No hubo un momento épico ni una escena fundacional digna de una serie de streaming. La historia de CookUnity empieza, más bien, con una decisión silenciosa pero radical. La historia de una pareja que decide mudarse de Argentina a Estados Unidos con una idea clara, una ambición grande y la convicción de que el modelo que imaginaban solo podía probarse en el mercado más competitivo del mundo.
A comienzos de 2016, Mateo Marietti y su esposa Clara hicieron las valijas con un plan concreto bajo el brazo. No iban a “ver qué pasaba”. Iban a construir una compañía. Una década después, esa decisión se tradujo en CookUnity, una plataforma que conecta a chefs profesionales con millones de consumidores en América del Norte y se convirtió en uno de los casos más sólidos del ecosistema foodtech estadounidense. Pero para entender cómo llegó hasta ahí, Marietti retrocede en el tiempo. @@FIGURE@@
El nacimiento de CookUnity
El primer capítulo se escribe en Buenos Aires, en 2007, cuando Marietti fundó Sushi Pop y se metió de lleno en un negocio que, en ese momento, todavía no se llamaba “delivery digital”. La experiencia fue formativa y sirvió para aprender a escalar operaciones, gestionar marcas gastronómicas y leer tendencias de consumo antes de que se vuelvan masivas. “Ahí entendí hacia dónde iban las personas con sus alimentos”, resume y explica los hábitos en los que basó su idea: menos tiempo para cocinar, más interés por la nutrición, mayor apertura a sabores del mundo y una demanda creciente de personalización.
Ese cúmulo de aprendizajes fue el germen de CookUnity. El modelo, sin embargo, necesitaba otra escala. Estados Unidos ofrecía algo que ningún otro mercado podía igualar. La posibilidad de acercarse a capital de riesgo dispuesto a financiar ambición, talento global, consumidores abiertos a probar formatos nuevos y un ecosistema donde fallar rápido es parte del proceso. Para Marietti, no se trataba de comparar países, sino de niveles de aspiración. “Si querés jugar al máximo nivel, este es el lugar”, asegura.
Los primeros dos años fueron duros. Pilotos, errores costosos, decisiones casi terminales con poco capital en caja. San Francisco fue el laboratorio inicial, impulsado por socios que ya estaban en la ciudad, pero pronto quedó claro que el proyecto no era solo tecnología. CookUnity vivía en la intersección entre software y cocina, y ahí Nueva York tenía ventajas estructurales debido a su densidad gastronómica, diversidad cultural, volumen de consumidores y una narrativa potente para construir marca. Mudarse allí fue un punto de quiebre.
Cambiar para crecer
La primera versión del producto, influenciada por la experiencia previa en delivery rápido, apostaba a comidas de chef entregadas en menos de una hora. Funcionaba, pero no escalaba. El verdadero cambio llegó cuando detectaron un comportamiento inesperado. “Los clientes más fieles pedían cinco, seis, siete u ocho platos juntos, los guardaban y los consumían a lo largo de semanas. Me junté a charlar con varios para entender su comportamiento y, sin saberlo, ellos mismos estaban validando el corazón del negocio”, cuenta el fundador de CookUnity, que en ese momento giró hacia el modelo de suscripción semanal y encontró su identidad.
Desde entonces, la propuesta se fue refinando hasta convertirse en algo difícil de encasillar. No es take away, no es catering, no es un simple servicio de viandas. Es un marketplace de chefs donde cocineros profesionales e independientes preparan platos que luego se distribuyen a hogares con altos niveles de personalización. Marietti lo explica con una imagen clara: “En Estados Unidos, quienes tienen mucho dinero resuelven este problema con un chef privado y una nutricionista. CookUnity busca democratizar esa experiencia”.
El lado de la oferta terminó siendo más sencillo de lo esperado. Convencer a los chefs llevó tiempo, pero la pandemia aceleró todos los procesos. Con restaurantes cerrados y modelos tradicionales en crisis, muchos cocineros encontraron en la plataforma una forma de diversificar ingresos sin competir con sus propios locales. Hoy, CookUnity trabaja con alrededor de 180 chefs en todo el país, incluidos nombres de primer nivel, y el promedio de ingresos por chef ronda los US$ 850.000 anuales, con casos que superan los US$ 7 millones. @@FIGURE@@
Del lado de la demanda, el crecimiento fue igualmente sostenido. Familias, parejas profesionales, personas con agendas cargadas que valoran comer bien sin dedicar horas a la cocina. El modelo se apoya en una lógica clara: cuanto más crece la plataforma, mejor se vuelve. Más clientes atraen más chefs; más chefs amplían la variedad de cocinas, dietas y estilos; y esa diversidad incrementa el valor para el usuario final. Es una dinámica similar a la que Marietti admira en marketplaces como MercadoLibre o Amazon.
El modelo de negocios
Ese círculo virtuoso explica por qué CookUnity puede reinvertir agresivamente. La compañía accedió a capital de riesgo y, más recientemente, a un acuerdo de financiamiento no dilutivo por hasta US$ 250 millones con General Catalyst, destinado a acelerar adquisición de clientes, expansión de marca y alianzas estratégicas. La lógica es de largo plazo y se centra en construir una empresa pensada para durar décadas, no para maximizar dividendos en el corto.
En ese marco se inscriben las adquisiciones recientes, la expansión al segmento corporativo y los acuerdos con grandes plataformas. El más visible es la alianza con Airbnb, que permite a los huéspedes acceder a comidas de CookUnity directamente desde Airbnb Services, integrando la experiencia gastronómica al viaje. Para Marietti, no es solo un canal más, sino una señal de que el modelo empieza a ser infraestructura para terceros.
Mientras tanto, la prioridad de la compañía sigue siendo Estados Unidos. Aunque CookUnity lanzó hace algunos meses operaciones en Toronto como mercado de aprendizaje, la estrategia de corto y mediano plazo está enfocada en profundizar su presencia en el país. La escala, sostiene el CEO, todavía ofrece enormes oportunidades antes de pensar en una expansión internacional más agresiva. @@FIGURE@@
El futuro de la empresa
El próximo capítulo combina comida, datos e inteligencia artificial. La compañía trabaja en una nutricionista virtual integrada en la app, capaz de aprender preferencias, objetivos de salud y rutinas de cada usuario para recomendar platos de manera personalizada. En la práctica, la promesa original del “chef privado con nutricionista” empieza a materializarse, pero potenciada por tecnología. “Si la plataforma sabe que estás entrenando para una maratón o que querés bajar de peso, se le puede agregar análisis de sangre, de orina y de todo tipo para recomendarte comidas para para maximizar tu salud y alcanzar los objetivos. Ese es un potencial muy grande que nos entusiasma un montón”, revela al respecto.
Por otro lado, tras la alianza con Airbnb, Marietti resalta que ya tienen varios partnerships más en camino. “Después de ocho, nueve o diez años de sumar chefs, recetas y construir una base de datos de más de 10.000 platos, los propios chefs empezaron a sumar nuevos tipos de productos como comida para perros, comida para niños, jugos, y distintas categorías más. Eso vuelve muy interesante la propuesta para grandes plataformas, que pueden ofrecer ese mismo menú a sus clientes”, explica.
Otro punto importante para la compañía es la experiencia de los usuarios. “Para nosotros es una prioridad seguir agregando conveniencia. Para muchas familias, tener un día por semana en el que saben que las comidas llegan a su casa es un piso altísimo: la semana ya queda parcialmente resuelta. Pero hay otros usuarios con agendas más impredecibles, que no saben ni dónde van a estar la semana siguiente. Para ellos, ese formato no siempre funciona y prefieren decidir en el momento, entrar a una app y recibir la comida en una hora”, destaca el cofundador y CEO de CookUnity.
En lo personal, Marietti reconoce que emprender en pareja y criar tres hijos mientras se construye una compañía de esta magnitud no es un camino sencillo. Lejos del mito del emprendedor solitario, destaca el rol de Clara y el equilibrio entre empresa y familia. Su consejo para quienes empiezan es directo: en los primeros años, lo más importante es no desaparecer. Resistir, hablar con clientes, ganar tiempo. Aumentar las probabilidades de que la suerte aparezca.
Diez años después de aquella mudanza, CookUnity es uno de los casos más visibles de un emprendedor argentino que logró escalar un negocio de alcance continental desde Estados Unidos. Pero, fiel a su estilo, Marietti evita el tono triunfalista. La historia, dice, recién empieza. El objetivo no es celebrar la década recorrida, sino sentar las bases de una compañía que, si todo sale bien, todavía tenga mucho para contar dentro de 90 años más: “Estamos construyendo algo que ojalá dure 100 años”.