Una pareja de mediana edad de Pensilvania había convivido durante más de una década. Compraron una casa juntos y compartieron otros bienes. Nunca se casaron. Creían que eso no les importaba. Pero después de que él muriera recientemente de cáncer y le dejara toda su herencia, sí importó. Y mucho.
Pensilvania integra el reducido grupo de estados que todavía cobra un impuesto sucesorio, un gravamen sobre las transferencias de una persona fallecida a sus herederos, con alícuotas que varían según la categoría del beneficiario. El estado exime las transferencias a cónyuges, pero no a parejas no casadas. Por eso, Pensilvania aplicó sobre todo lo que ella recibió la alícuota máxima estatal: 15%. La mujer, que pidió mantener su anonimato, quedó atónita.
Los estadounidenses dedican mucho tiempo a evaluar dónde vivir por razones fiscales. Estados como Florida y Texas atraen tanto a multimillonarios como a trabajadores comunes con la promesa de no cobrar impuesto estatal sobre la renta. Otros estados seducen a los adultos mayores con exenciones generosas sobre sus ingresos jubilatorios. Pero una pregunta recibe menos atención: ¿cuál es el lugar más caro de Estados Unidos para morir?
Con la exención federal del impuesto sucesorio para 2026 fijada en la generosa cifra de US$ 15 millones por persona (US$ 30 millones para un matrimonio), este gravamen federal afecta a poco más de una de cada mil sucesiones.
En cambio, los impuestos estatales sobre sucesiones y herencias, junto con los costos obligatorios de la administración patrimonial, pueden golpear con fuerza a familias con patrimonios mucho más modestos. Y como cada impuesto estatal funciona bajo sus propias reglas, muchas veces complejas, esos costos pueden convertirse en una sorpresa desagradable. Sin embargo, con información y planificación anticipada, por lo general se pueden reducir al mínimo.
Como muestra el mapa, 15 estados y Washington D. C. aplican impuestos a las sucesiones o a las herencias. Maryland cobra ambos. Por otro lado, otros cinco estados, incluidos California y Florida, que no tienen impuesto sucesorio estatal, imponen costos elevados para la sucesión testamentaria, es decir, para obtener la aprobación judicial, y/o exigen que la familia pague los honorarios de los abogados.
Acá te explicamos lo que tenés que saber sobre cómo funcionan los impuestos sucesorios estatales y cómo podés reducirlos, por ejemplo, mediante donaciones realizadas mucho antes de tu fallecimiento.
Impuesto sucesorio frente al impuesto a la herencia
Los impuestos estatales a las transferencias por fallecimiento adoptan dos modalidades. El impuesto sucesorio recae sobre la sucesión antes de la distribución de los bienes. En otras palabras, el estado grava la sucesión por todo lo que una persona deja, por encima de un monto exento, a cualquier beneficiario que no sea su cónyuge legal o una organización benéfica. Por lo general, la alícuota aumenta a medida que crece el tamaño de la sucesión.
El impuesto a la herencia recae técnicamente sobre el beneficiario, aunque un testamento puede establecer que lo pague la sucesión, y la alícuota depende de quién recibe el dinero. Al igual que con el impuesto sucesorio, lo que una persona deja a su cónyuge o a una organización benéfica, por lo general, no paga impuestos. Sin embargo, las herencias destinadas a un hijo, un hermano, un primo, un amigo o una pareja de hecho pueden recibir tratamientos fiscales muy distintos, incluso si todas las partes heredan la misma cantidad de dinero.
El impuesto sucesorio: 13 jurisdicciones
En 2026, Washington D. C. y 12 estados, Connecticut, Hawái, Illinois, Maine, Maryland, Massachusetts, Minnesota, Nueva York, Oregón, Rhode Island, Vermont y Washington, aplicarán un impuesto sucesorio. Las exenciones estatales varían considerablemente. Connecticut ató la suya a la exención federal, por lo que llegará a la importante cifra de US$ 15 millones por persona en 2026.
Sin embargo, todas las demás exenciones quedarán muy por debajo del umbral federal. El impuesto de Oregón se aplica a partir de US$ 1 millón, mientras que el de Massachusetts rige desde los US$ 2 millones. La exención del estado de Washington se ubica en US$ 3,076 millones, pero bajará a US$ 3 millones a partir del 1 de julio de 2026, con una nueva alícuota marginal máxima del 20%, en lugar del 35%. La exención de Illinois es de US$ 4 millones, mientras que las de Maryland y Vermont ascienden a US$ 5 millones.
Nueva York tiene una cláusula de exención fiscal con un límite, muchas veces denominado "precipicio". Las sucesiones exentas, de hasta US$ 7.350.000 para 2026, no pagan impuestos. Pero si el valor de la sucesión supera el 105% de la exención, el estado grava la totalidad de la sucesión desde el primer dólar. Esto significa que ser demasiado rico puede resultar muy caro en este estado.
Una familia podría quedar muy lejos de estar alcanzada por el impuesto sucesorio federal y, aun así, tener que pagar el impuesto sucesorio estatal. Vale recordar que el valor de una sucesión a efectos fiscales incluye todos los bienes del fallecido, incluso aquellos, como una cuenta jubilatoria, que podrían no estar contemplados en un testamento.
El impuesto a la herencia
Actualmente, solo cinco estados aplican impuestos a la herencia: Kentucky, Maryland, Nebraska, Nueva Jersey y Pensilvania. Iowa también tuvo durante mucho tiempo un impuesto a la herencia, pero lo eliminó para los fallecimientos ocurridos a partir del 1 de enero de 2025.
Pensilvania es, probablemente, el estado que más sorprende a las familias comunes. No existe una exención general en dólares para los beneficiarios alcanzados por el impuesto. Los cónyuges están exentos, al igual que los hijos menores de edad y los padres de un menor fallecido. Sin embargo, los hijos adultos y otros herederos directos, es decir, quienes integran la línea familiar directa, incluidos nietos, padres y abuelos, pagan el 4,5%; los hermanos, el 12%; y los demás beneficiarios, el 15%.
Nueva Jersey exime del impuesto a los cónyuges y a los parientes directos, que en este caso incluyen hijos, nietos, bisnietos, hijastros, padres y abuelos. Sin embargo, los hermanos, yernos y nueras solo reciben una exención de US$ 25.000 y tributan entre el 11% y el 16%. Para sobrinos, primos, amigos, parejas no casadas y personas sin parentesco, la exención asciende a apenas US$ 500 antes de que se aplique el impuesto.
En Kentucky, el estado exime a los parientes cercanos, cónyuge, padres, hijos, nietos y hermanos. Otros beneficiarios, como sobrinos, sobrinas, yernos y nueras, pagan impuestos después de una exención de US$ 1.000, con alícuotas de entre el 4% y el 16%. En cambio, los parientes más lejanos y las personas sin parentesco enfrentan alícuotas de hasta el 16% tras una exención de apenas US$ 500.
Nebraska aplica impuestos por categoría: los familiares cercanos pagan el 1% después de una exención de US$ 100.000; los tíos, tías, sobrinos y sobrinas pagan el 11% después de una exención de US$ 40.000; y los beneficiarios sin parentesco pagan el 15% después de una exención de US$ 25.000. Es posible que este impuesto de Nebraska esté a punto de desaparecer: los impulsores de un referéndum para derogarlo recolectan firmas para incluirlo en la boleta electoral de noviembre de 2026.
El unicornio del impuesto sucesorio: Maryland
Maryland es el único estado que aplica tanto un impuesto sucesorio como un impuesto a la herencia, y puede gravar los mismos fondos con ambos. Si un residente de Maryland muere con una sucesión imponible superior a la exención de US$ 5 millones, dicha sucesión puede quedar alcanzada por el impuesto sucesorio de Maryland. Luego, tras la distribución de los bienes, ciertos beneficiarios también pueden quedar sujetos al impuesto a la herencia de Maryland, que llega al 10%.
Maryland exime del impuesto a la herencia a cónyuges, hijos, nietos, padres, hermanos, yernos y nueras. Pero sí grava a otros familiares y herederos sin parentesco.
El problema de la doble imposición suele surgir cuando grandes sucesiones dejan bienes a sobrinos, primos, amigos, parejas no casadas o a beneficiarios sin parentesco. Por ejemplo, una sucesión de US$ 7 millones, destinada principalmente a una pareja no casada de muchos años, podría quedar alcanzada por el impuesto sucesorio de Maryland sobre el excedente de US$ 5 millones y, luego, por un impuesto a la herencia del 10% sobre lo que reciba la pareja. Un pequeño alivio: Maryland permite deducir el impuesto a la herencia adeudado del valor de la sucesión antes de calcular el impuesto sucesorio. ¿Clarísimo, no?
Tasas obligatorias: los gravámenes ocultos sobre la herencia
Aunque no exista impuesto sucesorio ni impuesto a la herencia, el gobierno todavía puede encarecer el proceso de morir.
Cuando una persona muere, su testamento o la ley estatal determinan la distribución de sus bienes. El proceso legal de contabilización y distribución de los bienes de la sucesión se conoce como sucesión testamentaria. Ciertos bienes, como las cuentas jubilatorias, no requieren este proceso si cuentan con beneficiarios individuales designados.
La mayoría de los estados mantiene la sucesión testamentaria como un proceso relativamente manejable. Otros, como Florida y California, que no cobran impuestos a la herencia, la convierten en una máquina de generar honorarios para los tribunales o los abogados locales.
Florida se destaca no solo porque la administración formal de la sucesión generalmente exige la participación de un abogado, sino también porque la ley estatal fija honorarios legales que define como "razonables" y que vincula, de manera similar a un impuesto, con el valor de la sucesión.
Así que, al final, "mudarse a Florida" no constituye una planificación patrimonial completa, sin importar lo que diga en Acción de Gracias tu tío jubilado en The Villages, un próspero paraíso para adultos mayores ubicado a 80 kilómetros al noroeste de Orlando y uno de los mejores lugares para jubilarse en 2026 según Forbes.
California, por su parte, aplica un elevado esquema de costos de sucesión testamentaria que toma como referencia el valor bruto de la sucesión: 4% sobre los primeros US$ 100.000, 3% sobre los siguientes US$ 100.000, 2% sobre los siguientes US$ 800.000, 1% sobre los siguientes US$ 9 millones y 0,5% sobre los siguientes US$ 15 millones.
Una sucesión de US$ 5 millones tendría que pagar US$ 63.000 en costos de sucesión testamentaria. Y eso no incluye honorarios extraordinarios adicionales. ¿Lo peor? La tasa se basa en el valor bruto, no en el patrimonio neto. Una casa con una hipoteca elevada o una empresa con mucha deuda aún pueden generar un costo testamentario considerable.
Si bien California no obliga técnicamente a contratar un abogado en todos los asuntos testamentarios, como sí ocurre en Florida, en general la familia necesita intervención legal, y California incorporó un elevado esquema de honorarios para abogados directamente en el código testamentario. De hecho, tanto el abogado como el albacea, persona designada por un juez para cumplir la última voluntad del fallecido, custodiar sus bienes y repartirlos entre los herederos, pueden recibir una compensación legal.
Arkansas, Missouri y Wyoming también tienen tablas o marcos legales de compensación para sucesiones testamentarias que pueden vincular los honorarios con el valor de la sucesión.
Con planificación anticipada, las familias que viven en estados como California pueden reducir los costos de la sucesión testamentaria mediante distintas estrategias, como transferir activos a fideicomisos revocables en vida, lo que permite mantenerlos fuera de la porción de la sucesión que debe atravesar el proceso testamentario.
Pero, salvo en los pocos casos excepcionalmente costosos o que requieren abogados que mencionamos, la sucesión testamentaria puede resultar rutinaria y tener costos razonables, especialmente cuando existe un testamento válido, los herederos cooperan y los activos son simples. Por lo tanto, aunque la planificación siempre resulta prudente, no hace falta invertir enormes cantidades de tiempo y dinero para evitar la sucesión testamentaria a cualquier costo.
Desconfiá de los consejos generalizados que insisten en que todos, en todos los estados, deben transferir todos sus activos a un fideicomiso revocable. Un cambio de titularidad de los bienes mal coordinado puede generar problemas administrativos, dificultades para refinanciar y posibles conflictos con las exenciones del impuesto inmobiliario u otros beneficios específicos de cada estado. Un fideicomiso revocable puede resultar útil, pero su conveniencia depende del Estado, los activos y los objetivos de la familia.
Soluciones: mudanzas y donaciones
Una forma obvia de evitar el impuesto sucesorio estatal consiste en mudarse, es decir, cambiar de domicilio fiscal. Pero la mudanza debe ser real. Los estados más estrictos, como Nueva York, pueden revisar los registros de votación, las licencias de conducir y el tiempo que la persona residió en cada estado, especialmente cuando hay mucho dinero en juego.
¿No querés mudarte? Entonces, hacer donaciones en vida, si las estructurás correctamente, constituye la forma más sencilla de reducir tu exposición a los impuestos sucesorios estatales y a los impuestos a la herencia.
Primero, un poco de contexto. El impuesto federal a las donaciones y el impuesto sucesorio federal forman parte de un sistema unificado. La idea es sencilla: los contribuyentes no deberían evitar el impuesto sucesorio simplemente donando bienes justo antes de morir. Por eso, las donaciones en vida sujetas a impuestos y las transferencias al momento del fallecimiento quedan vinculadas a la misma exención de US$ 15 millones para 2026, que se ajustará por inflación.
Pero el sistema federal también permite una exclusión anual para donaciones que no se computa dentro de esos US$ 15 millones: en 2026, podés donar US$ 19.000 a tantas personas como quieras. Un matrimonio puede donar US$ 38.000 por persona. Si superás el límite de exclusión, podés evitar el impuesto a las donaciones reduciendo la exención vitalicia. Así, si ya usaste US$ 5 millones de la exención vitalicia en donaciones sujetas a impuestos, solo te quedan US$ 10 millones de exención. En la práctica, esto significa que la mayoría de las personas nunca paga el impuesto federal a las donaciones.
Acá está la clave. La mayoría de los estados, incluidos aquellos que tienen sus propios impuestos sucesorios y a la herencia, no cobran impuestos a las donaciones. Connecticut es la excepción. Es el único estado con un impuesto a las donaciones independiente, vinculado al monto de la exención federal.
Si bien no cobran impuestos a las donaciones propiamente dichas, algunos estados sí gravan las donaciones realizadas en el lecho de muerte. Pensilvania, por ejemplo, por lo general incluye las donaciones hechas dentro del año anterior al fallecimiento dentro de la sucesión a los efectos del impuesto a la herencia. Minnesota, a los efectos de su impuesto sucesorio, aplica una regla similar de recuperación de tres años para ciertas donaciones sujetas a impuestos. Estas reglas buscan evitar que las transferencias de último momento eludan los impuestos sucesorios estatales.
Cuando una donación se realiza con fines fiscales, por lo general debe calificarse como una "donación consumada", es decir, una cesión efectiva del bien. Esto significa que el donante renunció al control sobre la propiedad y ya no conserva la facultad de recuperarla, modificar quién se beneficia de ella ni decidir su uso. Transferir bienes a un fideicomiso irrevocable debidamente constituido constituye una donación consumada, pero transferir activos a un fideicomiso revocable no lo es y no los excluye de la sucesión sujeta a impuestos.
Algunas advertencias
A nadie le gusta pagar impuestos. Pero siempre conviene considerar el panorama completo. Intentar minimizar el impuesto sucesorio estatal o el impuesto a la herencia, por ejemplo, mediante una reducción artificial del valor de los activos, como usar el límite inferior de una tasación inmobiliaria en la declaración del impuesto sucesorio o del impuesto a la herencia, puede resultar contraproducente en materia de impuestos sobre las ganancias de capital.
Los activos heredados, por lo general, se actualizan en su base fiscal hasta alcanzar el valor justo de mercado al momento del fallecimiento. Subvaluar activos con una base actualizada para ahorrar un impuesto sucesorio relativamente modesto puede dejar a los herederos con una base mucho menor y una factura más alta de impuestos sobre las ganancias de capital cuando finalmente vendan el activo.
La alícuota federal sobre las ganancias de capital de largo plazo actualmente llega al 20%, más el impuesto del 3,8% sobre los ingresos netos por inversiones para los contribuyentes de mayores ingresos, antes de sumar cualquier impuesto estatal sobre las ganancias de capital. En estados como Pensilvania, donde las transferencias al cónyuge sobreviviente están exentas y las transferencias a los hijos tributan apenas el 4,5%, pagar por adelantado un pequeño impuesto a la herencia puede generar un resultado fiscal de largo plazo mucho mejor.
El impuesto sucesorio federal no representa una preocupación para la mayoría de las familias. En 2026, con una exención de US$ 15 millones y solo una pequeña fracción de las sucesiones alcanzadas por este gravamen, seguirá siendo, sobre todo, un problema para personas con patrimonios muy elevados. Sin embargo, la situación a nivel estatal puede ser más compleja y afectar a muchas más familias.
Benjamin Franklin escribió su famosa frase: nada es seguro, excepto la muerte y los impuestos. En 2026, el lugar donde mueras podría determinar hasta qué punto chocan esas dos certezas.
*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.