algo que indefectiblemente terminará impactando si continúan por arriba de los 100 dólares. @@FIGURE@@
El efecto dólar barato
La apreciación cambiaria que se profundizó después de las elecciones de octubre -y se sostiene a raíz de la fuerte liquidación del campo y las exportaciones petroleras- está funcionando como un colchón para que el aumento de precios internacionales no tenga tanto impacto.
Como el tipo de cambio cada vez está más bajo, los precios en dólares tanto de combustibles como de tarifas van aumentando. En el caso de las naftas, esto permite acercarse al valor de export parity sin la necesidad de tantos aumentos.
En tanto, en las tarifas de gas provocó directamente una reducción del 5,66% en abril ya que los valores del PIST (punto de ingreso al sistema de transporte) están fijados en dólares, pero se pagan en pesos según el tipo de cambio del momento.
El comienzo del “periodo invernal” donde empieza a aplicarse un subsidio del 50% al gas por red (SEF) también jugó su cuota en este mismo sentido.
Finalmente, las tarifas eléctricas mostraron una suba acotada en torno al 2%, es decir, bien por debajo de la inflación de marzo, lo que tendría un efecto positivo para el mes en curso.
“Para abril, la inflación estaría en torno al 2,5%. Si el barril del crudo se mantuviese estable, el traslado será bajo, aunque probablemente tenga impactos de segundo orden por las subas de marzo. Por ejemplo, en las cadenas de distribución y el sector de alimentos”, indicó Bautista Santamarina, de Empiria Consultores.