El índice S&P 500 subió más del 15% desde principios de abril y recuperó terreno tras un período difícil que comenzó con la guerra en Oriente Medio y el cierre del estrecho de Ormuz.
La recuperación impresionó al mercado, con el respaldo de resultados sólidos. Sin embargo, el avance mostró límites: las acciones tecnológicas y de semiconductores concentraron gran parte del protagonismo, ya que los inversores siguieron favoreciendo a las compañías vinculadas a la IA, los chips, los centros de datos y otros sectores donde el crecimiento parece sostenible incluso en una economía incierta.
Para que el próximo repunte gane solidez, los inversores probablemente necesitarán una participación más amplia en el mercado. Aunque las noticias geopolíticas todavía pesan, las señales del mercado pueden ofrecer una lectura más clara. En este momento, el contrato del Brent para diciembre merece una atención especial.
Con las negociaciones aparentemente estancadas, los inversores no necesitan apurarse antes de que aparezca esa señal. Una caída sostenida del Brent a diciembre por debajo de los US$ 82 marcaría menores expectativas de inflación, rendimientos más bajos de los bonos y una posible rotación hacia los sectores más golpeados por la suba del petróleo.
Las acciones de empresas de consumo discrecional ofrecen un buen punto de partida. Incluye rubros como indumentaria, artículos deportivos, restaurantes, viajes, entretenimiento, autos, productos para el hogar y comercios minoristas no esenciales.
El sector sufrió cuando los precios de la energía se dispararon, ya que el aumento de los costos del combustible y de la electricidad redujo el margen de gasto de los hogares. Muchas de estas acciones ya se recuperaron desde sus mínimos, pero el panorama luce mejor que hace unas semanas.
Sin duda, los consumidores siguen siendo selectivos, pero la presión cedió. Los resultados del sector minorista superaron las expectativas; el mercado laboral se mantiene estable y la caída de los precios de la energía dejará a las familias con más dinero disponible para gastar.
TJ Maxx y Dick's Sporting Goods son dos compañías que podrían beneficiarse si el panorama del consumo sigue mejorando. Ambas dependen del gasto discrecional, y las ventas en locales comparables parecen encaminadas a mejorar a medida que cede la presión de los precios de la energía. Si la baja del precio del petróleo ayuda a liberar liquidez en los hogares, los minoristas con demanda sólida y tendencias positivas en el tráfico de clientes podrían volver a captar el interés de los inversores.
Las compañías de materiales también podrían beneficiarse. Incluye compañías vinculadas a metales, minería, químicos, materiales de construcción, acero, cobre, aluminio, papel, envases y otros insumos industriales.
Estas empresas suelen enfrentar dificultades cuando suben los precios de la energía, ya que el combustible, la electricidad y la calefacción representan una parte importante de sus gastos. Cuando esos costos bajan, los márgenes pueden mejorar y los inversores podrían mostrarse más dispuestos a volver a mirar compañías vinculadas a los metales, la minería y la actividad industrial.
Freeport-McMoRan ofrece un ejemplo. La reducción de los costos de energía puede mejorar las perspectivas de sus operaciones mineras, mientras que una mayor inversión en acciones cíclicas podría respaldar la confianza en la compañía.
La empresa también cuenta con otro factor favorable: la demanda sostenida de cobre, que el mercado espera que se mantenga firme por la electrificación, la infraestructura y las necesidades energéticas. Por lo tanto, aunque la caída de los precios del petróleo no constituye la única razón para invertir en la compañía, podría volverla más atractiva a corto plazo.
Las acciones financieras también podrían mostrar un buen desempeño, especialmente si la curva de rendimientos se vuelve más pronunciada.
El reciente aumento de los rendimientos perjudicó a los bancos y a otras entidades financieras de distintas maneras. Las tasas de interés más altas pueden reducir la demanda de préstamos, generar inquietud sobre la calidad crediticia y disminuir el valor de los bonos que los bancos mantienen en sus balances.
El petróleo resulta relevante en este caso porque el rendimiento a dos años sigue muy ligado a las expectativas de inflación, que, a su vez, dependen de los precios de la energía. Si el precio del petróleo baja, el rendimiento a dos años podría caer más rápido que el de a diez años. Eso empinaría la curva de rendimientos, un escenario que, en general, favorece al sector financiero.
Apollo Global Management y TPG son dos gestoras de activos alternativos que registraron fuertes caídas y podrían beneficiarse de esta situación. Sus negocios dependen, en parte, de mercados más saludables, de una mayor actividad de fusiones y adquisiciones y de condiciones financieras más estables. Por eso, sus acciones podrían recuperarse si los inversores empiezan a creer que la presión inflacionaria pierde fuerza y que el impacto de la suba de tasas ya alcanzó su punto máximo. Ambas compañías también atraviesan un ciclo de captación de capital, lo que podría impulsar mayores comisiones de gestión, un mayor potencial de rentabilidad y mejores resultados si las condiciones del mercado mejoran.
Eso no exige un escenario perfecto. Simplemente depende de que los inversores crean que lo peor de la inflación y de la crisis de tasas de interés ya quedó atrás.
El mercado ya repuntó. Ahora, la prueba consiste en ver si el liderazgo puede extenderse más allá de la tecnología y los semiconductores. Una caída sostenida del Brent de diciembre por debajo de los US$ 82 no resolvería todas las dudas de los inversores, pero enviaría una señal clara: el repunte podría estar a punto de ampliarse.
*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.