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El riesgo país se acopló a la volatilidad internacional y superó los 500 puntos: los factores locales que también empujan

Gonzalo Andrés Castillo

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La suba de las tasas largas también genera un incremento de los rendimientos reales a nivel global y provoca una corrección generalizada en las curvas de deuda. Argentina, por su elevada sensibilidad a los movimientos internacionales, amplifica ese comportamiento.

18 Agosto de 2026 18.21

El riesgo país argentino volvió a subir este martes y el movimiento encendió las alertas entre los inversores. Sin embargo, una lectura más detallada de la rueda sugiere que la presión sobre la deuda argentina respondió principalmente al contexto financiero internacional más que a un deterioro de los fundamentos locales. Sin embargo, el contexto doméstico no aporta drivers para compensar el mal clima global ni muhco menos para forzar una baja. La debilidad de la actividad económica y el impacto negativo que eso tiene sobre la imagen del Gobierno se ubica en el centro de las preocupaciones del mercado.

Pero lo cierto también es que el escenario externo se volvió particularmente adverso para los mercados emergentes. Las tasas largas de Estados Unidos volvieron a escalar y el rendimiento del Treasury a 30 años llegó a niveles cercanos al 5,3%, máximos desde 2007. A esto se sumaron una mayor aversión al riesgo, las tensiones geopolíticas y la presión sobre los precios de la energía.

La combinación genera un entorno especialmente complejo para los bonos soberanos. Cuando aumentan los rendimientos de los títulos estadounidenses de largo plazo, los inversores cuentan con una alternativa de menor riesgo que ofrece una rentabilidad más elevada. En consecuencia, los activos emergentes deben ofrecer un premio mayor para seguir siendo atractivos.

La suba de las tasas largas también genera un incremento de los rendimientos reales a nivel global y provoca una corrección generalizada en las curvas de deuda. Argentina, por su elevada sensibilidad a los movimientos internacionales, amplifica ese comportamiento.

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Argentina amplifica el movimiento global

El caso argentino resulta particularmente significativo porque los bonos soberanos tienen una volatilidad superior a la de otros mercados emergentes. Por eso, ante un shock global, la deuda argentina suele moverse con mayor intensidad que sus pares comparables.

El deterioro de los precios de los Globales se traduce automáticamente en un incremento del spread exigido por los inversores y, por esa vía, en una suba del riesgo país.

Pero esta vez el movimiento no parece estar acompañado por un cambio equivalente en las variables macroeconómicas domésticas. Las cuentas fiscales continúan mostrando una posición favorable, mientras que la inflación mantiene una trayectoria de desaceleración y el frente externo conserva señales de mejora.

Esta lectura coincide con el análisis de Juan Ignacio Alra, portfolio manager de One618. El especialista sostuvo que la reciente suba tiene un componente principalmente internacional y consideró que no se trata, por ahora, de un cambio estructural en la percepción sobre Argentina.

Por el momento, interpretamos este movimiento más como un fenómeno asociado al contexto internacional que como un cambio estructural en los fundamentals locales”, señaló Alra.

El analista agregó que hacia adelante el riesgo país continuará condicionado por la evolución de los mercados internacionales y el humor de los inversores. “No pareciera ser algo propio de la Argentina”, afirmó.

El desacople de los bonos genera dudas

Aunque el shock externo explica buena parte de la rueda, existe un elemento que el mercado viene siguiendo con atención: los bonos argentinos comenzaron a desacoplarse de sus pares emergentes semanas atrás.

Los Globales no solo corrigieron en las últimas jornadas, sino que en algunos casos devolvieron buena parte de las ganancias obtenidas después de las mejoras en las calificaciones crediticias del país. Lo llamativo es que este proceso no estuvo acompañado por la publicación de datos que implicaran un deterioro significativo de los fundamentos.

Por eso, además del escenario internacional, cobra fuerza la hipótesis de un repricing basado en expectativas y factores técnicos.

Alra ya había advertido sobre esta característica del mercado argentino. En otro análisis, sostuvo que el riesgo país puede responder más a las expectativas que a los fundamentals y que, en períodos de incertidumbre, diferentes señales pueden provocar fuertes movimientos en las cotizaciones.

¿Corrección transitoria o cambio de tendencia?

La pregunta central para los próximos días será si el deterioro de los bonos representa una corrección temporal producto del escenario internacional o si comienza a reflejar una reevaluación más profunda del riesgo argentino.

Por ahora, la estabilidad relativa del tipo de cambio constituye una señal importante. La presión se concentra principalmente sobre los bonos y las tasas, sin trasladarse con la misma intensidad al mercado cambiario.

En este sentido, la lectura de la jornada parece ser más financiera que macroeconómica. Argentina está sufriendo el impacto de un mundo con tasas más altas, mayor aversión al riesgo y mayor incertidumbre geopolítica, pero eso no implica necesariamente que el mercado haya modificado su visión sobre la dinámica fiscal, inflacionaria y externa del país.

El comportamiento de los próximos días será clave. Si las tasas internacionales comienzan a moderarse y mejora el apetito por riesgo, los bonos argentinos podrían recuperar parte del terreno perdido. Si, en cambio, el Treasury a largo plazo permanece elevado y persiste la búsqueda global de activos defensivos, el riesgo país podría continuar bajo presión aun cuando los fundamentals argentinos permanezcan relativamente sólidos.

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