En la Argentina, abrir un restaurante es un acto de pasión. Y sostenerlo, un ejercicio de supervivencia. Márgenes ajustados, alta rotación de personal, presión impositiva, dependencia de plataformas de delivery y una digitalización fragmentada forman parte del día a día del sector. En respuesta a ese contexto, OrderAR nació con una premisa clara: no vender un software, sino construir un ecosistema que entienda —desde adentro— cómo funciona un local gastronómico.
“Nos dimos cuenta de que el problema que tenían muchos restaurantes y locales respecto de sus sistemas de software no era solo tecnológico, era de gestión”, explica Mariano Vidal, CTO de OrderAR. Y agrega: “Aunque muchos sistemas resuelven una parte, al final no logran entender la dinámica real de un restaurante”. OrderAR fue creada por Sebastián Verrastro (CEO); Damián Shiizu (CPO), chef y dueño de Uni Omakase —restaurante con mención en la Guía Michelin—; y Vidal. Antes de crear la empresa, Verrastro y Shiizu ya habían fundado una consultora de asesoramiento gastronómico luego de vender cuatro locales propios de sushi. Finalmente, ese conocimiento práctico se transformó en el ADN de la nueva compañía.
El proyecto nació como una extensión natural de la consultora. “Veíamos los mismos problemas en todos los clientes: sistemas caros, poco flexibles, difíciles de implementar o que no dialogaban entre sí”, recuerda Vidal. “Ahí entendimos que había una oportunidad enorme”. La inversión inicial fue de $ 40 millones, destinados a desarrollo de producto, marca, operaciones y expansión comercial. No hubo capital externo: la compañía se financió con fondos propios provenientes de la consultora y reinversión de ingresos. Esa lógica bootstrap marcó el ritmo de crecimiento.
Para el nombre, los fundadores eligieron combinar “order” (o pedido en inglés) y las letras AR, que aludían a realidad aumentada. Esto lo hicieron con una idea inicial de que el cliente pudiera visualizar el plato antes de pedirlo. El concepto se descartó rápidamente, pero la sigla AR quedó resignificada como síntesis de la palabra Argentina. OrderAR, entonces, se define como un ecosistema de soluciones gastronómicas bajo un modelo B2B2C, a través del cual le vende al restaurante un software que impacta directamente en la experiencia del consumidor final. El restaurante paga una suscripción mensual y un costo por cada transacción.
El sistema se divide en cuatro módulos principales: gestión de delivery (incluye carta digital, pagos integrados y logística; no cobra comisión porcentual sobre cada venta, sino un costo fijo mensual), gestión de salón (QR en mesa para pedir y pagar, integración con cocina, carga de stock, promociones y estadísticas operativas), gestión de reservas (motor de reservas con IA entrenada con datos reales del local) y OrderAR Empresas (dashboard consolidado para cadenas con múltiples sucursales, integrable incluso con sistemas de terceros).
Uno de los diferenciales más fuertes del sistema es su capacidad de integración. “Entendimos que lo primero que debíamos hacer era resolver lo urgente: ordenar el negocio gastronómico -señala Vidal-. Muchos de nuestros clientes ya tienen un sistema y no lo quieren cambiar. En esos casos, nuestra solución es acoplarnos y sumar valor sin que tengan que empezar desde cero”. Esa flexibilidad, sumada a costos de implementación más bajos que los de la competencia, explica parte del crecimiento de la compañía.
En expansión
En 2025, OrderAR cerró con una facturación anual de $ 45 millones en ingresos recurrentes. Para 2026, proyecta $ 110 millones y para 2027, $ 240 millones, apalancados en expansión regional y consolidación del mercado local. El crecimiento fue acelerado: más del 510% en 2023, durante la fase de lanzamiento; más de un 130% en 2024 y más de un 80% en 2025. En la actualidad, la empresa cuenta con casi 400 restaurantes y bares activos en todas las provincias del país —excepto Formosa— y una oficina en Flores.
Entre sus clientes más destacados figuran Uni Omakase, franquicias de La Farola, locales de Big Pizza y sucursales de la cadena de heladerías Grido. Su producto más demandado proviene de pequeños y medianos locales, un segmento históricamente desatendido por soluciones tecnológicas complejas y costosas. @@FIGURE@@
Dado que la primera etapa de la empresa fue ordenar la operación, la siguiente es potenciar la toma de decisiones. En este sentido, OrderAR ya integra una capa de IA entrenada con datos específicos de cada restaurante. “No se trata de un chatbot genérico sino de una IA entrenada con la información real de cada local”, aclara Vidal. El sistema responde consultas frecuentes, sugiere acciones y asiste al dueño cuando no sabe cómo contestar una pregunta recurrente de clientes. En reservas, por ejemplo, guía al usuario en función de disponibilidad y reglas internas del negocio. El objetivo no es marketing tecnológico, sino eficiencia operativa. “No queremos vender humo con IA. Queremos que realmente le ahorre tiempo y errores al empresario gastronómico”, afirma el CTO.
Aunque no recibió inversión externa, OrderAR participó en programas de aceleración como Naves del IAE —donde fue finalista—, Sparklab de la Universidad de San Andrés y actividades vinculadas a Endeavor. Actualmente, la empresa se encuentra en fase de validación comercial en Uruguay, Perú, Paraguay, México y España. Se trata de early adopters y alianzas estratégicas que buscan replicar el modelo en mercados con estructuras gastronómicas similares. Por otro lado, su plan a mediano plazo contempla una expansión regional más agresiva y el fortalecimiento de la capa de IA. “La gastronomía es un negocio emocional, pero necesita datos para sobrevivir. Queremos ser el sistema nervioso que conecta operación, cliente y estrategia”, sintetiza Vidal.
La industria gastronómica argentina mueve miles de millones de pesos al año y emplea a cientos de miles de personas, pero su nivel de digitalización sigue siendo desigual. Muchos locales operan con soluciones fragmentadas o procesos manuales que dificultan el control de costos y la toma de decisiones. En ese escenario, OrderAR apuesta a una lógica escalable: empezar con un módulo pequeño y crecer según la madurez del cliente. “Podés arrancar con algo básico y después sumar funcionalidades. La clave es acompañar al emprendedor”, señala el experto. OrderAR no solo compite contra otros software sino también contra la informalidad, la resistencia al cambio y la falta de profesionalización. Su apuesta es que, en un contexto económico volátil, la tecnología deje de ser un gasto y se convierta en una ventaja competitiva.