El mate ya no sorprende cuando aparece en una foto de un futbolista europeo, un influencer estadounidense o una celebridad de Hollywood. La imagen que durante años fue patrimonio casi exclusivo de los argentinos empezó a convertirse en una postal global, y detrás de ese fenómeno cultural comienza a crecer un negocio que busca llevar la yerba mate mucho más allá de las fronteras del Mercosur.
Lionel Messi es, probablemente, uno de los grandes responsables de esa transformación. El capitán de la Selección convirtió el termo y el mate en parte de su imagen cotidiana y, con millones de seguidores alrededor del mundo, ayudó a que el ritual argentino ganara una exposición difícil de conseguir para cualquier campaña publicitaria. A él se sumaron otros futbolistas internacionales y figuras como Franco Colapinto, que llevaron la infusión a nuevos públicos.
Pero el llamado “efecto Messi” ya no se mide solamente en redes sociales. La industria yerbatera argentina atraviesa un momento de fuerte crecimiento exportador: en 2025 los embarques alcanzaron casi 58 millones de kilos, un récord histórico y un salto cercano al 32% respecto del año anterior, según datos del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM).
Y 2026 mantiene el ritmo. Entre enero y julio se exportaron 32,1 millones de kilos, frente a los 30,85 millones registrados durante el mismo período de 2025. Es decir, un crecimiento cercano al 4% interanual. Con varios meses todavía por delante, el sector se encamina a intentar encadenar un tercer récord anual consecutivo.
Pero hay otro dato que permite dimensionar la oportunidad: la yerba mate ya no se piensa solamente como una infusión tradicional. Según estimaciones citadas por el sector, el mercado mundial de bebidas a base de yerba mate superó los US$2.500 millones en 2024 y podría crecer a una tasa superior al 6% anual hasta 2030. El impulso llega de consumidores jóvenes que buscan alternativas naturales al café y a las bebidas energéticas tradicionales.
Del mate argentino a una bebida global
El cambio no pasa solamente por vender más kilos. Una parte cada vez más importante de la estrategia consiste en capturar mayor valor agregado y adaptar el producto a consumidores que no necesariamente conocen el ritual de cebar un mate.
Ahí aparece uno de los grandes motores de la expansión internacional: las bebidas ready to drink. En Estados Unidos, la yerba mate empieza a competir en un territorio hasta hace poco dominado por el café, el cold brew, el matcha y las bebidas energéticas.
Uno de los ejemplos es Mateína, una bebida en lata, sin azúcar y con unos 80 miligramos de cafeína por unidad, desarrollada con la participación del neurocientífico Andrew Huberman. La marca consiguió ingresar al catálogo de Whole Foods y apunta justamente al consumidor interesado en bienestar, productividad y alimentación saludable. La empresa asegura contar con más de 50.000 consumidores registrados en su comunidad digital.
El fenómeno también empieza a atraer capital y emprendedores de perfiles inesperados. SOLLOS Yerba Mate Inc., una startup estadounidense incorporada a fines de 2025, levantó US$1 millón de capital inicial y tiene entre sus directores a Barron Trump, hijo del presidente Estados Unidos. Su apuesta es desarrollar bebidas funcionales basadas en yerba mate para consumidores jóvenes de Estados Unidos.
El cambio de formato tiene una explicación sencilla: para un consumidor que nunca aprendió a cebar un mate, una lata es mucho más fácil de entender que una calabaza, una bombilla y un termo.
La pandemia también aceleró esa transformación. En Europa y Estados Unidos crecieron las formas de consumo individual y la yerba comenzó a aparecer en infusiones saborizadas, cápsulas, polvos, bebidas energéticas e incluso otros productos.
Una oportunidad que va más allá de exportar kilos
El crecimiento internacional también está cambiando la estrategia de las empresas argentinas. El negocio ya no consiste únicamente en colocar yerba a granel: la pelea pasa por cuánto valor argentino puede quedar incorporado en cada tonelada exportada.
El caso de Playadito es uno de los ejemplos más claros. La compañía apuesta por exportar el producto envasado y llega a mercados como España, Chile y Estados Unidos. Durante enero-julio, según los datos de ExpoData citados en el informe, exportó a un valor aproximado de US$3.415 por tonelada, más del doble que el promedio de los embarques de La Cachuera, que rondó los US$1.662.
La diferencia muestra dónde está una de las oportunidades de la industria: no es lo mismo vender materia prima que colocar una marca terminada en una góndola internacional, con packaging, identidad, distribución y posicionamiento propio.
En enero-julio de 2026 unas 60 empresas yerbateras realizaron envíos al exterior, según ExpoData. La Cachuera lideró el ranking por volumen, seguida por Grupo Kabour, Las Marías y Piporé, mientras que Playadito, CBSé, Verdeflor y Rosamonte también ganaron posiciones.
El mapa de destinos también se amplió. Siria continúa siendo un mercado relevante, pero las empresas argentinas avanzan sobre Estados Unidos, Europa, Medio Oriente y otros destinos, en un proceso de diversificación que abre una oportunidad para la industria.
La transformación también se observa dentro de las propias marcas. En Argentina, las empresas tradicionales comenzaron a explorar nuevos sabores y experiencias para acercarse a consumidores más jóvenes. CBSé, por ejemplo, lanzó ediciones limitadas como Chocolate Dubái y Mango Picante, dos propuestas que buscan llevar la yerba hacia territorios de consumo más asociados a las tendencias de redes sociales que al tradicional paquete de medio kilo.
Al mismo tiempo, aparecen marcas nacidas directamente en el ecosistema digital y proyectos asociados a influencers y celebridades. Es el caso de Cósmico, creada por la pareja de influencers Samantha Trottier y Hernán Regiardo, y de Alba Nueva, la marca de yerba lanzada por Zaira Nara en 2025 con producción en Misiones. El producto se apoya en redes sociales y en una identidad premium para llegar a consumidores jóvenes.
Messi como embajador y el desafío de convertir la moda en negocio
Pero el fenómeno excede hace tiempo al capitán argentino. Antoine Griezmann y Paul Pogba fueron de los primeros futbolistas europeos en adoptar el mate de manera pública, mientras que Neymar también lo incorporó a su rutina y ayudó a expandir la costumbre en Brasil. En la Premier League, la influencia de los jugadores argentinos y uruguayos hizo que la infusión llegara a los vestuarios ingleses: Eric Dier, Danny Rose y Dele Alli contaron que empezaron a tomar mate por recomendación de sus compañeros.
Para los empresarios vinculados al sector, esa exposición tiene un valor difícil de replicar mediante una campaña publicitaria tradicional. Cada futbolista que aparece tomando mate funciona, de alguna manera, como una demostración de producto para una audiencia global.
El desafío ya no parece ser convencer al mundo de que el mate existe. La pregunta que queda abierta es quién va a capturar el valor de una categoría que empieza a despertar interés: si las empresas argentinas logran construir marcas internacionales y vender el producto terminado, o si el país seguirá siendo, principalmente, el proveedor de la materia prima.
Por ahora, la yerba argentina tiene algo que muchas categorías buscan y pocas consiguen, una historia propia, una identidad reconocible y un consumidor internacional que empieza a descubrirla.