El mercado de capitales argentino atraviesa una etapa de fuerte actividad en el financiamiento corporativo, aunque ese dinamismo todavía no se tradujo en un crecimiento equivalente de la cantidad de empresas que deciden abrir su capital y cotizar sus acciones en el mercado local.
Mientras las obligaciones negociables se consolidaron como herramientas cada vez más utilizadas por las compañías, la salida a bolsa continúa enfrentando mayores exigencias, costos y desafíos de gestión.
Para el asesor financiero Fernando Villar, esta diferencia responde en buena medida a que las empresas encuentran actualmente un camino más sencillo para financiarse a través de deuda.
La emisión de deuda fue favorecida por una modalidad que se volvió relativamente accesible para las compañías, mientras que la cotización de acciones implica un proceso más exigente. “El hecho de cotizar en bolsa todavía les cuesta un poco más porque tienen muchos más requisitos, mucho más trámite”, señaló.
Esta asimetría ayuda a explicar por qué una empresa puede recurrir al mercado para obtener financiamiento sin necesariamente estar dispuesta a incorporar nuevos accionistas. La emisión de ON permite captar fondos manteniendo intacta la estructura de propiedad, mientras que una oferta de acciones implica, en términos generales, compartir una parte del capital y someterse a mayores niveles de exposición pública.
El costo de abrir el capital
De acuerdo al consultor Mariano Pantanetti, sin embargo, el principal obstáculo para que más compañías emitan acciones no necesariamente está relacionado con la capacidad de las empresas para cumplir con los requisitos financieros o contables. El problema tendría que ver con el control y con la gestión.
“Muchas empresas no emiten acciones, primero para no perder el control de la empresa y no tener que dar respuesta a un montón de personas”, explicó.
El ejecutivo cuestionó además la idea de que las empresas argentinas no salen a cotizar porque no cuentan con balances suficientemente ordenados. Como ejemplo, mencionó a Arcor, compañía que, según su análisis, tendría condiciones para acceder al mercado accionario pero que utiliza otras herramientas de financiamiento.
“Arcor es una empresa que podría cotizar tranquilamente en bolsa y emite bonos, descuenta cheques, hace lo que quiera, pero no emitió acciones”, expresó.

La diferencia fundamental estaría en las obligaciones adicionales que implica convertirse en una compañía cotizante. Una empresa que abre su capital debe brindar información periódica al mercado y queda expuesta al escrutinio de los accionistas.
“Si emitís acciones tenés que estar informando a la CNV trimestralmente cómo te está yendo”, señaló Pantanetti. Y allí aparece una tensión entre los intereses de los propietarios de largo plazo y los accionistas que pueden tener objetivos más inmediatos.
“Tiene mucha presión el CEO y el gerente financiero por mantener determinados resultados", explicó. En su visión, puede aparecer un problema de “principal y agente”, porque “el dueño de la empresa quiere crecer a largo plazo y el accionista a veces busca ganancias de corto”.
Qué podría cambiar el escenario en 2027
Ante la situación, el asesor Omar de Lucca considera que 2027, al ser un año electoral, puede convertirse en un período clave para definir si el mercado argentino logra avanzar hacia una mayor profundidad tanto en deuda corporativa como en acciones.
El primer requisito, según su análisis, es la estabilidad macroeconómica. “Es clave sostener un tipo de cambio equilibrado, sin sobresaltos bruscos, más a sabiendas que el 2027 es electoral”, sostuvo.
A eso debería sumarse una inflación significativamente menor. De Lucca planteó como escenario deseable una inflación cercana al 15% anual para el próximo año. Una mayor previsibilidad permitiría a las compañías proyectar ingresos, costos, inversiones y necesidades de financiamiento con un horizonte más claro.
El segundo punto es la expansión del crédito. El especialista considera que el crecimiento del financiamiento bancario también resulta fundamental para generar un entorno favorable para la inversión empresarial. “Si el gobierno no interviene en el sistema financiero, los bancos no van a expandir el crédito porque está yendo en contra de sus indicadores de morosidad”, indicó.
Otro factor relevante sería una reforma impositiva que genere incentivos concretos para las empresas que decidan abrir su capital. “Para incentivar a las empresas a cotizar en bolsa, o que más empresas se sumen, es necesario darle más incentivos fiscales que los actuales”, planteó.
Finalmente, De Lucca espera que una mejora de las perspectivas de inversión pueda impulsar la demanda de capital. Entre los sectores con potencial mencionó particularmente la incorporación de bienes de capital y tecnología, con la inteligencia artificial como uno de los principales focos. “Se prevé una mayor inversión en bienes de capital e incorporación de tecnología, AI sobre todo”, señaló.