En la última licitación, el Tesoro profundizó su estrategia de extender la duration de su deuda en pesos y correr vencimientos hacia 2028 y 2029. Detrás de este movimiento no hay sólo una cuestión técnica, sino una decisión de manejo financiero con fuerte contenido político y macroeconómico, orientada a mejorar el perfil de vencimientos en los próximos años.
El eje central de la estrategia pasa por 2027. Cuanto menos deuda venza en ese año, menor será el riesgo de enfrentar tensiones de refinanciamiento en un contexto potencialmente adverso, marcado por el calendario electoral. En otras palabras, el Gobierno busca llegar a ese período con un esquema de obligaciones más liviano, reduciendo la dependencia del mercado en un momento históricamente sensible.
Para lograrlo, el Tesoro está aprovechando un factor clave del presente: la abundante liquidez en pesos dentro del sistema financiero. Ese excedente le permite colocar deuda a plazos más largos y, en muchos casos, a tasas relativamente más bajas que las que hubiera tenido que convalidar en un escenario de menor disponibilidad de fondos.
En la última licitación, se colocaron instrumentos indexados que estiran los vencimientos varios años hacia adelante, como bonos CER con vencimiento en septiembre de 2028 a una TIR de 8,41%, títulos TAMAR a agosto de 2028 con un margen de +6,90% y bonos duales CER/TAMAR +3% con vencimiento en junio de 2029 a una TIR de 7,31%. La señal es consistente: priorizar el alargamiento de plazos incluso a costa de asumir ciertos compromisos futuros.
Este enfoque implica un trade-off. Al extender duration mediante instrumentos indexados, el Estado incrementa su exposición a variables como la inflación (en el caso de los bonos CER) y a la evolución de tasas (en el caso de TAMAR). Es decir, traslada parte del riesgo hacia adelante. Sin embargo, a cambio obtiene mayor margen operativo en el corto plazo y reduce significativamente la presión sobre el rollover en los próximos años.
Los resultados de la licitación respaldan esta estrategia. El Ministerio de Economía adjudicó $8,11 billones, alcanzando una tasa de renovación superior al 102%. Esto no sólo permitió refinanciar la totalidad de los vencimientos, sino también captar financiamiento adicional, en un contexto de demanda sostenida por instrumentos en pesos.
En paralelo, el comportamiento del mercado refleja una progresiva normalización de la curva de rendimientos. A medida que se consolidan las expectativas y se mantiene el apetito por activos en moneda local, el Tesoro encuentra espacio para alargar plazos sin convalidar tasas excesivamente elevadas. No obstante, en esta última subasta debió aceptar algunos puntos básicos adicionales en el tramo largo para sostener esa dinámica.
Los indicadores de duration muestran con claridad este cambio de enfoque. El plazo promedio de las colocaciones se ubicó en torno a los 293 días en una medición y alcanzó los 385 días en otra, en línea con los 405 días registrados en la licitación previa. Más allá de estas diferencias metodológicas, la tendencia es clara: el promedio supera el año y confirma la intención oficial de despejar el corto plazo.
En este contexto, los analistas destacan la relevancia de la estrategia. “Este movimiento es clave porque permite aprovechar la actual firmeza de las curvas para fijar condiciones de financiamiento de largo plazo, reduciendo la dependencia del financiamiento de corto plazo. En particular, la demanda por el nuevo bono dual CER/TAMAR a 2029 demostró que el mercado valora las cláusulas de protección en plazos que exceden el mandato actual”, señaló Eric Ritondale, economista jefe en Puente.
El especialista también remarcó el impacto de las operaciones complementarias sobre el perfil de deuda: “Por otro lado, el resultado de los canjes de deuda hacia 2028 y 2031 refuerza la sostenibilidad del perfil de vencimientos, despejando compromisos de corto plazo en instrumentos que estaban en manos de entes públicos y grandes inversores. En definitiva, la licitación confirma que el Tesoro mantiene el control de la dinámica monetaria, apoyado en una posición de caja robusta y en una demanda institucional que, ante la escasez de alternativas en moneda local, sigue volcándose hacia los instrumentos soberanos con mayor duration”.
En la misma línea, Justina Gedikian, estratega de bonos en Cohen Aliados Financieros, sintetizó el objetivo de fondo: “Menos rollover en 2027 significa menos riesgo de refinanciación en pleno ciclo electoral. Mientras la liquidez en pesos lo permita, el Tesoro va a seguir empujando plazos hacia adelante y comprimiendo tasas”.