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Marina Mammoliti
Negocios

De un micrófono casero en Chubut al top global del podcasting: el fenómeno Psicología al Desnudo

Agustín Jamele

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Con más de 3 millones de oyentes en todo el mundo y tres años consecutivos entre los 25 podcasts más escuchados a nivel global, Psicología al Desnudo se convirtió en un fenómeno global. Su creadora, Marina Mammoliti, explica el éxito del proyecto mientras estrena su quinta temporada,

12 Marzo de 2026 07.07

Con más de 3 millones de oyentes en todo el mundo, más de 200 episodios publicados y tres años consecutivos entre los 25 podcasts más escuchados a nivel globalPsicología al Desnudo se convirtió en uno de los fenómenos más singulares del universo hispanohablante. Creado por la psicóloga argentina Marina Mammoliti en 2020, el proyecto nació casi de manera artesanal y terminó consolidándose como una de las marcas de bienestar y salud mental más influyentes de la región.

Ahora, en su quinta temporada, que se estrena este 12 de marzo, el podcast vuelve con una consigna clara: “volver a lo esencial”. Menos estudio, menos artificio y más intimidad. En conversación con Forbes, su creadora, Marina Mammoliti habla del detrás de escena del crecimiento, de cómo construyó una comunidad global, de la empresa que nació alrededor del contenido, del impacto de las redes sociales en su propia vida y del debate que ya atraviesa al sector: qué lugar ocupará la inteligencia artificial en la salud mental.

—Quinta temporada de Psicología al Desnudo. En un ecosistema digital donde muchos proyectos son efímeros, llegar hasta acá no es menor. ¿Cómo vivís esta vuelta y qué va a encontrar la audiencia en esta nueva etapa?

Psicología al Desnudo ya tiene casi seis años. En los proyectos digitales muchas veces pasa que alguien hace un año un podcast y después lo deja o migra a otro formato. En mi caso, el podcast fue cambiando muchísimo. Arrancó de una manera muy simple: yo grababa con el micrófono de los auriculares del celular. Después vino todo un proceso de crecimiento, de grabar en estudio, sumar cámaras, profesionalizar mucho la producción. Y esta quinta temporada viene, justamente, a hacer el camino contrario: volver a lo esencial.

Mi idea, después de haberlo hecho crecer tanto y de haberlo profesionalizado tanto, fue volver a grabar en casa, alejarme del estudio, de las luces, de cierta estructura más acartonada. Quise regresar a una conversación mucho más honesta con la comunidad, más transparente, más vulnerable. También vuelve algo de mis propias historias, algo que quizás se había perdido en esa etapa más producida. Para mí, esta temporada es eso: una vuelta a la simpleza y a la conexión genuina.

Marina Mammoliti
Marina Mammoliti

—¿Qué es para vos y tu comunidad “volver a lo esencial”?

—Sí, totalmente. Yo vengo un poco abrumada, cansada incluso, de tanto contenido, de tanta red, de tanto estímulo. Estos últimos años mi proceso estuvo muy atravesado por mirar tendencias, por estar muy pendiente de lo que pasaba del otro lado, de qué querían las personas, qué funcionaba, qué no. Y llega un momento en el que aparece la necesidad de bajar el ruido externo.

Entonces también hay algo de eso en esta temporada: callar un poco lo que viene de afuera para volver a conectar con lo que realmente me pide mi comunidad, que es una comunidad enorme pero con la que tengo un vínculo muy íntimo. La quinta temporada nace desde ese lugar.

—Justamente, hablás de una comunidad enorme, con millones de oyentes, pero al mismo tiempo muy cercana. ¿Cómo se construye esa relación?

La verdad es que fue bastante orgánico. Nunca me senté a pensar “quiero lograr este tipo de vínculo con la comunidad”. El podcast arrancó a partir de algo que yo veía en mi trabajo clínico. Mis pacientes me traían temas que les generaban angustia, dolor, confusión. Yo investigaba, trataba de ordenar esa información y cuando les explicaba cómo funcionaban ciertos mecanismos, veía que aparecía mucho alivio.

Cuando llegó la pandemia y se terminó el consultorio presencial, pensé que ese alivio no tenía por qué quedar solamente adentro del espacio terapéutico. Quise compartirlo con más personas. Ahí empezó el podcast. Y con el tiempo se dio algo muy natural: yo hablo, escucho mucho, pregunto mucho, abro cajas de preguntas, leo mails larguísimos, respondo, y a partir de eso también construyo el contenido.

Obviamente, después hay un equilibrio. La comunidad puede traer un montón de temas, pero a mí también me tiene que interesar investigarlos. Porque si no me interesa, no voy a ir a fondo. Entonces siempre fue una combinación entre lo que la comunidad necesita y lo que yo sé que puedo investigar con rigurosidad para devolver algo valioso.

Los inicios de las grabaciones en Rawson, Chubut
Los inicios de las grabaciones en Rawson, Chubut

—Venías de una carrera más tradicional como psicóloga clínica. Hoy, con todo lo que construiste, ¿cómo te definís? ¿Psicóloga, creadora de contenido, divulgadora, emprendedora?

—Te diría que psicóloga sí o sí, porque es mi manera de mirar el mundo. Incluso antes del título, diría que ya había algo muy mío en la curiosidad, en la pregunta como herramienta para entender al otro, para tomarle el pulso a lo que pasa. Psicóloga es mi columna vertebral.

Pero también me reconozco como comunicadora o divulgadora. Hace algunos años descubrí que me apasiona mucho tomar conceptos complejos, papers, teorías que muchas veces quedan encerradas en la academia, y traducirlos en historias, metáforas o ejemplos que cualquier persona pueda entender. Eso me encanta y lo encontré hace no tanto.

—Y en ese proceso también tuviste que aprender el lenguaje de las plataformas, los algoritmos, la lógica de las redes. ¿Qué te dejó ese aprendizaje?

—Principalmente, entender qué cosas hago bien yo y para cuáles necesito un equipo. El podcast es una parte de un proyecto mucho más grande, y para escalarlo yo entendí rápido que no iba a poder hacerlo todo sola. No soy la mejor analizando métricas, ni leyendo el algoritmo con precisión quirúrgica, ni entendiendo cada detalle del comportamiento de los formatos.

Lo que sí puedo hacer muy bien es pensar el mensaje, el sentido del contenido, la rigurosidad de lo que quiero comunicar. Entonces aprendí a armar un equipo que se ocupe de aquello donde yo no aporto tanto valor, para poder concentrarme en lo que sí hago bien.

Psicología al Desnudo en Times Square NY por Amazon Music
Psicología al Desnudo en Times Square NY por Amazon Music

—Detrás del podcast creció algo mucho más grande que una marca personal. ¿En qué momento entendiste que eso ya requería estructura?

—No fue una decisión de decir “voy a crear una gran empresa”. Para nada. De hecho, todo empezó mucho antes. Yo había creado mi Instagram, que hoy es el nombre del proyecto, simplemente para hacerme conocida en el pueblo donde vivía, en Rawson, Chubut, y poder tener más pacientes. Al principio, como a muchos psicólogos, me costaba llenar la agenda.

Después creé Psicología al Desnudo, ya en pandemia, y el podcast empezó a crecer muchísimo. Empezaron a llegar más y más pacientes. Yo trabajaba demasiadas horas y ya no podía seguir tomando gente. Entonces empecé a derivar a colegas amigas. Y ahí apareció una necesidad doble: por un lado, poder ofrecer un servicio en el que yo confiara; por otro, dejar de vivir una profesión tan en soledad y construir red con otros psicólogos. Así nació el proyecto más grande, como respuesta a la demanda real de las personas.

—¿Cómo es hoy esa estructura?

—Hoy es una plataforma de salud mental que reúne a más de 200 psicólogos y atiende a pacientes hispanohablantes de todo el mundo. Tenemos pacientes en más de 120 países y más de 20.000 personas hicieron terapia con nosotros. El podcast fue la primera gran puerta de entrada, pero después el universo creció mucho.

No solamente ofrecemos psicoterapia individual, sino también terapia de pareja, familia, orientación vocacional, supervisión y un club de miembros para personas que quizás no quieren hacer terapia semanal, pero sí quieren acceder a herramientas, contenidos y comunidad en torno al bienestar y el autoconocimiento.

100 mil suscriptores en YouTube
100 mil suscriptores en YouTube

—En ese sentido, ya no sos solamente una divulgadora: también sos una emprendedora. ¿Te reconocés en ese lugar?

—Sí, totalmente. Y fue un proceso. Hasta hace no tanto seguía atendiendo pacientes de manera regular; hace poco tuve una de mis últimas consultas más estables. Hoy estoy mucho más enfocada en el proyecto general, en la quinta temporada, en otros lanzamientos como mi libro, y en pensar el impacto de la plataforma. La verdad es que hoy mi cabeza está muy puesta en cómo hacer para que herramientas de salud mental basadas en evidencia lleguen a más personas. Esa es la misión.

—Y además estás generando trabajo en un sector muy específico. También hay ahí una dimensión económica del proyecto. ¿Cómo se sostiene?

—Eso fue un aprendizaje enorme. Yo vengo del mundo de la salud, del uno a uno. Entonces, a la hora de escalar, hubo algo clave: yo creé este proyecto con mi pareja. Yo aporto la mirada clínica, el contenido, la relación con los psicólogos, la misión de democratizar herramientas de salud mental. Él viene mucho más del mundo de los negocios y de la tecnología.

Fue una combinación muy buena. Nosotros armamos la empresa entre los dos y siempre fuimos 100% bootstrapped. Nunca salimos a buscar capital, nunca nos financiamos con inversión externa, nunca pusimos plata en pauta. Todo el crecimiento fue orgánico. La empresa se sostuvo y se sigue sosteniendo con la comunidad, con las personas que llegan a la clínica y toman nuestros servicios.

Eso nos da muchísimo orgullo, porque implica que hubo mucha cabeza puesta en construir contenido con valor real y una comunidad sólida sin depender de Ads.

—En ese crecimiento apareció también la tecnología como parte de la experiencia. Y hoy es imposible no hablar de inteligencia artificial. ¿Cómo conviven la IA y la salud mental?

—Es una gran pregunta y creo que ya no es una discusión del futuro sino del presente. Hay una realidad: las personas usan chatbots para hablar de lo que les angustia, de lo que les pasa, de lo que les duele. Tiene sentido. Son herramientas que están disponibles 24/7. Un terapeuta no está disponible a las tres de la mañana cuando alguien no puede dormir o está rumiando sin parar.

Yo no creo que eso se pueda negar. Tampoco me interesa demonizar la inteligencia artificial. Me parece una herramienta súper poderosa y veo cosas increíbles. En nuestro equipo, además, hay mucho trabajo con tecnología para hacer más eficientes los procesos.

Ahora bien, de ahí a pensar que la IA puede reemplazar el vínculo terapéutico humano hay un salto que, para mí, todavía no se puede dar.

Marina Mammoliti

—¿Por qué?

—Porque hay cosas que la IA todavía no puede hacer y que son centrales en un proceso terapéutico. Un chatbot suele ser profundamente validante. Y está bien que lo sea. Pero muchas veces, en terapia, las intervenciones que más movilizan no son las que te dicen “qué bien lo estás haciendo”, sino las que te muestran algo que no estás viendo. Yo les digo “piñas emocionales”, en el buen sentido: esa intervención que, con el timing adecuado, te confronta, te corre del lugar habitual, te hace ver tu propia contradicción.

Eso hoy lo hace un terapeuta humano. Y además hay toda una dimensión de la clínica que tiene que ver con lo no dicho. Un silencio antes de hablar del padre. Un temblor en la voz cuando aparece una pareja. Una ironía. Una ambigüedad. Una frase que puede ser filosófica o puede esconder una ideación suicida. Todo eso requiere una lectura humana muy fina.

Entonces, sí: la IA puede aliviar, puede acompañar, puede ordenar, puede servir como herramienta. Pero el vínculo humano sigue teniendo algo irreemplazable.

—Tu mirada no es apocalíptica, pero tampoco ingenua. ¿Dónde ponés el límite?

—Exacto. No estoy ni en la postura de “la IA es el fin del trabajo humano” ni en la de “no sirve para nada”. Me parece que las posiciones extremas simplifican demasiado. Para mí, la IA puede ser muy útil como contención, como espacio de descarga, como apoyo entre sesiones, como organización de procesos e incluso como puerta de entrada a un recorrido más profundo.

Lo que no creo es que pueda sanar problemáticas complejas, traumáticas o relacionales profundas reemplazando a un terapeuta. Ahí pondría el límite. Y eso es lo que también hablamos mucho con la comunidad: hasta dónde usarla, cuándo puede ayudar y cuándo hay que consultar con un humano.

Marina Mammoliti
Marina Mammoliti

—¿Ese tema aparece cada vez más entre quienes te siguen?

—Muchísimo. No tanto en la forma de “dejé de ir a terapia porque uso IA”, pero sí con frases del tipo “el chat me conoce mejor que mi psicólogo”. Eso aparece un montón. Y claro, es entendible: el chatbot está siempre, recuerda todo, no juzga, responde al instante.

Entonces nuestra tarea es complejizar la conversación. Decir: sí, puede ser útil; sí, puede ayudarte en ciertas cosas; pero no deja de ser una herramienta. Y está bueno saber hasta dónde.

—Más allá de la IA, ¿cómo ves el futuro del proyecto? ¿Piensan más en expansión o en consolidación?

—La misión está clarísima desde el principio: universalizar herramientas de salud mental basadas en evidencia. Hay muchas personas que viven en ciudades con acceso a terapia y pueden pagarla, pero la mayoría no. Para muchísima gente, la salud mental sigue siendo un lujo.

Entonces todo lo que pensamos hacia adelante va en esa dirección: mejorar la experiencia de psicoterapia, seguir trabajando con tecnología para hacerla más accesible y eficiente, y ampliar productos y servicios que vayan en la misma línea. Lo central no cambia: democratizar la salud mental.

—El podcast llegó a estar durante varios años entre los más escuchados del mundo. ¿Eso cómo lo vivís?

—Con mucha alegría, claro. En 2023 llegamos al puesto 13 del chart global y yo veía ahí nombres como Huberman o Lex Fridman y no lo podía creer. Después volvió a pasar. Que un podcast que empezó conmigo grabando en mi casa llegue a esos lugares es una locura hermosa.

Pero honestamente lo que más me importa no es el ranking en sí, sino lo que ese alcance genera. A mí me llegan mensajes de personas que tomaron decisiones radicales en su vida después de escuchar un episodio. Gente que dejó una relación violenta. Personas que pudieron reconciliarse con su madre después de años sin hablarse. Para mí, ahí está el sentido del podcast. En ese impacto real, concreto, íntimo.

Marina Mammoliti
Marina Mammoliti

—¿Sentís que Psicología al Desnudo puede ser infinito?

—No tengo la respuesta. Mi deseo es seguir haciéndolo. Soy bastante disciplinada y mientras haya comunidad, mientras haya escucha, mientras siga siendo para muchas personas ese espacio semanal de acceso a algo de la salud mental, yo feliz de seguir compartiendo.

—Para alguien que tiene conocimiento en cualquier área y quiere empezar a crear contenido, ¿qué consejo le darías?

—Que arranque. Que no espere a tener todo perfecto, súper profesional, armado. Si tenés un mensaje importante para compartir y querés hacerlo con responsabilidad, agarrá el micrófono y lanzalo al mundo. Después verás qué pasa.

Estamos demasiado obsesionados con la viralización, con pegar un clip, con que todo salga impecable. Y yo creo que hay que volver al contenido, al mensaje, a la intención real. Cuando hay valor y hay corazón en lo que hacés, el formato importa menos de lo que creemos.

—¿Y qué tan importante es hacerlo acompañado?

Fundamental. Uno solo tiene un límite. Yo no puedo atender a 20.000 pacientes. Tampoco podría haber hecho crecer todo esto sola. El impacto masivo, en general, no sucede en soledad. Y además es mucho más rico crear con otros. Dos cabezas piensan mejor que una; veinte, mejor todavía. En mi caso, rodearme de un buen equipo fue clave.

—Para cerrar: si tuvieras que resumir qué puede esperar la audiencia de esta quinta temporada, más allá de los temas, ¿qué dirías?

—Diría que una conversación honesta, genuina y muy desde adentro. Grabé en mi casa, en patas, tomando mates, saliendo y entrando. Hay algo de esa naturalidad que no aparece igual en un estudio. Y creo que cuando uno se encuentra con algo genuino, conecta distinto. Eso es, para mí, lo que trae la temporada cinco.

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