El proceso de desinflación comenzó a modificar la dinámica de la economía argentina y, especialmente, las decisiones financieras de hogares, empresas e inversores.
El INDEC anunció que el IPC avanzó un 1,7% en agosto tras haber subido un 2,1% en julio. De esta manera, se confirma que los precios de la economía real siguen aumentando, pero a un ritmo menor al estimado anteriormente.
El proceso de enfriamiento tiene consecuencias que van más allá del número mensual de inflación. Una menor velocidad de aumento de los precios mejora la previsibilidad, permite extender los horizontes de planificación y modifica la relación entre el ahorro en pesos, las tasas de interés y las alternativas de cobertura frente al dólar.
Julián Colombo, director de Bitso para Sudamérica, consideró que el dato de agosto fue determinante para evaluar la trayectoria de los precios. "El dato de inflación de agosto fue relevante para entender que el 2,1% de julio, que rompió con una tendencia a la baja de tres meses, fue una interrupción puntual dentro del proceso de desaceleración", señaló.
Para el ejecutivo, el impacto sobre el mercado estará especialmente vinculado con las decisiones de ahorro e inversión. "Si la inflación sigue bajando, reforzaría la perspectiva de una mayor estabilidad nominal, pondría nuevamente en discusión el nivel de las tasas reales y desplazaría el foco hacia la posibilidad de definir estrategias de inversión con un horizonte más largo", explicó.
"Si, por el contrario, hubiese registrado un nuevo aumento mensual, el mercado probablemente habría adoptado una posición más cautelosa respecto de la velocidad con la que puede continuar la desinflación y habría aumentado la demanda por distintas alternativas de cobertura", agregó.
Las expectativas apuntan, por ahora, a una continuación de la mejora. Facundo Beltramone, economista en la Fundación Libertad, sostuvo que la reducción de la inflación seguirá siendo una variable central para la economía y también para el escenario político.
"La baja sostenida de la inflación fue el principal activo político del Gobierno durante el primer tramo del mandato, especialmente hasta mayo de 2025, y volverá a ser una variable crítica si pretende llegar al proceso electoral de 2027 con una recomposición del nivel de actividad apoyada en la recuperación del salario real", indicó el especialista.
Sin embargo, advirtió que el camino hacia una inflación significativamente menor estuvo condicionado por la necesidad de recomponer precios relativos. Desde comienzos de 2024, los bienes aumentaron cerca de 190%, mientras que la inflación núcleo acumuló una suba de 222%. En el mismo período, los servicios treparon alrededor de 415% y los precios regulados, 416%.
Esta diferencia ayuda a explicar por qué la desinflación no tuvo el mismo impacto en todos los sectores. La recomposición de precios relativos modificó rentabilidades e incentivos y contribuyó a generar trayectorias económicas diferentes entre actividades como minería, energía, comercio e industria. También existen fuertes diferencias regionales, como las que separan a Neuquén del AMBA.
Hacia adelante, uno de los principales obstáculos será la indexación. Beltramone señaló que las jubilaciones se actualizan con el IPC de dos meses atrás, mientras que el techo de la banda cambiaria también incorpora inflación pasada con rezago. A esto se suma que parte de los precios regulados continúa ajustándose sobre parámetros retrospectivos.
"A medida que la inflación baja, estos mecanismos ganan peso relativo y pueden hacer más difícil perforar de manera sostenida el 1% mensual", explicó.
El REM espera, de hecho, una inflación cercana al 1,5% mensual hacia fin de año. Alcanzar ese nivel implicaría una nueva etapa para la economía argentina: una en la que la discusión dejaría de concentrarse exclusivamente en cómo contener la inflación y pasaría a centrarse en cómo aprovechar la estabilidad para recuperar crédito, consumo, inversión y crecimiento.