El affaire INDEC interrumpió la luna de miel de Milei y Caputo con el mercado y abre la puerta a mayores reclamos salariales
La medición de inflación es el termómetro más sensible de la economía no sólo por por los: el historial de manipulación estadística resugre con fuerza cuando el INDEC queda envuelto en polémicas

El daño no es, por el momento, irreversible pero sí perceptible. Cuando todo el mercado estaba prestando atención a la baja del riesgo país y la oportunidad de una ventana que se abría para que el Gobierno colocara deuda -y así terminara de despejar dudas respecto de la disponibilidad de dólares para pagar- , el riesgo país rebotó y las acciones argentinas en Wall Street tuvieron caídas profundas. En medio de un volátil contexto internacional, la intempestiva renuncia de titular del INDEC, Marco Lavagna, por diferencias respecto de la publicación del nuevo IPC, con una canasta actualizada para la medición, interrumpió la luna de miel del Gobierno con el mercado. 

La Bolsa local cayó por segunda rueda consecutiva, acumulando una baja mayor al 5% mientras que en Wall Street, en algunos casos por diferentes motivos como el caso Globant (-13%), el denominador común fue el rojo. Lo mismo para los bonos de la deuda, que si bien no derraparon, volvieron a ubicar al riesgo país en los 500 pb, piso que habia perforado la semana pasada. 

La medición de inflación, cuya actualización iba a ser publicada la semana que viene con el índice de enero, es uno de los termómetros más sensibles para la economía. No sólo por el elemental monitoreo de precios, cuya estabilización es el principal logro del actual gobierno, sino porque de él también desprenden otras estadísticas que permiten a la sociedad medir su nivel de conformidad con una gestión, cualquiera sea. Por caso, la medición de pobreza. También porque se usa para actualizar jubilaciones y el salario mínimo, amén de que es la referencia en la negociación de paritarias. Para el mercado financiero específicamente, están los bonos que ajustan por CER, el coeficiente que captura la inflación, con lo cual si el dato es más los inversores ganan más y al revés si es más bajo. Las dudas sobre el índice no son inocuoas. Mucho menos con el pesado historial de manipulación durante la era kirchnerista. 

En ese sentido, reina la confusión en el mercado. Si bien existe una diferencia entre la medición con la canasta actualizada y la vigente, lo cierto es que la diferencia en el resultado final es marginal y no justifica el riesgo ni los costos de la decisión de no publicar el índice anunciado. Aun cuando el ministro de Economía, Luis Caputo, esgrima un argumento válido respecto de la normalización definitiva de los precios relativos, proceso que aún no termina (el ajuste de tarifas), lo cierto es que cumplir con lo comprometido es prácticamente inocuo en términos económicos y altamente beneficioso en la construcción de reputación y credibilidad.  @@FIGURE@@

A menos que, señala el economista Juan Manuel Telechea, exista un temor oficial a un reveredecer de reclamos salariales que atenten contra el proceso de desinflación. Esto porque, “para atrás, la nueva metodología implica reconoer una caída mayor del poder adquisitivo”, particulamente por la diferencia de más de 15 puntos entre ambos índices para 2024, cuando la inflación fue de 118% pero medida con el  nuevoíndice hubiera arrojado 135% en los doce meses. “Eso podría gatillar una demanda salarial mayor”, afirma. 

Hacia adelante, en tanto, el propio Caputo anunció que las tarifas subirán por encima de la inflación, lo que ante una mayor ponderación, tendrá mayor impacto, lo que implicará un índice más alto. En ese punto, el mayor temor del Gobierno es que la sociedad perciba que el proceso de baja de inflación “se estancó” o, peor aún, fracasó. De ahí la explicación de Caputo respecto a esperar a finalizar -¿en 2027?- la corrección de tarifas y eliminación de los subsidios energéticos.