Se reabrió el mercado de deuda para las empresas y el Gobierno avanza el "colchón" de dólares para enfrentar las elecciones
Virginia Porcella Editora
Virginia Porcella Editora
Después de un mes en el que el mercado parecía haberse cerrado hasta nuevo aviso para las grandes empresas argentinas por el volátil contexto internacional, las mega colocaciones de YPF y Mercado Libre por un total de US$ 2.200 millones inauguraron una nueva ronda que, en términos de ingreso de divisas, podría superar los US$5.000 millones hasta fin de año.
El dato, más allá de la obvia implicancia en términos de inversiones que contribuyen a dinamizar la actividad en sectores clave como el energético, resulta clave para el Gobierno. No solo en su búsqueda de herramientas para promover la reactivación en sectores más rezagados, que misión siempre es más sencilla con dólares disponibles para garantizar la estabilidad cambiaria, sino sobre todo para fortalecer la posicion de las reservas de cara a las elecciones del año próximo. El “colchón” para enfrentar las turbulencias.
Ese margen contribuye a aplacar tensiones sobre el objetivo principal de la política económica por estos meses: intentar reactivar sin presionar la inflación. El buen dato de inflación de agosto hace presumir que no habrá mayores sobresaltos en ese sentido. El dólar planchado hace un gran aporte en ese plano. A contramano de la estacionalidad tradicional, que solía implicar un fin de año más tenso en materia cambiaria ante el menor ingreso de divisas por el fin de la liquidación de la cosecha, las colocaciones de deuda previstas y las ya concretadas pero aún no ingresadas aportarán un buen caudal. De hecho, el Banco Central espera unos US$4.400 millones según precisó el vicepresidente de la entidad Vladimir Werning, en una presentación publicada esta semana. Son emisiones de empresas y también provincias, que el mes pasado colocaron “apenas” US$900 millones en conjunto, menos de la mitad que en julio. Eso significa que, con el acceso al mercado recuperado, se podrían acelerar emisiones postergadas.
La otra gran fuente de divisas será la balanza energética: la estacionalidad de la demanda de gas natural licuado reduce las importaciones de energía, lo que implica una menor salida de divisas en un rubro históricamente sensible para la cuenta corriente. En contrapartida, las exportaciones de petróleo sumarán más dólares que lo previsto dado el precio internacional en torno a los US$100 por barril.
Existen otros elementos, mencionados en un informe reciente del Banco Galicia, que aseguran al equipo económico que no será el frente financiero por donde pasarán las grandes complicaciones hacia fin de año. Es más, el flujo de dólares que asoma le permitirá al Gobierno incrementar el “colchón” para afrontar las presiones cambiarias en la previa electoral. Lo anticipó el viceministro de Economía, José Luis Daza, ante cierto escepticismo de los analistas: “Compramos US$10.000 millones, vamos a comprar otros US$10.000”.
En ese número se contaría liquidaciones pendientes del agro: hasta esta altura del año se liquidaron US$ 2.300 millones menos que en 2025, aunque las proyecciones para todo 2026 superan en US$ 800 millones las del año previo, lo que anticipa un posible ingreso adicional de divisas de casi US$ 3.000 millones en el último tramo del año. “Los términos de intercambio mejoraron un 10% desde junio y acumulan un alza de 21% en lo que va de 2026, lo que refuerza la capacidad de generación de dólares por exportaciones”, precisó el reporte del banco.
Existe, con todo, un riesgo no menor. La decisión que espera gran parte del mercado de la FED de subir la tasa de interés este mes podría tener un impacto negativo. No es, por el momento, un problema para el Gobierno que decidió no recurrir al financiamiento internacional pero sí podría endurecer las condiciones del financiamiento para el sector privado.
En agosto, la menor liquidez y el menor apetito por nuevas emisiones redujeron la ventana para los emisores emergentes. Esa ventana se reabrió pero sigue pendiente la suba de tasas en Estados Unidos y un nivel de riesgo país que todavía se mantiene más cerca de los 500 que de los 400 puntos básicos.