Aunque el panorama se extendía inmejorable a principios de año para el campo, el nuevo contexto internacional lo tiñe ahora de incertidumbre. La guerra en Medio Oriente, con su impacto directo en los costos de fletes, combustibles y fertilizantes, se convirtió en un factor que, en principio, amenaza con recortar los márgenes de los productores argentinos pero que podría terminar haciendo mella en los números macro.
La campaña 2025/26 traerá, según las últimas proyecciones de la Bolsa de Comercio de Rosario, un ingreso de divisas superior a los US$ 35.375 millones, gracias a una producción récord de granos y a precios internacionales relativamente firmes que el conflicto bélico sostiene. Se trata de unos US$ 850 millones más que lo previsto anteriormente. Ese flujo de dólares es vital para la economía argentina: fortalece las reservas del Banco Central, permite financiar importaciones y da aire a la política cambiaria en un contexto de alta demanda de divisas. Tambi+en en términos fiscales, el Estado se beneficia via mayor ingreso de retenciones a la exportación y otros tributos ligados al comercio exterior que se calculan sobre volúmenes y valores que serán más alots.
En términos macroeconómicos, se trata de un alivio significativo para un país que necesita con urgencia dólares genuinos para estabilizar su balanza de pagos y sostener la actividad.
Sin embargo, el impacto de la guerra en Medio Oriente introduce un matiz que no puede ignorarse. El encarecimiento de los costos reduce las ganancias del sector, lo que implica una limitación a la capacidad de reinversión de los productores de cara a la próxima campaña. La guerra provocó una suba abrupta de los costos de exportación. Los fletes marítimos, que ya venían en alza por la reconfiguración de rutas comerciales, registran incrementos de hasta un 50%. El combustible, insumo clave para la maquinaria agrícola y el transporte interno, también se ve afectado por la volatilidad del mercado energético. Los fertilizantes, muchos de ellos importados, se encarecen en paralelo, lo que obliga a los productores a recalcular sus estrategias de inversión y manejo de suelos. En el caso del trigo, por ejemplo, el costo de siembra aumentó US$ 58 por héctarea, lo que implica una suba de casi 11% respecto a lo smeses previos al conflicto con Irán.
“La escalada de tensión militar en Medio Oriente ha dejado de ser un conflicto lejano para transformarse en un factor determinante en la economía rural argentina”, advierte la entidad.

Así, al mismo tiempo que la Argentina se beneficia de precios internacionales elevados, enfrenta también enfrenta la presión de mayores costos que reduce su ventaja frente a otros exportadores. Por eso la BCR advierte que este escenario dual obliga a pensar en medidas de mitigación, desde acuerdos logísticos hasta una mayor eficiencia en el transporte interno.
En el Gran Rosario, epicentro de la salida de granos hacia el mundo, la logística se convierte en un desafío adicional. El sistema Stop 5.0, que ordena el ingreso de camiones a los puertos, busca aliviar la congestión y reducir tiempos de espera, pero no logra neutralizar el impacto de los costos internacionales. Los productores señalan que, aunque la tecnología ayuda, el verdadero problema está en la estructura global de precios y en la incertidumbre que genera el conflicto bélico.
El contexto internacional también condiciona las decisiones de inversión. Muchos productores, que ven en la campaña actual una oportunidad de recuperación tras años de sequía y dificultades, dudan ahora sobre la conveniencia de expandir su capacidad instalada o apostar por nuevas tecnologías. La volatilidad de los insumos y la falta de previsibilidad en los costos desalientan proyectos de largo plazo. "El esquema productivo requiere importantes gastos anticipados en semillas, fertilizantes, agroquímicos, labores y otros insumos, mientras que los ingresos recién se materializan tras la cosecha
La política económica nacional observa con atención este escenario. El flujo de divisas que promete la cosecha es vital para sostener la estabilidad cambiaria y financiar importaciones esenciales. Sin embargo, si los márgenes de los productores se reducen demasiado, la capacidad de reinversión del sector puede verse comprometida. El agro argentino, históricamente motor de la economía, enfrenta así el desafío de transformar la abundancia productiva en sostenibilidad económica.